Pumas mataron más de 100 ovejas en la región y una familia vive atemorizada

Viviana Galli, prestadora de servicios rurales y productora de Juan Nepomuceno Fernández, en el partido bonaerense de Necochea, contó que en el campo de sus padres los ataques se intensificaron en los últimos años; solo en esta campaña perdieron 15 corderos; en la zona hay problemas similares

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En el sudeste bonaerense se registra un aumento de los ataques de pumas sobre majadas y rodeos que pone en riesgo la sustentabilidad de pequeños y medianos productores, según relatan vecinos y familias rurales.

Los testimonios recopila dos por productores de Necochea y localidades aledañas describen pérdidas cuantificables y cambios en la rutina y la sensación de seguridad en el territorio.

Viviaña Galli, productora de la zona de Juan Nepomuceno Fernández, cuenta que la presencia de los felinos se intensificó este último año y que su familia ve cómo se redujo la producción ovina hasta niveles críticos.

Ella relata que el establecimiento familiar, que antes superaba el centenar de ovejas, hoy apenas mantiene alrededor de 30 animales y que el padre había perdido 15 de los 16 corderos que tenía en una campaña reciente.

Los relatos no son casos aislados: productores de localidades como Tandil, Balcarce, San Cayetano, Olavarría y Tres Arroyos han reportado episodios similares, lo que sugiere una ampliación espacial del problema.

Para los productores, la frecuencia y la crudeza de los ataques —incluidos episodios donde un mismo puma se encontró con varios ejemplares juntos— aumentaron la preocupación y la urgencia por soluciones.

Qué están probando los productores para proteger el ganado

Ante la falta de respuestas inmediatas, algunas familias construyen corrales elevados o “jaulas” de más de 3 metros de altura y techos resistentes para que las ovejas queden a resguardo durante la noche.

También teste an medidas no letales como luces, ruidos, radios, perros y la introducción de aves de rapiña como disuasivos, aunque no todas las alternativas demostraron ser efectivas a largo plazo.

Galli reconoce que, pese a las mejoras parciales, ninguna medida garantiza la solución definitiva porque los felinos buscan a sus presas y pueden incluso atacar perros o búhos destinados a proteger la majada.

La persistencia de los ataques, además, obliga a plantear ajustes más amplios en el manejo productivo y a evaluar costos que muchas explotaciones pequeñas no pueden afrontar.

Impacto productivo, social y ambiental

El efecto económico ya es tangible: pérdida de lana y corderos, reducción de la majada y el costo de infraestructura y refuerzos en seguridad que erosionan la rentabilidad de explotaciones familiares.

Más allá del impacto directo, los productores describen un cambio en la calidad de vida rural porque la sensación de libertad y seguridad propia del campo se reemplaza por temor y vigilancia constante.

Algunos técnicos y organismos de fauna sugieren estrategias de manejo de hábitat, como conservar la vegetación nativa, que pueden favorecer corredores de fauna y la presencia de presas silvestres, pero estas propuestas generan debate entre quienes conviven con la depredación.

Galli cuestiona que ciertas recomendaciones terminen beneficiando a la fauna silvestre sin ofrecer alternativas reales para que el productor mantenga su sistema productivo y sus ingresos.

El conflicto pone de manifiesto una tensión típica entre conservación y producción: cómo compatibilizar la presencia de depredadores con la actividad agropecuaria en paisajes fragmentados y con escasos recursos técnicos y financieros.

Los productores reclaman respuestas integradas que incluyan apoyo técnico, inversión en infraestructura de protección y políticas públicas que contemplen la dimensión productiva y la conservación.

Qué sigue: medidas urgentes y debate público

En el corto plazo, las medidas más viables son las mejoras de protección perimetral, el uso combinado de disuasivos y la coordinación vecinal para monitorear y responder con rapidez a los episodios de depredación.

A mediano y largo plazo será necesario diseñar políticas que articulen entes de conservación, ministerios de producción y organismos locales para definir protocolos, compensaciones y planes de manejo adaptativo.

La historia de la familia Galli resume la urgencia: pérdidas recurrentes, inversión en defensas que no siempre alcanzan y un temor creciente que modifica la vida cotidiana en el campo.

Si no se abordan estas tensiones con soluciones prácticas y consensuadas, existe el riesgo de que la convivencia entre actividad agropecuaria y fauna silvestre genere más costos sociales y económicos que beneficios ambientales.

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