La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta que las exportaciones de maíz de la campaña 2025/26 podrían alcanzar 34,2 millones de toneladas entre marzo y octubre, según el informe difundido hoy. Si se confirma, ese volumen superaría los 32,5 millones de toneladas enviadas en el mismo lapso del ciclo 2020/21, que hasta ahora era el récord.
La proyección adquiere relevancia porque coloca a la Argentina en una posición singular en el mercado global del cereal, en un año marcado por una cosecha histórica local y limitaciones externas. Ese contexto abre oportunidades comerciales en destinos donde el país suele enfrentar mayor competencia.
El informe también subraya la fortaleza del ritmo de embarques recientes: entre julio y octubre los despachos alcanzaron 17,1 millones de toneladas, el segundo mayor registro de la serie para ese período. Esa cifra supera en más de 7 millones de toneladas a la campaña anterior y está un 30 % por encima del promedio de los últimos cinco ciclos.
Por otra parte, octubre podría cerrar con un mes inédito: entre lo ya embarcado y lo programado los despachos sumarían 3,9 millones de toneladas, un volumen 67 % por encima del promedio histórico para ese mes. El dato evidencia la continuidad de un ritmo exportador firme, incluso tras la entrada de la safrinha brasileña.
Factores internacionales que abren la ventana para Argentina
Una de las claves externas es la limitada salida de grano desde Ucrania, afectada por las restricciones a la navegación y los ataques en puertos del Mar Negro, justo en la época en la que suele competir por mercados globales. Hasta avances de octubre, Ucrania habría exportado apenas 138.000 toneladas de maíz, cuando en condiciones habituales ese mes despacha más de 1,5 millones de toneladas.
Brasil también muestra una menor presencia en los mercados internacionales: entre marzo y septiembre embarcó poco más de 13,9 millones de toneladas, un volumen 32 % inferior al promedio de los últimos años y el segundo más bajo desde 2019. Ese recorte relativo de la oferta regional amplía espacios para los orígenes alternativos, entre ellos la Argentina.
Estados Unidos mantuvo un desempeño sólido en septiembre con cerca de 7,02 millones de toneladas despachadas, un aumento del 7,7 % interanual, aunque analistas señalan pérdida de impulso en las últimas semanas. Parte de esa menor presión exportadora se explica por el crecimiento del consumo interno de maíz destinado a biocombustibles y usos industriales.
En Brasil la demanda para biocombustibles cobró fuerza: en septiembre ese destino absorbió 2,23 millones de toneladas, un incremento del 24 % respecto del año anterior, y en el acumulado enero-septiembre el uso industrial totalizó 18,9 millones de toneladas, un alza interanual del 22 %. Ese movimiento reduce la disponibilidad exportable y refuerza la ventaja competitiva argentina en varios mercados.
Impacto para el comercio y los productores argentinos
La BCR indica que, excluido Ucrania, el maíz argentino presenta valores C&F con diferencias favorables frente al segundo origen más competitivo que en algunos destinos llegan a superar el 5 %. Esa competitividad relativa podría traducirse en mayor participación en la Unión Europea y varios países asiáticos donde la demanda sigue activa.
En paralelo, ya existen ventas externas registradas por 39 millones de toneladas y la expectativa de la entidad es que las exportaciones totales de la campaña puedan alcanzar alrededor de 45 millones de toneladas. Si se cumple, la cifra marcaría un nuevo récord y confirmaría la capacidad de la cadena para aprovechar ventanas puntuales del mercado global.
Sin embargo, la oportunidad no está exenta de riesgos: la capacidad logística portuaria, la disponibilidad de transporte en la red interna y la volatilidad de políticas comerciales y cambiarias pueden condicionar el ritmo de embarques. Por eso, los actores del sector deberán gestionar la logística y las ventas con rapidez para capitalizar la menor competencia externa.
Para seguir la evolución será clave monitorear los datos mensuales de embarques, la campaña de la safrinha brasileña, el estado de los puertos del Mar Negro y la demanda interna de maíz en Estados Unidos por biocombustibles. Esos indicadores definirán si la Argentina consolida su momento favorable y cuánto podrá expandir su presencia en los mercados internacionales.



