La reciente discusión pública sobre el aumento de la importación de carne en Argentina volvió a encender el debate entre dirigentes y especialistas sobre el rumbo comercial y productivo del sector. Un comentario del diputado nacional Guillermo Michel que acusó al Gobierno de “peruanizar” la Argentina por ese dato reavivó preocupaciones sobre empleo, industria y soberanía alimentaria.
Michel, que integra el espacio del Peronismo Federal y fue director general de Aduanas durante la gestión de Sergio Massa, publicó la crítica en su cuenta de X para subrayar que las compras externas de carne son una muestra de una decisión política. Esa apreciación politiza un fenómeno que, según especialistas consultados, tiene causas comerciales y logísticas más complejas.
Los números de mayo de 2026 muestran un salto puntual: 5.900 toneladas de carne de cerdo, 5.600 toneladas de carne aviar y 3.400 toneladas de carne vacuna importadas en ese mes, según registros oficiales. Michel interpretó esos registros como parte de un “modelo social sin industria” y los vinculó con su alegato de “peruanizar” el país.
Ante esas declaraciones, economistas y representantes del sector señalaron que el incremento de importaciones convive con una suba de exportaciones, lo que refleja una mayor integración al comercio mundial. Ese flujo bidireccional es habitual en mercados abiertos y responde tanto a reacomodamientos de oferta como a demandas específicas de distintos mercados.
Para Miguel Jairala, economista del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC), las 3.400 toneladas de carne vacuna importadas en mayo eran previsibles por la menor oferta interna. Además, advirtió que el comportamiento de Brasil frente al mercado chino tendrá un efecto redistributivo en la región.
Brasil está próximo a agotar su cuota anual de 1,1 millones de toneladas hacia China, lo que implicará un salto arancelario del 12 % al 67 % para ingresar al mercado si se excede la cuota. Empresas como JBS ya dejaron de producir específicamente para ese destino, lo que puede redirigir volúmenes a países vecinos.
Según Jairala, parte de la carne que deje de ir a China podrá ser redirigida temporalmente a mercados regionales como Argentina, Uruguay, Chile y Perú, lo que explica movimientos puntuales en las importaciones. A la vez, las exportaciones argentinas pueden crecer si el consumo local resiste y si las empresas logran engordar hacienda propia para abastecer demanda externa.
Cómo se contrasta el ingreso y la salida de carne
En los primeros cinco meses del año Argentina exportó 271.379 toneladas de carne bovina refrigerada y congelada, un incremento interanual del 8 %, y acumuló ingresos por US$1.833,7 millones, un salto del 44,7 % por el aumento de precios internacionales. Ese dato es clave para entender por qué las exportaciones siguen siendo una fuente relevante de divisas pese al auge de las importaciones.
Juan Manuel Garzón, economista del Ieral de la Fundación Mediterránea, relativiza la preocupación: entre enero y mayo las importaciones totales de carnes sumaron alrededor de 50.000 toneladas, equivalentes al 2 % de una producción estimada en 2,4 millones de toneladas en el período. Para Garzón, es habitual que grandes exportadores también sean importadores por razones de calidad, destino productivo y logística, tal como ocurre en Estados Unidos y otros mercados.
El comercio de doble vía obedece a múltiples factores: diferencias de calidades entre carne de corral y de pasto, cortes destinados al consumo directo o al procesamiento, preferencias de los consumidores y ventajas de cercanía logística en regiones de frontera. Esa diversidad de motivos ayuda a explicar por qué se exporta y se importa carne simultáneamente sin que eso implique necesariamente una crisis de oferta.
El caso del cerdo y la controversia por ractopamina
En el primer cuatrimestre el país exportó 5.137 toneladas de carne porcina y derivados, lo que representa un aumento del 78 % en volumen y del 161 % en valor, con un acumulado de divisas cercano a US$7,9 millones hasta mayo. Pese a esos números favorables, desde la Federación Porcina advierten riesgos comerciales ligados a prácticas de producción en países proveedores.
Jorge Amado, de la Federación Porcina, señaló que la principal inquietud es la competencia desleal derivada del ingreso de carne desde Brasil donde se utiliza ractopamina, una sustancia prohibida en Argentina y en muchos mercados importadores. Amado pidió controles más estrictos y reclamó la firma del protocolo con China para abrir el mercado a subproductos y menudencias, una medida que potenciaría ingresos y valor agregado para la cadena local.
Desde el sector porcino destacan que el precio, la calidad y la competitividad del cerdo argentino muestran señales de crecimiento en la demanda, pero advierten que la presión de importaciones de menor costo podría afectar segmentos sensibles del mercado. Por eso insisten en combinar monitoreo sanitario, reglas claras de comercio y negociación de accesos preferenciales para proteger la producción nacional.
Las tensiones políticas que generan declaraciones como las del diputado Michel subrayan la necesidad de explicaciones técnicas y medidas de política pública claras para evitar alarmas que no reflejen la complejidad del mercado. En un contexto de volatilidad internacional, la clave para productores y consumidores es apostar por transparencia, certificaciones y acuerdos que preserven la competitividad y el acceso a mercados.


