El reciente Congreso Internacional de Drones celebrado en Tucumán puso en foco una discusión que ya atraviesa a organismos como el INTA, el Senasa y la ANAC, y que ahora suma intensidad ante un posible año húmedo por El Niño.
La cuestión es práctica y económica: cuando el ingreso al lote se vuelve imposible con maquinaria tradicional, los drones aparecen como una alternativa para no perder la ventana de tratamiento.
Más allá del interés tecnológico, la discusión que se abrió en Tucumán cuestiona la idea de que comprar el equipo alcanza para resolver los problemas agronómicos.
Operar un dron con eficacia exige conocimientos sobre formulación, calibración y logística de campo que influirán directamente en rendimiento y costos.
Según especialistas, la diferencia entre aplicar a tiempo o esperar a que se sequen los suelos puede traducirse en pérdidas que no siempre son evidentes de forma inmediata.
Una maleza que crece unas semanas más o una enfermedad que avanza sin control puede comprometer la formación y llenado del grano, y con ello el resultado económico de la campaña.
El boom de los drones
Empresas del sector como Bidcom Agro y técnicos del CONICET remarcan que volar un sistema autónomo es relativamente sencillo, pero que la agronomía detrás es compleja y determinante.
Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro, advirtió que “no alcanza con comprar, cargar y despegar”: la configuración de parámetros y la calidad de la mezcla son críticos para el éxito.
La ventaja principal es la posibilidad de ingresar en la ventana óptima de aplicación, independientemente de la transitabilidad del lote, lo que puede marcar la diferencia en eficacia de control.
Además, el uso de drones evita el pisoteo de la maquinaria terrestre y reduce riesgos de compactación y huellas en suelos húmedos, factores que suelen traducirse en pérdidas de rendimiento.
En aplicaciones terrestres, el pisoteo puede generar pérdidas de entre 2 % y 4 % según condiciones de trabajo, una cifra relevante para márgenes ajustados.
Otro dato revelador del mercado indica que el parque de drones agrícolas habría pasado de alrededor de 100 equipos en 2023 a casi 3.000 en 2026, según fuentes del sector.
Errores que hay que evitar
Entrar al lote con un dron no garantiza una buena aplicación si no se cuida la preparación de la mezcla, la calibración y la elección de coadyuvantes adecuados.
Al trabajar desde tres o cuatro metros de altura, la física de la gota y las condiciones ambientales influyen mucho más que en una pulverizadora terrestre, por lo que la deriva y la estabilidad del caldo son riesgos reales.
Uno de los errores frecuentes es trasladar la misma receta de una pulverizadora a un dron sin ajustar diluciones y dosis, lo que puede aumentar casos de fitotoxicidad por sobresaturación.
Por eso, la calibración precisa y el uso de aditivos que den estabilidad a la gota son pasos que no pueden omitirse en la transición a esta tecnología.
La oportunidad de aplicar a tiempo es también una cuestión de gestión: un tratamiento postergado puede reducir la eficacia de insecticidas y fungicidas y afectar directamente el rendimiento final.
En barbechos y con preemergentes, la demora puede significar estar tarde para controlar malezas o para no condicionar la fecha de siembra, afectando la campaña siguiente.
Capacitación y logística: la receta completa
Bidcom Agro y otros actores del mercado proponen pensar al dron como parte de un sistema de aplicación que incluye agua, agitación, baterías y logística de carga.
La compañía ofrece la DJI Academy, un programa con contenidos teóricos y prácticos que abarca desde especificaciones del equipo hasta seguridad operacional y destrezas de vuelo.
Otra alternativa para quien no quiere incorporar la máquina es contratar servicios especializados: los prestadores están en expansión y permiten probar la tecnología antes de invertir.
En la decisión de compra también pesan modelos y financiamiento: Bidcom comercializa modelos como T55, T70 y T100 y ofrece opciones de financiación, acuerdos bancarios y canje de granos.
La empresa señala que sus ventas se reparte por igual entre productores y prestadores de servicios, un indicador de que el modelo de negocio todavía está en formación.
Además, aconsejan verificar las exigencias regulatorias provinciales antes de operar, ya que la normativa y la certificación son parte de la ecuación de uso seguro y legal.
La conclusión de especialistas como Fernández Koller es clara: el potencial de los drones es grande, pero su aporte real depende de la capacitación del operador y del ajuste agronómico de cada tratamiento.
Para los técnicos y productores, la recomendación central es entender el dron como una herramienta dentro de un sistema y priorizar la ventana de aplicación sin resignar la calidad de aplicación.



