La campaña 2026/27 arranca con expectativas productivas respaldadas por una mayor disponibilidad hídrica y el influjo del fenómeno El Niño.
Sin embargo, esa perspectiva positiva choca con un aumento sostenido de costos operativos que amenaza la rentabilidad de los productores.
Un análisis reciente de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria y un informe de Coninagro muestran que, en septiembre, la capacidad de compra de la soja y el maíz se deterioró frente a varios costos clave.
Ese deterioro se produce porque los gastos crecieron por encima de los precios de los granos, lo que complica convertir mayor volumen en mejores resultados económicos.
EL PODER DE COMPRA, BAJO PRESIÓN
Coninagro monitorea la evolución del poder adquisitivo de siete productos representativos, entre ellos soja, maíz, trigo, leche y carne vacuna, para medir competitividad sectorial.
Los datos están disponibles en forma gratuita e interactiva en el Monitor Agropecuario, una herramienta pensada para seguir la relación entre ingresos y costos.
En septiembre la soja promedió US$ 371,1 por tonelada, un aumento interanual del 19 %, mientras que el maíz promedió US$ 196,6 por tonelada, con una suba del 9 %.
A pesar de esas subas, la diferencia en la dinámica entre precios de granos y costos operativos explica el empeoramiento de las relaciones de compra, sobre todo para el maíz.
GASOIL, FLETES Y SALARIOS: LOS COSTOS QUE MÁS PESAN
El gasoil se consolidó como la principal presión: en septiembre su precio creció un 58 % interanual y quedó un 32 % por encima del promedio de los últimos cinco años.
Ese encarecimiento impacta directamente en las labores agrícolas y en la logística de traslado de insumos y granos, amplificando su efecto sobre los costos totales.
El costo de un flete de 300 km aumentó un 15 % interanual; para cubrirlo fueron necesarios 106 kg de soja, una relación 7 % más exigente que el promedio histórico, y 200 kg de maíz, un 17 % por encima de la media quinquenal.
Estas cifras muestran cómo la logística erosiona la rentabilidad, con efectos más fuertes en regiones alejadas de los puertos o de los centros de acopio.
En términos de combustible, adquirir un litro demandó 4,4 kg de soja, un 33 % más que en septiembre de 2025 y un 23 % por encima de la media quinquenal.
Para el maíz la relación fue aún más exigente: 8,4 kg por litro, un 45 % más interanual y un 35 % por encima del promedio histórico.
FERTILIZANTES Y HERBICIDAS
La mano de obra rural también empuja los costos: su valor subió un 29 % interanual, lo que implicó destinar 2,2 toneladas de soja para afrontarlo, un 9 % más que un año atrás, y 4,1 toneladas de maíz, un 19 % más.
Ese aumento obliga a los productores a sacrificar una mayor porción de su producción para cubrir gastos salariales esenciales.
En herbicidas, adquirir un litro de glifosato requirió 12,7 kg de soja, una relación estable frente al año anterior y un 34 % más favorable que el promedio de los últimos cinco años.
El precio del glifosato se ubicó en US$ 4,7 por litro, con un incremento interanual del 19 % pero aún 32 % por debajo de su promedio histórico, lo que alivió parcialmente la presión sobre los productores.
La urea se situó en US$ 624,8 por tonelada, prácticamente sin cambios interanuales y un 15 % por debajo del promedio histórico, lo que benefició la relación de compra del maíz frente al fertilizante.
Por su parte, el fosfato monoamónico (MAP) llegó a US$ 990,2 por tonelada, con subas del 4 % interanual y del 2 % respecto del promedio histórico, mejorando la competitividad relativa frente a otros insumos.
IMPLICANCIAS PARA LA CAMPAÑA 2026/27
Las proyecciones productivas, incluida la estimación de cosecha récord de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, elevan la oferta potencial de granos, pero no garantizan mejora en la rentabilidad si persisten los incrementos de costos.
En ese escenario, la evolución del gasoil, los fletes y los salarios será determinante para definir cuánto del mayor volumen se traducirá en resultados económicos positivos para el productor.
Para los productores y gestores rurales la recomendación es seguir de cerca las métricas del Monitor Agropecuario y planificar coberturas y logísticas para mitigar el impacto de los costos que más pesan.
La campaña puede ser buena en rindes, pero la clave estará en cuánto se reduce la presión de insumos y logística sobre la rentabilidad final del sector.



