Crecida del río Uruguay mantiene en vilo a los productores de Corrientes y Entre Ríos
En Paso de los Libres el río Uruguay registra un nivel de 9,26 metros, por encima de la línea de evacuación fijada en 8,5 metros, y volvió a mostrar ascenso tras días de relativa estabilidad. Esta situación activa alarmas en los propietarios de establecimientos ribereños, que enfrentan la posibilidad de nuevas inundaciones en los próximos días.
La preocupación no es solo local: el agua que sube desde Misiones y la influencia del fenómeno climático El Niño aumentan la incertidumbre sobre la magnitud del episodio. Ante ese escenario, ganaderos de Corrientes y Entre Ríos ya adoptan medidas preventivas para proteger la hacienda y minimizar el impacto productivo.
Impacto en la ganadería y respuestas de los productores
Los campos bajos pierden superficie útil de pastoreo cuando arroyos y ríos secundarios no pueden desagotar por el nivel alto del Uruguay, lo que obliga a mover animales hacia sectores más altos o a campos arrendados. Para sostener los rodeos, muchos productores optan por suplementar la alimentación y concentrar animales en menos superficie, prácticas que atenúan pero no resuelven la pérdida de pasturas.
Las decisiones operativas incluyen traslado de hacienda a otras provincias, adelantar destetes y venta de categorías menos productivas para reducir la carga animal, medidas que generan costos logísticos y sanitarios. En paralelo, la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes (ASRC) y productores reclamaron mayor agilidad administrativa y avanzaron con el Senasa en protocolos para facilitar la salida de animales en caso de evacuaciones masivas.
Infraestructura en riesgo y limitaciones para la movilidad
El estado de los caminos rurales se erige como un problema crítico porque dificulta el traslado de hacienda, el ingreso de maquinaria y la reparación de drenajes, y el tránsito pesado en suelos saturados acelera el deterioro de trazas y alcantarillas. Esa realidad complica la logística de evacuación y aumenta el costo de las medidas preventivas, en especial para productores de menor escala que no cuentan con recursos para fletes o arrendos temporales.
Las obras de canalización que se ejecutaron en algunos departamentos tras advertencias administrativas buscan aliviar el desagüe, pero los dirigentes rurales reconocen que pueden resultar insuficientes si continúan las precipitaciones previstas. Como lo advirtieron referentes locales, si se cumplen los pronósticos más lluviosos, «no va a haber obra que aguante» frente a la magnitud del agua acumulada.
Antecedentes hidrológicos y señales aguas arriba
La dinámica del sistema fluvial explica por qué la crecida del Uruguay repercute en ríos secundarios como el Corriente, Miriñay, Aguapey y Barrancas: cuando el cauce principal está alto, los afluentes pierden capacidad de desagote y el agua se acumula en las planicies. Esa interacción puede generar inundaciones extensas y prolongadas aun cuando en algunos campos no hayan caído lluvias extraordinarias, una característica habitual en las llanuras correntinas.
Los antecedentes alimentan el temor: productores recuerdan la inundación de 1997 como referencia de hasta dónde puede llegar el agua y subrayan que en zonas bajas el anegamiento puede mantenerse durante semanas. Además, registros en las nacientes y tramos altos, como los niveles muy superiores observados en puertos de la cuenca, añaden un signo de alarma sobre lo que podría arribar en los próximos días.
Alertas sociales y demandas de emergencia
Organizaciones como la Comunidad Islera Asociación Civil solicitaron la declaración de emergencia agropecuaria, advirtiendo que en torno a 15 días podría registrarse una venta masiva y depreciación de rodeos en zonas bajas si el agua continúa avanzando. Los productores temen que la prolongación del evento obligue a “malvender” hacienda y a afrontar pérdidas económicas y sanitarias con impacto en la cadena de valor local.
La situación presenta además un componente humano: pequeños productores son los más vulnerables por tener menos margen para alquilar tierras altas o costear fletes, y la simultaneidad de demandas de transporte favorece a los establecimientos de mayor escala. Por eso, dirigentes y productores insisten en la necesidad de medidas coordinadas entre estados provinciales, organismos sanitarios y el sector privado para optimizar recursos y mitigar daños.
Qué queda por mirar y recomendaciones para productores
En las próximas jornadas será clave monitorear los pronósticos de precipitación, los informes de los puertos de la cuenca y el estado de las rutas rurales, porque de esa combinación dependerá la capacidad de respuesta. Como medidas concretas, se aconseja reducir la carga animal donde sea posible, adelantar el destete de categorías menos productivas y priorizar el acceso a campos con mejor drenaje para evitar pérdidas mayores.
El episodio actual refuerza la necesidad de planificación a mediano plazo: mejorar canales, mantener caminos rurales y diseñar protocolos sanitarios ágiles son inversiones que reducen vulnerabilidad ante futuros eventos hidrológicos. Para los productores, la decisión temprana y la coordinación con asociaciones y autoridades sanitarias podrán marcar la diferencia entre una evacuación ordenada y pérdidas difíciles de recuperar.
Por Palabra de Campo. Fuente: relevamiento de productores y dirigentes rurales en Corrientes y Entre Ríos, consultas con autoridades sanitarias y registros hidrométricos de la cuenca del río Uruguay.



