Consumo de pastas crece 6 % en 2026 pero se impone la opción más barata y empeora la rentabilidad
El consumo de pastas en la Argentina mostró un crecimiento de 6 % entre enero y septiembre de 2026 respecto del mismo período de 2025, según fuentes del sector que reunieron a fabricantes de pastas secas y frescas. Aunque el aumento en volumen suena auspicioso, la industria advierte que la demanda se concentró en presentaciones más económicas, lo que reduce márgenes y erosiona la calidad del mix de ventas.
El encuentro contó con representantes de la Unión de Industriales Fideeros de la República Argentina (Uifra) y de dos centros de fabricantes de pastas frescas, donde se compartieron estimaciones sectoriales y preocupaciones comunes. Los dirigentes coincidieron en que, pese al mayor movimiento en góndola, el crecimiento no se traduce en una mejora real de la situación económica de las empresas.
Cifras clave del mercado y su relevancia
Las estimaciones del sector ubicaron el consumo nacional en torno a 400.000 toneladas anuales de pastas alimenticias, con un consumo per cápita aproximado de 11 kilos por año. Estos datos son aproximados y los propios dirigentes aclararon que no existen estadísticas oficiales completas que permitan un desglose preciso entre pastas secas y pastas frescas.
Según las fuentes, las pastas secas representan cerca del 85 % del mercado y las pastas frescas alrededor del 15 %, y el sector alertó sobre un cambio en la composición del consumo. Un dato llamativo es que la participación de las pastas de sémola de trigo duro —consideradas de mayor calidad— cayó de alrededor del 40 % en 2014 a un rango estimado de 25 %–27 % en la actualidad.
Los responsables de las cámaras manifestaron que la mayor salida de productos baratos permite sostener volúmenes pero obliga a vender con márgenes muy ajustados. Ese fenómeno explica por qué las fábricas registran mayor demanda sin una recuperación proporcional de sus resultados financieros.
En materia de comercio exterior, la industria reportó un pico histórico de importaciones en 2025, con un promedio cercano a 400 toneladas mensuales, y una caída en 2026 hasta un promedio de 300 toneladas entre enero y septiembre. En el tercer trimestre de 2026, el promedio mensual de importaciones habría descendido a unas 130 toneladas, lo que implicaría una fuerte desaceleración de la entrada de pastas extranjeras.
Cómo cambian hábitos y precios en pastas frescas
En el segmento de pastas frescas, los fabricantes detectaron un movimiento en los sabores elegidos por los consumidores, con una mayor demanda de rellenos que incorporan pollo y carne frente a las tradicionales ricota y verdura. Esa preferencia se vincula con la búsqueda de fuentes de proteína y con la función de la pasta como complemento para estirar raciones frente a la suba del precio de la carne vacuna.
Los ejecutivos explicaron que, para muchas familias, las pastas actúan como una herramienta para reorganizar el presupuesto alimentario y sostener la saciedad por menor costo. Esa dinámica convierte a la pasta en un sustituto parcial frente a otras proteínas más caras, y al mismo tiempo explica por qué crece el volumen aunque baje el ingreso promedio por producto.
El sector también puso el foco en la presión fiscal como un factor que reduce la competitividad y la rentabilidad de las pymes del rubro, reclamando medidas para aliviar la carga impositiva. Los representantes señalaron que existen tratamientos tributarios dispares dentro de la canasta de productos y pidieron simplificación para evitar distorsiones en precios y costos.
Otra conclusión del encuentro es que las importaciones tienen hoy una incidencia marginal sobre el mercado local, con una participación estimada cercana al 0,6 %, por lo que la mayor parte del consumo sigue siendo abastecido por la industria nacional. Los fabricantes, sin embargo, advierten que factores como la calidad de las materias primas, la presión tributaria y los cambios en la preferencia del consumidor determinarán la evolución del sector.
Qué hay que mirar en los próximos meses
Para la industria, el desafío inmediato es recuperar la presencia de productos de mayor valor agregado, en particular la sémola de trigo duro, cuya participación cayó significativamente en la última década. Lograr ese reajuste pasa por generar condiciones que permitan mejorar márgenes, atraer al consumidor hacia opciones de mayor calidad y sostener la competitividad frente a otros alimentos.
En el corto plazo, las cifras de importación, la evolución del poder adquisitivo y las decisiones fiscales serán variables clave para el sector y para los hogares que consumen pasta como alimento económico y cotidiano. Dado que los datos disponibles provienen de estimaciones sectoriales, los especialistas reclaman estadísticas oficiales actualizadas para diseñar políticas públicas y estrategias industriales más precisas.



