Las legumbres argentinas atraviesan un momento de oportunidades, pero también de fuertes desafíos. Mientras la demanda global de proteínas vegetales continúa creciendo y aparecen nuevos mercados para productos con mayor valor agregado, los productores locales enfrentan costos logísticos elevados, una competencia internacional cada vez más fuerte y márgenes económicos ajustados, aun en campañas con buenos rendimientos.
“Hoy, teniendo una muy buena cosecha, los números son justos o negativos”, resumió Jorge Vidal, presidente de CLERA (Cámara de Legumbres de la República Argentina), durante una entrevista en la que analizó el presente y el futuro de una actividad que genera cerca de USD 700 millones anuales en exportaciones y que produce alrededor de un millón de toneladas entre todas las especies.
Aunque suele ocupar un lugar secundario frente a los grandes cultivos extensivos, el negocio de las legumbres representa una economía regional de enorme importancia para el norte argentino y comienza a ganar protagonismo por su potencial como proveedor de proteínas vegetales para la industria alimenticia mundial.
Poroto negro y alubia lideran la producción argentina
Cuando se analiza el mapa productivo nacional, el poroto negro y el poroto alubia continúan siendo las variedades de mayor superficie sembrada y volumen de producción.
Sin embargo, Vidal aclara que la importancia económica del sector no puede medirse únicamente por toneladas.
“Importantes son todas las legumbres. Son productos especiales, con nichos de mercado muy específicos, y cada exportador ya tiene desarrollados sus clientes”, explicó.
Después aparecen otras especies como:
- Poroto cranberry
- Poroto colorado
- Garbanzo
- Arveja
- Lenteja
En el caso de la lenteja, continúa siendo la de menor volumen dentro del país, aunque su producción también viene creciendo en los últimos años.
Un mapa productivo que se expandió por distintas provincias
Una de las transformaciones más importantes de la última década fue la expansión geográfica del cultivo.
Mientras históricamente las legumbres estaban concentradas en pocas zonas del NOA, hoy la producción se distribuye en varias regiones argentinas.
El esquema actual muestra una fuerte diversificación:
- Buenos Aires: arveja y lenteja.
- Sur de Santa Fe: arveja y lenteja.
- Córdoba: arveja y garbanzo.
- Santiago del Estero: garbanzo y distintas variedades de porotos.
- Tucumán: garbanzo y porotos.
- Salta: garbanzo y múltiples variedades de porotos.
- Jujuy: porotos.
- Chaco y Formosa: porotos adaptados a distintas condiciones ambientales.
Según Vidal, esa expansión fue posible gracias al trabajo conjunto entre productores, semilleros y distintas provincias, especialmente en el desarrollo del garbanzo durante la última década.
El clima sigue siendo el principal problema
Aunque muchas veces el debate sobre el crecimiento del sector se centra en la genética o en la necesidad de una nueva legislación sobre semillas, para CLERA el principal condicionante de los últimos años fue otro.
“El problema más grave que hemos tenido ha sido el clima. Venimos de tres o cuatro años muy complicados”, afirmó Vidal.
Las sucesivas campañas afectadas por sequías, irregularidad de lluvias y eventos extremos redujeron rendimientos y calidad comercial en distintas regiones productoras.
En cambio, durante la campaña más reciente, las zonas donde las precipitaciones acompañaron lograron obtener muy buenos resultados productivos.
La genética puede cambiar el negocio
Uno de los temas que vuelve a instalarse en el debate agropecuario es la necesidad de impulsar mayor inversión en mejoramiento genético.
Actualmente muchos productores multiplican su propia semilla desde hace años y realizan una selección continua de los mejores materiales.
Sin embargo, Vidal considera que existe un enorme margen de crecimiento si aparecen nuevos desarrollos.
“Si hubiera materiales con mejores rindes o resistentes a sequía, sería muy importante para el sector”, sostuvo.
El dirigente reconoce, no obstante, que desarrollar nuevas variedades demanda muchos años de investigación y fuertes inversiones, algo más complejo en cultivos considerados especiales que en los grandes commodities agrícolas.
