Posicionarse como polo de innovación agroindustrial, usar la energía de Vaca Muerta para reducir costos y transformar granos en productos de mayor valor agregado: esas fueron algunas de las apuestas que formularon empresarios del agro argentino durante el panel del Cambras Business Day, celebrado en el museo Malba. Empresarios como Mariano Bosch (CEO y cofundador de Adecoagro), Ignacio Bartolomé (CEO de GDM) y Delfín Uranga (fundador y CEO de SiloReal) delinearon oportunidades para la región, pero advirtieron que su concreción depende de resolver problemas estructurales que arrastra la Argentina desde hace décadas.
El tono del debate fue pragmático: por un lado, la tensión tecnológica entre Estados Unidos y China abre ventanas para que Sudamérica se ubique como proveedor y puente para tecnologías agrícolas; por otro, la falta de reglas estables, dificultades para capitalizar inversiones y un marco regulatorio incompleto limitan el aprovechamiento de esa ventaja comparativa.
Sudamérica como puente tecnológico en la disputa EEUU–China
Ignacio Bartolomé sostuvo que la creciente fricción tecnológica entre Washington y Pekín —con controles de exportación, restricciones en cadenas de suministro y límites al flujo de ciertos desarrollos— podría crear una demanda de “espacios neutrales” desde los cuales tecnologías y servicios vinculados al agro circulen con menos obstáculos. “Sudamérica empieza a aparecer como una especie de broker entre los dos países”, afirmó durante el panel.
Ese diagnóstico encuentra eco en análisis internacionales que indican que la diversificación de proveedores y la relocalización parcial de cadenas de valor pueden favorecer a regiones que ofrezcan estabilidad, capacidades científicas y acceso a mercados. Para el sector agroindustrial, la convergencia de biotecnología, inteligencia artificial (IA) y sistemas de trazabilidad hace posible ofrecer soluciones completas: desde materiales genéticos mejorados hasta plataformas de datos que optimizan logística y calidad de producto para la exportación.
Las tecnologías que mencionaron los panelistas —IA, edición génica y reducción en los costos de secuenciación de ADN— están efectivamente acelerando ciclos de I+D. Según el National Human Genome Research Institute (NHGRI), el costo de secuenciar genomas se ha desplomado en las últimas dos décadas, lo que facilita investigaciones aplicadas al mejoramiento de cultivos y a la salud animal. A la par, la adopción de IA en agricultura permite explotar datos satelitales y de sensores para aplicar insumos de manera más eficiente, reducir pérdidas y mejorar trazabilidad.
Propiedad intelectual, semillas y adopción tecnológica
Durante el encuentro se planteó una crítica recurrente: la Argentina tiene una “deuda pendiente” en materia de propiedad intelectual y pago de semillas. Bartolomé señaló que en Brasil “ocho de cada diez agricultores pagan por lo que nosotros desarrollamos; en la Argentina, tres de cada diez”. Esa diferencia se corresponde con distintas prácticas y marcos regulatorios en la región. Organismos y reportes del sector biotecnológico —como los que publica la ISAAA (International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications)— muestran que Brasil y Argentina fueron entre los primeros países de la región en adoptar biotecnologías, pero las políticas nacionales y la capacidad de fiscalización influyen en la captación de rentas por innovación.
Una política de propiedad intelectual clara y coherente es clave para incentivar la inversión privada en mejoramiento genético y para que las empresas —locales y extranjeras— confíen en invertir a largo plazo. Además, la seguridad jurídica facilita la transferencia de tecnología y la aparición de modelos de negocio basados en servicios (por ejemplo, datos por uso de variedades) que pueden multiplicar el valor agregado de la actividad agropecuaria.
Vaca Muerta, energía barata y la transformación de la cadena agroindustrial
Mariano Bosch vinculó buena parte de las oportunidades regionales con la energía: “Si hacemos alimentos y energías renovables y encima tenemos Vaca Muerta, que nos va a hacer más baratos nuestros alimentos, tenemos como región una oportunidad gigante”, dijo. El argumento es económico y estratégico: combustibles y gas más baratos reducen costos de producción, logística y procesamiento, incrementando la competitividad internacional de productos con mayor valor agregado.
