Seis de cada diez empresas del sector agropecuario recurrieron a crédito para financiar sus operaciones

Este mes, 63,5% de las compañías relevadas por el Tasómetro Satower, un informe del sector, necesitó crédito: 49,2% lo gestionó y consiguió, mientras que otro 14,3% no llegó a gestionarlo

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El acceso al crédito ya condiciona decisiones clave en las empresas agropecuarias y la última medición del Tasómetro Satower lo confirma: 63,5 % de las compañías relevadas necesitó financiamiento este mes, de las cuales 49,2 % gestionó y consiguió crédito mientras que 14,3 % no llegó a gestionarlo. Esta demanda real de fondos convive con cautela, porque la decisión de tomar crédito depende hoy tanto del acceso como del costo del dinero.

En paralelo, 41,3 % de las empresas admitió haber postergado al menos una decisión por el costo del dinero o por dificultades para acceder al crédito, y las más afectadas fueron las vinculadas con maquinaria y la campaña en curso. Ese aplazamiento no aparece en los balances, pero representa pérdida de productividad y oportunidades para la renta del negocio.

El índice de acceso al crédito quedó en terreno apenas positivo, con un saldo de 1,6 puntos, y en promedio las empresas tienen financiado 38,1 % de la campaña. Ese mix refleja un sector que sigue recurriendo al financiamiento pero evalúa con más cuidado si conviene o no endeudarse.

Financiarse con tasas por arriba de lo esperado o deseado tiene un costo, y no financiarse también“, dice Hernán Satorre, socio de Satower y consultor en finanzas de empresas agropecuarias familiares. Satorre advierte que cuatro de cada diez empresas postergaron decisiones que afectan productividad, eficiencia o renta y que esos efectos no suelen registrarse en un estado contable.

Satorre añade que hoy “la mejor garantía de una empresa agropecuaria no es la tierra: es tener los números en orden y la carpeta lista”, y subraya que 60,7 % de las operaciones del panel se cerraron a sola firma, sin garantía real. Ese dato muestra cómo el crédito se está moviendo más por confianza en la gestión que por avales físicos.

El informe plantea un riesgo a seguir: si aumenta la proporción de campaña financiada sin que, a su vez, mejore la percepción sobre la facilidad de acceso al crédito, el resultado podría ser más endeudamiento sin mejores condiciones. Esa dinámica podría agravar la vulnerabilidad financiera de negocios con menor resiliencia ante subas de tasa o choques de precios.

Qué pasó con el crédito según actividad

La necesidad de financiamiento no es homogénea y cambia según los ciclos productivos: entre las empresas de agricultura extensiva 70,8 % necesitó crédito y 29,2 % postergó decisiones, mientras que en invernada o feedlot las proporciones fueron 60 % y 40 % respectivamente. Estas diferencias responden a la velocidad de rotación del capital y a momentos de la campaña en cada rubro.

En tambo, 60 % requirió financiamiento y 70 % demoró alguna decisión, en tanto que en cría la totalidad de los relevados —100 %— declaró haber necesitado crédito y la mitad postergó decisiones. La posibilidad de generar ingresos mensuales en tambo permite cierta flexibilidad temporal que no tiene la cría, con ciclos más largos.

También varía la proporción de empresas que finalmente tomó una operación financiera: en agricultura extensiva fue 33,3 %, en invernada o feedlot 53,3 %, en tambo 50 % y en cría 87,5 %. Esa heterogeneidad confirma que no existe “una tasa del campo” sino múltiples costos y condiciones según destino y garantías.

El relevamiento se efectuó sobre 63 empresas que en conjunto representan 189.000 hectáreas, con una superficie promedio de 3.047 hectáreas, y el 73 % de las respuestas provino de dueños, socios o directores. Esa muestra concentra la mayor parte de las respuestas en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, lo que condiciona las lecturas regionales.

En cuanto a planes de inversión, 36,5 % de las empresas proyecta invertir más en los próximos meses, 38,1 % mantendrá el mismo nivel y 25,4 % piensa reducir inversión, resultando un saldo neto positivo de 11,1 puntos. Esa expectativa, aunque favorable en términos netos, convive con la prudencia por el costo del financiamiento y la incertidumbre macroeconómica.

La composición geográfica del panel muestra a Buenos Aires con 65,1 % de las respuestas, seguida por Córdoba con 11,1 % y Santa Fe con 9,5 %, mientras que por actividad el panel está integrado por 38,1 % de agricultura extensiva, 23,8 % de invernada o feedlot, 15,9 % de tambo y 12,7 % de cría. Esa estructura explica en parte por qué ciertas necesidades de crédito y decisiones de inversión aparecen con mayor intensidad en el relevamiento.

La lectura política y de mercado es clara: el financiamiento sigue siendo una herramienta necesaria pero con costos y riesgos que las empresas miden con detalle antes de asumir. Para los actores del sector, la clave será mejorar la transparencia financiera de los productores y ampliar fuentes de crédito con condiciones que permitan invertir sin comprometer la sostenibilidad del negocio.

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