Alfredo Di Costanzo (Univ. Minnesota) advierte que octogenarios con 500 vacas amenazan éxito de EEUU

Según el especialista, ese país, que consolidó desde la familia criadora de terneros un modelo que abastece principalmente a su mercado interno y el mundo, hoy enfrenta el desafío del recambio generacional

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El modelo ganadero de Estados Unidos será uno de los ejes del Congreso Federal Ganadero que se celebrará el 12 de noviembre en la Bolsa de Comercio de Rosario, donde el doctor Alfredo Di Costanzo expondrá las claves de una industria que combina tradición familiar y escala industrial. Entender por qué ese sistema logró posicionar la carne estadounidense en mercados exigentes es relevante para productores, técnicos y tomadores de decisión del sector local.

Un informe previo a la disertación resalta una paradoja central: detrás de una oferta global reconocida existe una base integrada por pequeños establecimientos familiares que sostienen la cadena productiva. El tamaño promedio de los rodeos de cría es de apenas 44 vacas, y aun así el país construyó un sistema capaz de abastecer su mercado interno y ofertar cortes premium al exterior.

El carácter familiar es una pieza clave del modelo y se refleja en que alrededor del 50 % de los productores estadounidenses son pequeños propietarios que llegaron a la actividad por tradición. Esa cultura, combinada con la incorporación paulatina de tecnología y canales de comercialización, permitió transformar una producción artesanal en un negocio competitivo a escala internacional.

Otro diferencial estructural es el sistema de clasificación de carne, nacido alrededor de 1919 para unificar criterios comerciales y evitar abusos en las transacciones, y que definió categorías como Prime, Choice y Good (actual Select). Esa estandarización se volvió un pilar del posicionamiento internacional, porque ofrece parámetros claros para compradores y consumidores sobre calidad y marmoleo.

El marmoleo, entendido como grasa intramuscular, se convirtió en un atributo central para acceder a mercados de mayor poder adquisitivo como Japón, Corea, México y Canadá, donde los premiums pagan un diferencial importante por sabor y terneza. Además, programas como Certified Angus Beef, lanzado en 1978 y potenciado comercialmente desde 1998, consolidaron una oferta premium respaldada por normas reconocibles.

Aunque la logística combina miles de pequeños productores con grandes plantas de recría, engorde e industrialización, la balanza comercial de la industria es relativamente doméstica, ya que las exportaciones e importaciones representan alrededor del 10 % cada una. Esa orientación interna permite una oferta masiva de carne picada para consumo cotidiano y simultáneamente canaliza cortes de alto valor hacia mercados internacionales.

La traba que puede frenar el modelo

El informe subraya que el principal desafío de la ganadería estadounidense no es tecnológico ni de mercado, sino el recambio generacional, porque la continuidad de las familias productoras es clave para mantener el flujo de terneros. La transmisión temprana de conocimientos, a menudo iniciada en la infancia mediante la crianza y la presentación de animales en programas como el Club 4‐H, es un elemento esencial para que los jóvenes vuelvan al campo.

La realidad demográfica y económica complica ese relevo, ya que muchas nuevas generaciones encuentran mejores oportunidades fuera del trabajo cotidiano con animales o prefieren roles técnicos y de asesoría. Asimismo, la combinación de altos costos, escasez de mano de obra y dificultades para acceder a tierra y capital genera casos donde productores de avanzada edad controlan rodeos sin herederos dispuestos a continuar.

Con inventarios bovinos ajustados, la relación producción‐consumo tiende hacia una menor disponibilidad de animales, lo que sostiene precios atractivos pero obliga a reconocer que la recuperación de rodeos demanda tiempo, capital y familias dispuestas a producir. Frente a esa restricción comienzan a surgir transformaciones organizativas, como inversiones hacia atrás por parte de feedlots que buscan asegurar el suministro de terneros.

Otra respuesta que describe el informe son mecanismos de ingreso para jóvenes sin capital, basados en esquemas de “sudor” donde la mano de obra se transforma en patrimonio mediante la recepción gradual de animales o acceso a tierras. Aunque lento y condicionado por el alto valor de la hacienda, ese tipo de modelos puede facilitar la incorporación de nuevos productores y sostener la base familiar que sostiene la cadena.

La dualidad del modelo estadounidense muestra que estándares de calidad, clasificación y programas de marca pueden convivir con una estructura productiva atomizada y familiar, pero dicha combinación es frágil si falta renovación generacional. Por eso, cualquier política o estrategia privada que pretenda replicar aspectos del sistema debe considerar medidas que incentiven la permanencia y formación de jóvenes en el campo.

Implicancias para la ganadería argentina

Para Argentina, que cuenta con una tradición ganadera y sistemas de valor reconocidos, la experiencia norteamericana aporta lecciones sobre estandarización, marketing y segmentación de mercados internacionales. Incorporar criterios de calidad claros, impulsar marcas de producto y articular programas de formación temprana pueden ayudar a capturar valor en destinos que pagan por marmoleo y consistencia de corte.

No obstante, las diferencias estructurales importan: mientras Estados Unidos concentra gran parte del consumo dentro de sus fronteras, la economía local depende más de los movimientos de comercio exterior y de la diversa escala de explotaciones. Por eso, las soluciones deben adaptarse al contexto y priorizar incentivos financieros, acceso a tierras y formación de capital humano para que la propuesta sea sostenible en el tiempo.

En el corto plazo, el sector puede pensar en herramientas financieras centradas en jóvenes, en programas de “sweat equity” y en acuerdos de integración que permitan a feedlots y engordadores invertir hacia atrás sin desnaturalizar la producción familiar. A mediano y largo plazo, sostener la oferta y evitar la pérdida de conocimiento tradicional dependerá de políticas que reconozcan el valor social y económico de la familia productora.

La charla de Alfredo Di Costanzo en Rosario ofrecerá no solo una radiografía del modelo estadounidense, sino también un punto de partida para debatir cómo combinar calidad, estándares y relevo generacional en un país con otra escala y otras urgencias. Para productores, técnicos y gobiernos locales, la pregunta que queda es cómo adaptar lo que funciona allá sin perder lo que funciona aquí.

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