El fenómeno de El Niño que afecta al país ya deja impactos visibles en Mendoza en un momento clave del ciclo productivo de la vid, las hortalizas y el ajo.
Esta combinación de lluvias y alta humedad puede traducirse en más costos, demoras en la cosecha y menor rentabilidad para productores que ya enfrentan márgenes estrechos.
Lluvias y humedad: riesgo sanitario para los cultivos
La mayor preocupación de técnicos y productores es el avance de enfermedades fúngicas como la peronóspora y la botritis, que encuentran condiciones favorables con lluvias persistentes.
Además, el barro impide el ingreso de maquinaria y complica cumplir ventanas de trabajo que son biológicamente y comercialmente críticas.
Claudio Galmarini, director del Centro Regional INTA Mendoza-San Juan, advirtió que no recuerdan una primavera tan lluviosa y que, si la humedad persiste, habrá pérdidas que serán difíciles de evitar.
Ese diagnóstico une el riesgo fitosanitario con una amenaza directa a los resultados económicos de las explotaciones mendocinas.
Costos en alza y alternativas tecnológicas
En condiciones normales los viñedos requieren entre 3 y 4 aplicaciones preventivas por temporada contra peronóspora, pero esta campaña podría demandar 6 o 7 aplicaciones.
Ese aumento implica más insumos, mano de obra y, por ende, mayores gastos que impactan la ya baja rentabilidad del sector.
Cuando el suelo no permite el paso de tractores, los drones y servicios aéreos aparecen como alternativa, aunque la oferta privada ya registra alta demanda y precios crecientes.
El uso de fungicidas sistémicos para controlar brotes avanzados también eleva los costos y complica la logística de una cosecha que corre contra el tiempo.
Ajo y hortalizas: vulnerabilidad en la cadena corta
El ajo temprano atraviesa su momento de recolección y en condiciones normales se deja 2 o 3 días en campo para perder humedad; la lluvia interrumpe ese proceso y genera pérdidas de calidad y conservación.
En las hortalizas de hoja, la demora en la cosecha y el traslado rompe la cadena de venta rápida y puede traducirse en mermas económicas considerables para productores familiares y compradores urbanos.
Los frutales de carozo y los cultivos de frutos secos también exigen mayor prevención frente a hongos, porque las enfermedades en la maduración comprometen precio y volumen de la cosecha.
En terrenos bajos el riesgo de anegamiento subraya la necesidad de limpieza y mantenimiento de canales y acequias que, en muchos casos, se deterioraron tras años de sequía.
Cómo reducir pérdidas: recomendaciones prácticas
El INTA recomienda aprovechar cada ventana seca para aplicar fungicidas, mantener equipos listos y ajustar labores al pronóstico meteorológico, priorizando tareas críticas.
También aconseja intensificar el monitoreo y el registro de enfermedades para tomar decisiones precisas y evitar tratamientos innecesarios.
Además, es clave la mantención de sistemas de drenaje y la limpieza de cauces para reducir el anegamiento y mejorar la capacidad de trabajo de la maquinaria.
Los técnicos alertan sobre el impacto de la falta de sol en la polinización de semillas (cebolla, zanahoria), ya que menos actividad de abejas puede reducir rendimientos si coincide con la floración.
Respuesta estatal y propuestas legislativas
El Gobierno de Mendoza declaró la emergencia climática por un plazo inicial de 180 días para agilizar contrataciones y obras urgentes vinculadas a los efectos de El Niño.
La iniciativa incluye la creación del Programa de Asistencia Fitosanitaria de Emergencia, que prevé entrega de insumos, pulverizaciones con drones y alertas agrometeorológicas a cargo del Iscamen.
La oposición, a través de la diputada Gabriela Lizana, presentó un proyecto para declarar la emergencia fitosanitaria y productiva en explotaciones bajo riego, y plantea priorizar a productores de hasta 30 hectáreas.
Esa propuesta incluye Aportes No Reembolsables para daños superiores al 50 %, créditos a tasa subsidiada y alivios fiscales, aunque requiere tratamiento legislativo para ser aplicado.
Pronóstico y recomendaciones finales
Los modelos climáticos sugieren precipitaciones por encima del promedio y mayor probabilidad de tormentas, pero la evolución exacta es incierta y depende de cómo se comporte El Niño en los próximos meses.
Ante esa incertidumbre, la combinación de monitoreo, mejora de drenajes, planificación de aplicaciones y búsqueda de asistencia técnica es la mejor estrategia para mitigar impactos y cuidar la rentabilidad productiva.