Vaca Muerta, el yacimiento no convencional de la provincia de Neuquén, concentra grandes reservas de petróleo y gas shale. Su explotación requiere inversiones considerables en infraestructura, servicios y logística, y varias voces del sector y organismos internacionales han señalado que la estabilidad regulatoria, las asociaciones público-privadas y marcos fiscales previsibles son determinantes para atraer capitales que permitan escalar la producción. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) y otros analistas energéticos han subrayado que reservas como Vaca Muerta pueden aportar a la seguridad energética y competitividad industrial si se articulan políticas de largo plazo.
Bosch puso de ejemplo a Brasil: el desarrollo de los Cerrados y la política de combustibles —con el etanol como mercado impulsor— no sólo aumentó la producción, sino que generó demanda sustentable para cultivos como la caña y abrió oportunidades en generación de energía renovable. “Se decidió no solamente fomentar la producción, sino también la demanda y la logística”, recordó. Ese mix —política industrial, estabilidad y planificación— es el que, según los panelistas, falta en la Argentina para desarrollar cadenas de valor integradas, desde la producción primaria hasta la transformación y la exportación.
Transformar granos en alimentos con mayor valor agregado fue otro de los ejes del diálogo. Bosch destacó la lechería como un caso paradigmático: mientras Brasil registró una expansión notable en las últimas décadas, la producción argentina se mantiene cerca de niveles de hace 30 años. La diferencia no sería de condiciones naturales, destacó, sino de capacidad para sostener políticas y reglas que permitan planificar inversiones a largo plazo. En el sector lácteo, como en otros, la falta de previsibilidad desalienta la incorporación de tecnología, la renovación de rodeos y la ampliación de la cadena industrial.
Innovación, financiamiento y trazabilidad
Delfín Uranga subrayó la “tormenta perfecta” de tecnologías que ya conviven: generación masiva de datos en el campo, IA para analizarlos y blockchain para registrar información y dar trazabilidad. Esos tres elementos —datos, análisis y registro descentralizado— permiten mejorar el acceso a financiamiento (al reducir riesgos y ofrecer métricas verificables), abrir mercados (mediante trazabilidad y certificaciones) y optimizar procesos productivos.
En el mercado global ya existen plataformas que combinan trazabilidad y certificación con impacto comercial (por ejemplo, soluciones impulsadas por empresas tecnológicas y consorcios internacionales). Para que las empresas argentinas y regionales participen de esas cadenas es necesario integrar infraestructura digital, políticas de datos y estándares compartidos que faciliten la interoperabilidad.
El desafío de las reglas estables
La tesis que atravesó el panel fue una mezcla de oportunidad y advertencia: el potencial tecnológico y energético de la región puede convertirla en exportadora de soluciones y alimentos de mayor valor, pero la condición ineludible es la previsibilidad normativa y la capacidad de articular políticas de largo plazo que atraigan capitales y fomenten la integración regional. El reclamo fue doble: más incentivos para invertir y marcos regulatorios que protejan la innovación sin obstaculizar la difusión tecnológica.
Los panelistas reclamaron que la Argentina deje de “morderse la cola”: cambios de reglas frecuentes, controles de corto plazo y disputas regulatorias erosionan la confianza de inversionistas y frenan procesos de modernización. La recomendación implícita es una agenda que combine seguridad jurídica, promoción de inversiones en infraestructura (energía, transporte, digital) y acuerdos regionales que aprovechen la escala de mercados como Brasil para desarrollar y luego exportar tecnologías y productos.
El escenario que describieron empresarios del agro en el Cambras Business Day plantea una hoja de ruta: integrar energía competitiva, políticas de innovación coherentes y marcos de propiedad intelectual robustos para que la agroindustria argentina y sudamericana no solo aumente su producción, sino que capture mayor valor en cada etapa de la cadena. Queda en manos del sector público, privado y de la sociedad civil transformar esas propuestas en políticas concretas que habiliten la transición.


