El repunte reciente de los precios de la hacienda y el buen momento que atraviesa la ganadería están impactando con fuerza en el mercado de tierras. Operadores inmobiliarios rurales consultados describen un aumento del interés por los campos ganaderos: más consultas, mayor volumen de operaciones y subas de valores en zonas clave. En regiones como la Cuenca del Salado, una cuenca de cría relevante, los precios de campos ganaderos se habrían incrementado entre un 15% y un 30% respecto de periodos previos, según las apreciaciones del sector.
Este movimiento se inscribe en un mercado rural con actividad sostenida. La demanda se mantiene firme tanto para tierras agrícolas como para ganaderas, aunque la oferta de establecimientos de calidad es limitada. Tradicionalmente los campos agrícolas concentran la mayor búsqueda, pero la ganadería ganó protagonismo en los meses recientes y explica buena parte de la dinámica observada. Los especialistas señalan que parte de la demanda proviene de productores que están aprovechando la relación favorable entre el precio de la hacienda y el de la tierra para transformar ganado en activos inmobiliarios.
Desde varias firmas se ofrecieron estimaciones sobre la magnitud de la recuperación. En la visión de operadores como Álzaga Unzué y Cía., además de los campos agrícolas y mixtos, los ganaderos comenzaron a verse como un segmento atractivo para la compra de tierras. En zonas de cría como la Cuenca del Salado, los valores se recuperaron de manera significativa y podrían ubicarse entre un 20% y un 30% por encima de niveles anteriores. Otra consultora, Nordheimer Campos y Estancias, calculó aumentos cercanos al 15% en campos ganaderos, y explicó que muchos compradores eran productores que vendieron animales para reinvertir en tierras, aprovechando la relación carne-tierra.
El fenómeno implica oportunidades, pero también tensiones en las negociaciones. Algunos propietarios ajustaron expectativas de precio en línea con la valorización de la hacienda, mientras que los compradores consideran además el costo de poblar los campos con ganado para ponerlos en producción. Esa diferencia de criterios se traduce en rangos de referencia distintos: hay propietarios que piden valores superiores a US$3.000 por hectárea, y compradores que los consideran altos, prefiriendo niveles cercanos a US$2.500–2.600 por hectárea por el costo adicional de adquirir stock y poner el establecimiento en marcha.
Otra lectura del mercado resalta la oportunidad histórica para transformar hacienda en tierra. Para algunos operadores, el cambio de activo de la ganadería por tierras representa una ventana favorable, con valores récord en campos ganaderos y mixtos. Además, el interés por campos que combinan agricultura y ganadería –los llamados campos mixtos– viene en aumento: ofrecen diversificación de riesgo productivo y flexibilidad para adaptarse a distintos escenarios, por lo que figuran entre los más buscados actualmente.
La demanda por terrenos agrícolas de buena calidad sigue siendo el principal motor del mercado inmobiliario rural. Sin embargo, la escasez de oferta marca el ritmo: los mejores campos agrícolas casi no salen a la venta y, cuando lo hacen, atraen interesados con rapidez. En la zona núcleo se mencionan valores de referencia que en algunos casos se acercan a los US$20.000 por hectárea para tierras de primera calidad. La falta de oferta permitió que los precios de cierre en la zona núcleo queden más de un 25% por encima de los registrados en los últimos tres años, mientras que en la zona centro también se observa una demanda elevada.
El índice de actividad del mercado inmobiliario rural (InCAIR), elaborado por la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales a partir de consultas, avisos y percepciones de operadores, reflejó en abril una mejora respecto de marzo: alcanzó 43,49 puntos, con un aumento de 2,67 puntos. Ese resultado revirtió parte de la desaceleración registrada durante el verano y, según la entidad, tras la baja estacional de comienzos de año el mercado mostró señales de recuperación. No obstante, la persistencia de incertidumbre política y una reducción de la inflación menor a la esperada fueron factores que limitaron una mayor aceleración de la actividad.
Los operadores no comparten una única interpretación sobre el impacto de la coyuntura política. Algunos reconocen episodios de “frío” o menor entusiasmo vinculados a ruidos políticos que duraron semanas, aunque aclaran que no llegaron a frenar el mercado. Otros sostienen que la actividad se mantuvo estable y que esos episodios tienen hoy una incidencia más limitada que en años anteriores: la turbulencia aparece por unos días y luego el mercado retoma su ritmo. En todo caso, la evaluación general es que la selectividad del mercado creció: los campos que están en precio y cumplen con expectativas de calidad y rentabilidad se venden con rapidez; los que están fuera de precio quedan sin comprador.
El interés no se limita a la región pampeana: regiones como el NEA (Nordeste argentino) muestran valores que resultan competitivos y atraen compradores interesados en escala o en activos con potencial de valorización. En ese marco, las operaciones se concretan cuando existe una correspondencia adecuada entre el precio pedido, la calidad del campo y las expectativas de rentabilidad del comprador. Hay capital interesado en el sector, pero también comportamientos más exigentes por parte de los inversores.
En síntesis, el mercado inmobiliario rural argentino atraviesa un momento de firmeza impulsado por la mejora en los precios de la hacienda y la persistente demanda por tierras agrícolas de calidad. La ganadería recuperó protagonismo y promovió compras por parte de productores que transforman ganado en tierra, lo que elevó los valores de campos ganaderos en varias zonas. La escasez de oferta sigue siendo el principal rasgo estructural, especialmente en parcelas agrícolas de primera calidad, y determina en gran medida la velocidad de las transacciones y los niveles de precio. Al mismo tiempo, la mayor previsibilidad económica relativa y la posibilidad de diversificar con campos mixtos amplían las opciones para inversores y productores, aunque la negociación incorpora hoy la consideración del costo de poblar establecimientos y la selectividad a la hora de valorar activos.


