Mariela Kasko: del trabajo de sus abuelos en Villa Berthet a la subsecretaría de Ganadería del Chaco
Con 55 años, Mariela Kasko ocupa hoy la subsecretaría de Ganadería del Chaco y reivindica una trayectoria que parte en la chacra familiar y llega a la gestión pública. Su recorrido, que incluye producción, liderazgo gremial y política, sirve como termómetro de los desafíos que enfrentan los productores chaqueños.
La historia de Kasko se entrelaza con la migración y el esfuerzo: sus abuelos paternos llegaron desde Ucrania en 1936 y dos años después se instalaron en Villa Berthet, donde debieron abrir tierras fiscales y empezar de cero. Su abuela desmontaba quebrachos y algarrobos con las manos, mientras su padre comenzó con 30 hectáreas y, tras acceder a crédito, compró dos tractores que impulsaron la producción familiar.
La chacra fue diversificada: algodón, chivos, aves, miel y huerta, y con el tiempo la familia migró del algodón a la soja y finalmente a la ganadería, que Kasko eligió como pasión en 2010. Ese cambio de actividad fue también un cambio de identidad productiva que la llevó a reconocer en la ganadería su “esencia” y su vocación profesional.
La entrada de Kasko al gremialismo no fue ideológica sino reactiva a problemas concretos: la inseguridad rural y el abigeato la impulsaron a buscar un espacio desde el cual reclamar y proponer soluciones. En 2011 se sumó a la Sociedad Rural local y su compromiso la llevó a presidir esa entidad en 2020, convirtiéndose en la primera mujer de la provincia del Chaco en asumir ese cargo.
De la representación gremial a la gestión pública
Su liderazgo local la proyectó a la Confederación de Sociedades Rurales Chaco y Formosa (Chafor) y luego a la comisión directiva de Confederaciones Rurales Argentinas, donde fue la segunda mujer en 80 años en ocupar un cargo en esa entidad. Esa trayectoria le dio visibilidad y peso para articular reclamos sectoriales, desde la infraestructura hasta la seguridad y el acceso al crédito.
La historia familiar contiene episodios que ayudan a explicar su carácter: tras la negativa de su padre a ser garante, fue el gerente del banco quien terminó avalando el primer crédito que permitió comprar dos tractores Hanomag y herramientas. La anécdota del primer retorno del pago en tractor simboliza ese paso de la precariedad a la mecanización y al crecimiento productivo.
Su paso por el gremialismo estuvo atravesado por tensiones; sufrió dos balaceras y vivió episodios de extrema inseguridad sin conocer a los responsables, lo que profundizó su reclamo por políticas públicas de seguridad rural. Al mismo tiempo construyó una postura propositiva: no se limitó a denunciar problemas, sino que presentó alternativas y buscó diálogo con autoridades.
La política formal llegó luego de un llamado: Leandro Zdero la convocó para integrar la gestión provincial, y Kasko dejó su cargo en CRA para asumir el compromiso público tras responder “en lo que haga falta”. Desde ese lugar de gestión, reafirma que su lealtad está con el sector productivo y con las soluciones que necesita el campo chaqueño.
Por qué importa su liderazgo para el sector ganadero y rural
La experiencia de Kasko sintetiza desafíos estructurales del interior: acceso al crédito, mecanización, transición de cultivos y, especialmente, la seguridad rural, un factor que condiciona la rentabilidad y la continuidad de productores familiares y medianos. La presencia de dirigentes con experiencia productiva en cargos públicos suele facilitar la traducción de demandas técnicas en políticas implementables.
La visibilidad de mujeres como Kasko en espacios tradicionalmente masculinos también tiene impacto significativo en la renovación del liderazgo rural y en la inclusión de perspectivas diferentes en la agenda agropecuaria. Su ascenso demuestra que la representación puede cambiar paradigmas y abrir caminos para jóvenes que buscan combinar producción, gremialismo y gestión pública.
En un contexto regional donde la economía rural se adapta a precios internacionales, clima y dinámicas de mercados, la gobernanza local y las políticas de seguridad y trazabilidad ganadera se vuelven herramientas clave para sostener el empleo y la inversión en el campo. La subsecretaría de Ganadería en Chaco se convierte así en un nodo para articular medidas que reduzcan pérdidas por abigeato y aumenten la formalización de la cadena.
En lo íntimo, Kasko mantiene la imagen de su abuela y el recuerdo del esfuerzo como motor de su trabajo público, y repite que lo esencial no cambió: su lealtad está con los productores. Esa mezcla de biografía familiar, experiencia productiva y acción pública resume por qué su figura resulta relevante para el futuro de la ganadería y la vida rural en el Chaco.



