En Tremont, Illinois, Gregg Sauder —el ingeniero que cambió la siembra mundial— está planteando ahora una revolución similar sobre el uso del agua con su proyecto 360 RAIN, una plataforma que combina automatización, posicionamiento satelital y aplicación localizada de nutrientes. Durante una gira técnica que organicé con Eguren & Cía y un grupo de productores del cinturón maicero pampeano, la visita a su campo permitió ver en operación una solución que promete reducir el consumo hídrico y mejorar la sincronía entre riego y demanda del cultivo.
La historia de Sauder arranca en 1993 cuando, al pasar su maíz a surcos de 20 pulgadas (50,8 cm), detectó que las sembradoras no dosificaban bien a baja velocidad y fundó Precision Planting; esa innovación culminó años después con productos como Seed Firmer, el 20|20 SeedSense y la plataforma FieldView, adquirida por Monsanto en 2012. Esa trayectoria muestra un patrón: identificar un cuello de botella técnico en el campo y transformarlo en un estándar global de precisión agrícola.
La sequía de 2012 fue el punto de inflexión que lo llevó al agua, después de perder, según contó, 5 toneladas por hectárea de maíz; esa experiencia lo convenció de que la siguiente gran restricción sería el recurso hídrico y de ahí nació 360 RAIN. El proyecto busca no solo regar sino aplicar en banda los aportes que la planta necesita en cada etapa, evitando desperdicios y mejorando la eficiencia de uso de insumos.
El equipo es una plataforma autónoma de tres ruedas que sigue exactamente las trazas de la sembradora mediante RTK y deposita agua y nutrientes en una banda angosta sobre la línea de siembra, sin mojara el entre surco; de ese modo prioriza el contacto directo con la raíz y reduce evaporación y deriva. El diseño evita transitar por suelo recién humedecido y circula siempre por el surco seco, lo que ayuda a minimizar la compactación y el daño por huellas en condiciones críticas.
Además, 360 RAIN puede dosificar tanto fertilizantes sólidos como líquidos junto con el agua, entregándolos en el momento en que el cultivo más los demanda y abriendo una vía para fraccionar efluentes agrícolas que hoy se vierten concentrados en pocas ventanas. En la práctica, el sistema busca cubrir allí donde el pivote tradicional no alcanza: esquinas, lotes irregulares y parcelas pequeñas, y lo hace consumiendo entre la mitad y un tercio del agua que requeriría un pivote convencional.
El alcance del desarrollo va más allá del riego puntual: Sauder propone una respuesta a la gestión del estiércol y otros efluentes líquidos, permitiendo su aplicación fraccionada bajo el dosel cuando la planta los necesita, en lugar de concentrar descargas desde lagunas en pocas fechas del año. Esa lógica introduce una sinergia entre manejo de residuos, salud de suelo y eficiencia nutricional que puede tener impacto directo sobre márgenes y sustentabilidad.
Implicancias para la Argentina y limitaciones prácticas
Nada de esto es gratuito: la conectividad requerida, la presión de trabajo y la logística de integración en cuadros grandes implican costos y complejidades técnicas que deben evaluarse; el ejemplo de Sauder sobre un repago en un año responde a un caso de uso intensivo y no debe tomarse como norma universal. Es esencial que productores y asesores dimensionen la inversión según heterogeneidad de lotes, continuidad de uso y acceso a soporte técnico especializado.
El contexto macro juega a favor: tecnologías estructurales como el drenaje subterráneo ya alcanzaron más de 20 millones de hectáreas en el cinturón maicero estadounidense y despertaron interés real en la Argentina, lo que sugiere que la adopción masiva de soluciones que aumentan la productividad y reducen riesgos es plausible. Hoy 360 RAIN ya opera en 10 unidades en la Argentina y algunos incentivos fiscales dentro del régimen RIMI pueden acelerar la decisión de incorporar riego de precisión en empresas agrícolas medianas y grandes.
La capacidad de adaptación del productor argentino es un factor clave: hemos demostrado históricamente que cuando una tecnología aporta sentido productivo la adoptamos y la potenciamos, como ocurrió con la siembra directa, con los desarrollos de Precision Planting y con la aplicación variable por ambientes. Con un nivel técnico comparable o superior al estadounidense en muchos aspectos, la Argentina tiene potencial para escalar estos sistemas y extraer ventajas competitivas en eficiencia hídrica y reducción de pérdidas de nitrógeno por lixiviación.
La escala de la oportunidad es clara: mejorar la eficiencia en el uso del agua y los nutrientes no es solo una demanda ambiental, sino una palanca directa sobre los márgenes productivos en un negocio donde cada punto de eficiencia cuenta. Si el país mantiene este período de mayor previsibilidad y las condiciones de política e incentivos se sostienen, es probable que el productor argentino haga lo que mejor sabe hacer: tomar la tecnología con sentido productivo y llevarla más lejos que nadie, con 360 RAIN como ejemplo temprano de cómo confluyen innovación, ahorro de recursos y rentabilidad agrícola.
El autor reside en Arkansas, Estados Unidos, y participó de la gira técnica por el cinturón maicero que incluyó la visita al campo de Gregg Sauder; los productores que integraron el grupo retornaron con interrogantes prácticos y la convicción de que la gestión del agua será central en la próxima etapa de inversión agrícola. La discusión sobre riego de precisión ya no es teórica: es una decisión estratégica que productores, empresas y políticas públicas deberán resolver en conjunto.



