Tras años de intervención estatal en el mercado del trigo, el Gobierno dejó de establecer saldos exportables y los molineros alertaron sobre el riesgo de quedarse sin cereal.
A fines de abril la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) advirtió que, pese a una supercosecha, no conseguía granos porque casi todo se destinaba a la exportación.
LA MOLIENDA DE TRIGO EN ARGENTINA
Los datos oficiales ofrecen una lectura distinta: según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGYP), la molienda total de trigo entre diciembre de 2025 y septiembre de 2026 alcanzó 5.633.125 toneladas.
Ese volumen constituye el mayor registro para ese período en al menos 12 campañas y cuestiona la percepción de escasez en la cadena de molienda.
La campaña 2025/26 cerró con una producción récord de 27,9 millones de toneladas sobre una superficie sembrada de 6,97 millones de hectáreas.
Estos números sitúan la molienda en su mejor nivel de más de una década y muestran disponibilidad para atender tanto el mercado interno como la demanda externa.
En términos relativos, la molienda registrada implica un incremento de 2,8 % respecto del mismo periodo de la campaña anterior y se ubica 8,2 % por encima del promedio de los últimos 10 años.
Ese desempeño sugiere que la liberalización parcial del comercio no derivó en faltantes de harina durante 2026, al menos sobre la base de estos datos.
Especialistas y actores de la cadena atribuyen la mejora productiva a mejores prácticas agrícolas, mayor adopción tecnológica y condiciones climáticas favorables durante la campaña.
No obstante, advierten que la sostenibilidad del salto productivo depende del acceso a insumos, la rotación de cultivos y la logística de comercialización.
LAS EXPORTACIONES DE TRIGO
El comercio exterior acompañó la cosecha: las exportaciones de trigo para la campaña 2025/26 proyectadas alcanzan 18,5 millones de toneladas, con embarques acumulados a septiembre por 15,94 millones de toneladas.
Esos envíos aportan evidencia de que la oferta doméstica permitió simultáneamente atender el consumo interno y mantener el ritmo exportador.
Además, las exportaciones de harina de trigo mostraron recuperación y entre diciembre de 2025 y septiembre de 2026 se embarcaron cerca de 450.000 toneladas.
Ese volumen implicó un aumento del 14 % respecto del mismo periodo del año anterior y del 27 % frente al promedio de las últimas cuatro campañas.
La mayor salida de productos con valor agregado favorece márgenes industriales y posicionamiento de proveedores argentinos en mercados internacionales.
Al mismo tiempo genera divisas y oportunidades de empleo en la cadena molinera y sus servicios asociados.
Para la campaña 2026/27 se estima una superficie sembrada menor, en torno a 6,6 millones de hectáreas, y una cosecha que volvería a superar los 20 millones de toneladas.
Ese escenario obliga a seguir de cerca la evolución climática y las decisiones de siembra que definirán el abastecimiento futuro.
Los desafíos no son sólo productivos: mejorar la infraestructura de almacenaje, la eficiencia portuaria y la logística postcosecha sigue siendo crucial para capturar valor y reducir pérdidas.
Si no se avanzan reformas en esos frentes, buena parte de la ganancia productiva podría perderse antes de convertirse en beneficio para productores y consumidores.
En la arena pública, la discusión sobre eventuales restricciones a las exportaciones reaparecerá si hay subas de precios internos o señales de tensión en suministros, a pesar de los datos actuales.
Por eso resulta esencial que la toma de decisiones esté basada en información actualizada y en diálogo con todos los eslabones de la cadena alimentaria.
En síntesis, la campaña 2025/26 dejó una combinación de producción récord, molienda en su mejor nivel de la última década y exportaciones robustas que, por ahora, desactivaron el temor a faltantes.
Lo que viene a partir de ahora depende de la gestión de la cadena, las condiciones climáticas y la capacidad del sector público y privado para consolidar la competitividad.


