La provincia de Mendoza ya activó una alerta por el avance de un posible Súper Niño que puede transformar la temporada primavera-verano en un desafío para la agroindustria local. El escenario proyectado implica lluvias persistentes, tormentas convectivas y un mayor riesgo de inundaciones y aluviones que afectarían cultivos, hortalizas y la ganadería.
Las proyecciones oficiales indican probabilidades elevadas de un evento con una anomalía térmica oceánica que podría alcanzar un pico de 2,5 °C, mientras que el escenario central plantea un Niño fuerte con 1,8 °C. El período de mayor incidencia estimado por los servicios meteorológicos se concentra entre octubre y diciembre, por lo que las semanas previas son clave para la preparación.
Desde el gobierno provincial se insiste en medidas prácticas: inscripción en seguros, limpieza de canales y disponibilidad de insumos fitosanitarios para tratamientos preventivos. El ministro de la Producción, Rodolfo Vargas Arizu, subrayó la necesidad de que productores y empresas agropecuarias tramiten el acceso al Fondo Compensador Agrícola y tomen medidas de prevención ante riesgos extraordinarios.
La meteoróloga Elizabeth Naranjo Tamayo advierte que la intensidad del evento aumentó en agosto y que el fenómeno podría ser histórico, con impactos que van desde nevadas récord en invierno hasta precipitaciones intensas en la primavera y verano. En su evaluación, la señal que afecta a la región de Cuyo es “significativa” y exige seguimiento constante de pronósticos diarios y semanales.
El riesgo se concentra particularmente en áreas del este del Gran Mendoza con pendiente reducida para evacuar agua, como Corralitos, Bermejo y cercanías del canal Pescara, donde ya se anticipan daños por anegamientos. En esas zonas, la combinación de suelos saturados y canales obstruidos aumenta la probabilidad de cortes de caminos rurales y pérdida de superficie cultivable.
Para la vitivinicultura, la principal amenaza es la humedad persistente que favorece enfermedades fúngicas y reduce la calidad de la uva; por eso se recomienda reforzar la instalación de mallas antigranizo y adoptar prácticas de canopy que mejoren ventilación. En frutales como duraznos, manzanas y peras, el exceso de agua eleva la incidencia de hongos y la pérdida de fruta en planta durante eventos de lluvia intensa.
La actividad ganadera enfrenta problemas operativos por el barro y la saturación de campos, lo que complica el manejo de animales, la movilización de maquinarias y la logística del personal. Las autoridades aconsejan ubicar corrales y mangas en lugares altos y alejados de cauces, lechos secos y bajos anegables para reducir la exposición al riesgo.
Las recomendaciones fitosanitarias incluyen aplicar fungicidas protectores antes de eventos de lluvia pronosticados, realizar deshojes y desbrotados para mejorar la circulación de aire y mantener un régimen de drenaje parcelario eficiente. También se destaca la importancia del monitoreo post-tormenta para detectar focos de infección y aplicar controles curativos en cuanto el terreno lo permita.
Medidas preventivas y campañas en marcha
El Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (Iscamen) y municipios están coordinando acciones para prevenir brotes y mitigar daños en cultivos y pasturas. Entre las medidas en desarrollo figura la campaña 2026/2027 contra Lobesia botrana, que contempla la adquisición de insumos y la implementación de un manejo integrado de la plaga.
La estrategia de control de Lobesia combina el uso de difusores de feromonas, insecticidas específicos y aeroaplicaciones cuando corresponda, con monitoreos sistemáticos para optimizar intervenciones. Estas acciones buscan minimizar el impacto del aumento de humedad y evitar que poblaciones de plagas y enfermedades se generalicen tras lluvias prolongadas.
Otro punto crítico es la operatividad de las aplicaciones curativas, que suele retrasarse cuando los suelos están saturados y no permiten el ingreso de equipos de fumigación. Por eso, técnicos recomiendan priorizar tratamientos preventivos y calendarizados, así como mantener limpios canales, acequias y desagües para facilitar la evacuación rápida de agua superficial.
La Policía Rural y el Ministerio de Seguridad y Justicia de Mendoza ya entregaron recomendaciones a productores del secano para reducir riesgos y mejorar la respuesta ante crecidas. Entre las indicaciones figuran revisar y reforzar estructuras, asegurar accesos para evacuación y mantener comunicación permanente con Defensa Civil y autoridades locales.
En términos económicos, el adelantamiento de medidas y la contratación o actualización de seguros agropecuarios pueden marcar la diferencia entre una recuperación rápida y pérdidas prolongadas. Según especialistas, inscribir explotaciones en mecanismos como el Fondo Compensador Agrícola y documentar daños facilita la gestión de emergencias y el acceso a recursos públicos y privados.
Para el productor, la clave sigue siendo la anticipación: planificar drenajes, reservar insumos, coordinar emergencias municipales y ajustar rotaciones de cultivo si el contexto lo aconseja. La combinación de previsión técnica, monitoreo meteorológico y acción comunitaria reducirá la vulnerabilidad del sector ante un evento que, de concretarse como se prevé, pondrá a prueba la resiliencia del agro mendocino.
Palabra de Campo seguirá informando sobre la evolución de los pronósticos y las medidas oficiales; periódicamente publicaremos alertas y guías prácticas para productores, técnicos y servicios municipales. Ante cambios en las condiciones climáticas es esencial mantenerse informado y priorizar la seguridad de las personas y el bienestar animal.



