La otra cara de la recuperación parcial de la actividad avícola es la pérdida de mercados de mayor valor para la carne y los subproductos argentinos. Destinos como China, la Unión Europea y Chile —que exigen normas sanitarias más estrictas pero pagan mejores precios— siguen cerrados desde los últimos episodios de influenza aviar registrados en aves de corral en el país. El 27 de este mes vence el plazo sanitario que permite a la Argentina autodeclararse libre de la enfermedad ante la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA); esa declaración abre la vía a negociaciones bilaterales para la reapertura de mercados.
A pocos días de la posible autoproclamación como territorio libre de influenza aviar, la cadena avícola advirtió sobre la fragilidad de la rentabilidad a mediano plazo. Las estadísticas oficiales muestran que, durante el último año, las exportaciones se mantuvieron gracias a un reorientado comercial hacia destinos de menor poder adquisitivo. Africa, partes de Asia y Medio Oriente hoy absorben la mayor parte de los envíos: ese esquema preserva volúmenes pero reduce precios y aprieta márgenes.
“El país no logró recuperar plazas como China, el mercado europeo ni Chile desde agosto de 2025”, señaló Francisco Legname, responsable del área internacional del Grupo GTA (Granja Tres Arroyos). En 2025, GTA y sus firmas asociadas concentraron alrededor del 35% de las ventas externas argentinas del sector avícola.
El procedimiento que ejecuta el Senasa ante la OMSA se apoya en el cumplimiento del período de 28 días exigido desde la finalización de las labores de desinfección y control en el último foco detectado en establecimientos comerciales. Recuperar ese estatus es condición necesaria para empezar a gestionar la reapertura de mercados de mayor valor, muchos de los cuales quedaron restringidos desde el brote inicial de 2023.
En el país también se reportaron contagios en aves de traspatio, un patrón que las autoridades distinguen de los episodios en granjas comerciales.
Según el Senasa, las negociaciones para volver a ingresar a mercados cerrados se activan una vez que se da por finalizado el último foco comercial. La pérdida del estatus sanitario ocurre cuando se confirman casos en granjas avícolas, como sucedió recientemente en Ranchos y Bolívar (provincia de Buenos Aires) y en Alejo Ledesma (provincia de Córdoba).
Cabe recordar que la Argentina había comenzado a recuperar puestos de venta externa durante 2024 y 2025, con reaperturas parciales en destinos relevantes. Sin embargo, el brote de 2025 interrumpió esos avances: incluso la Unión Europea, que había autorizado la entrada de pollo argentino desde marzo de 2026 tras reconocer una mejora del estatus, sufrió nuevos retrocesos.
La dependencia actual de mercados con menor capacidad de pago agrega vulnerabilidad al comercio exterior avícola. Estos destinos suelen ser más inestables, con condiciones comerciales cambiantes y, en algunos casos, complicaciones logísticas ligadas a la geopolítica regional. En conjunto, ello hace que el flujo comercial sea menos previsible y menos rentable, aun cuando las exportaciones no estén totalmente paralizadas.
Desde Senasa aclararon además que la detección de casos en aves de traspatio —como el hallado hace unos días en Río Negro— no altera el trámite de autodeclaración ni el estatus que la OMSA considera para el comercio internacional.
Las patas de pollo eran un producto que habitualmente tenía a China como destino principal; tras los brotes, esos envíos se redujeron significativamente.
Regionalización
Los datos de comercio exterior del primer trimestre de 2026 muestran una fuerte concentración en destinos que aceptan la regionalización sanitaria o que mantienen acuerdos comerciales específicos con la Argentina. Entre enero y marzo se exportaron 11.816.396 kilos de productos avícolas. De ese total, el 43,16% fue hacia mercados asiáticos (unos 5,1 millones de kilos) y África representó otro bloque importante: Gambia se ubicó como comprador individual más relevante, con el 19,64% del volumen (2,3 millones de kilos).
Autoridades y representantes del sector coinciden en que la reapertura no es automática: cada país deberá validar nuevamente las condiciones sanitarias y los plazos pueden extenderse por meses. Recuperar el estatus sanitario será un prerrequisito para recuperar competitividad, pero el desafío real será volver a ganar espacios en los mercados que pagan mejores precios, donde se define la rentabilidad del sector.
La operativa hacia el Golfo Pérsico enfrenta dificultades logísticas vinculadas al contexto geopolítico de la región. En el trimestre analizado, las exportaciones a la Unión Europea se limitaron mayormente a productos procesados o cocidos, con volúmenes reducidos hacia el Reino Unido (149.938 kg), Holanda (117.600 kg) y Alemania (120.025 kg).
La actual estructura de ventas externas también incluye destinos en Medio Oriente —principalmente Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita— y algunos mercados en América, como Brasil y Aruba.
Los plazos efectivos de reapertura dependen de los trámites administrativos de cada bloque económico; como antecedente, la Unión Europea ha llegado a demorar hasta seis meses en reconocer la recuperación del estatus sanitario tras episodios anteriores de influenza aviar. Si no se confirman nuevos focos en establecimientos comerciales antes de la fecha límite, la Argentina podría encarar mayo con el aval técnico necesario para intentar normalizar su posicionamiento en el mercado internacional.
Tras la crisis sanitaria surgieron mercados de menor impacto económico que ayudaron a sostener el flujo comercial y la estructura productiva.
La restricción a destinos con menor poder adquisitivo afecta el precio promedio de la tonelada exportada. Hoy la continuidad del comercio depende de la flexibilidad de los protocolos sanitarios que aplican países como Vietnam, Singapur y varias naciones africanas, que permiten la entrada de mercadería argentina siempre que no provenga de las zonas delimitadas por los brotes comerciales, recuerdan representantes de la industria.