Un negocio que exporta casi toda su producción
Argentina es claramente un país exportador de legumbres.
La mayor parte de la producción tiene como destino distintos mercados internacionales.
Entre los principales compradores aparecen:
- Brasil
- Chile
- Uruguay
- Países de Centroamérica
- Unión Europea
Europa continúa siendo uno de los principales destinos para variedades como poroto alubia, cranberry y colorado, aunque la competencia internacional creció considerablemente.
Según Vidal, países como Egipto avanzaron con fuerza en la producción de poroto alubia, aprovechando una ventaja logística muy importante respecto del mercado europeo.

Al mismo tiempo, Brasil, tradicional comprador de legumbres argentinas, incrementó significativamente su propia producción y, en algunos años, incluso pasa de importador a exportador, modificando el equilibrio regional.
El costo del transporte golpea la competitividad
Uno de los principales reclamos del sector continúa siendo el impacto de la logística.
Gran parte de las legumbres argentinas se producen en provincias alejadas de los puertos exportadores.
En muchos casos, las cargas deben recorrer entre 1.200 y 1.500 kilómetros hasta llegar a las terminales del Gran Rosario.
A eso se suma el incremento del precio de los combustibles y de los costos del transporte.
“Los fletes aumentaron muchísimo y eso nos perjudica porque los números son muy ajustados”, señaló Vidal.
El próximo salto está en la industrialización
Uno de los cambios más importantes que atraviesa el mercado mundial de legumbres tiene que ver con la creciente demanda de harinas, concentrados y proteínas vegetales.
La industria alimenticia utiliza cada vez más estos ingredientes para elaborar alimentos funcionales, productos sin gluten, alternativas vegetales a la carne y formulaciones con mayor contenido proteico.
Vidal considera que allí aparece una gran oportunidad para Argentina.
“Hoy está muy de moda la extracción de proteínas vegetales y creo que el futuro va hacia ese lado”, explicó.
Sin embargo, advierte que las inversiones necesarias son muy elevadas y que solo serán viables si el país logra abrir nuevos mercados internacionales para esos productos industrializados.
De lo contrario, los principales compradores seguirán prefiriendo importar únicamente la materia prima para procesarla en sus propios países.
El consumo interno sigue siendo muy bajo
Mientras el mundo aumenta el consumo de proteínas vegetales, Argentina todavía muestra cifras muy reducidas.
Según los datos que maneja CLERA, cada argentino consume apenas unos 800 gramos de legumbres por año, menos de un kilogramo anual por habitante.
Se trata de un nivel considerablemente inferior al observado en numerosos países europeos, asiáticos y latinoamericanos, donde las legumbres forman parte habitual de la alimentación cotidiana.
En los últimos años hubo algunos cambios.
El crecimiento de comunidades inmigrantes, especialmente provenientes de Venezuela y Colombia, impulsó el consumo de poroto negro, una variedad que históricamente tenía muy poca presencia en el mercado argentino.
Además, comenzaron a desarrollarse nuevos productos industriales, como harinas de garbanzo y otros derivados, que lentamente amplían las posibilidades de consumo durante todo el año y no solamente en invierno.
Desde CLERA también trabajan junto con organismos públicos en campañas de difusión para destacar las propiedades nutricionales de las legumbres, consideradas una fuente de proteínas vegetales, fibra, hierro y minerales, además de aportar beneficios para la salud y contribuir a sistemas agrícolas más sustentables gracias a su capacidad para fijar nitrógeno en los suelos.
En un escenario internacional donde la alimentación basada en proteínas vegetales continúa ganando espacio y donde los consumidores buscan cada vez más productos saludables, las legumbres argentinas aparecen con margen para crecer tanto en producción como en industrialización. El desafío, según plantea el propio sector, será combinar más innovación genética, apertura de mercados, inversiones en procesamiento y mejores condiciones de competitividad, para transformar una actividad tradicional en un negocio con mayor valor agregado y presencia global.


