Argentina podría producir y exportar mucho más proteína animal si resolviera una serie de cuellos de botella estructurales que hoy limitan la transformación local del maíz y la soja. Esa fue la conclusión central del panel integrado por representantes de las cadenas porcina, avícola, láctea y de huevos durante el Congreso Maizar 2026 en el Goldencenter. Aunque el país cuenta con una cosecha de maíz récord y capacidad técnica, factores como la carga impositiva, la logística, la falta de infraestructura, el acceso a mercados y la dificultad para financiar la modernización frenan inversiones y el agregado de valor interno.
¿Por qué transformar más maíz en proteína animal?
Argentina es uno de los principales productores mundiales de maíz y soja. Sin embargo, buena parte de esos granos se exporta sin transformar, perdiendo la oportunidad de generar productos de mayor valor agregado como carnes, huevos, lácteos procesados y alimentos balanceados. Convertir granos en proteína animal no solo aumentaría las exportaciones con mayor valor, sino que también potenciaría la industria local, la cadena de empleo y la renta agrícola-industrial. En palabras de Juan Kútulas, presidente de la Cámara Argentina de Productores Avícolas e Industrializadores (Capia): “Nosotros deberíamos ser un país exportador de proteína animal y no de maíz.”
Principales obstáculos identificados
1) Presión impositiva. Los empresarios coincidieron en que la carga tributaria sobre la producción y la comercialización de productos animales encarece la actividad y dificulta la competitividad externa. En el caso de la lechería, se citó que impuestos internos como ingresos brutos e impuesto al cheque representan alrededor del 7% del valor del producto antes de contar reintegros a la exportación. Sin reintegros suficientes, estos tributos se trasladan al precio final y reducen la capacidad de competir en mercados internacionales.
2) Costos comparativos y competitividad regional. Empresarios señalaron que frente a rivales como Brasil, Argentina sufre costos laborales altos y una estructura impositiva que gravita en cada movimiento del ciclo productivo. Eso vuelve más onerosa la internalización de procesos y reduce incentivos para ampliar exportaciones de cortes y subproductos.
3) Acceso a mercados y barreras políticas. Varias cadenas destacaron la importancia de abrir o regularizar destinos clave, especialmente China. En el caso de menudencias y otros productos específicos, los protocolos técnicos estarían listos para firmarse, pero demoran por decisiones políticas. La demora limita ventas a mercados con alta demanda por cortes que aquí tienen menor consumo interno.
4) Dificultad para exportar subproductos. En la cadena porcina, por ejemplo, sólo cerca del 40% de los cortes desarmados generan un valor superior al precio del animal en pie. El resto del 60% carece de mercado interno suficiente, aunque tiene demanda en regiones como el sudeste asiático. Sin posibilidad de exportar esos cortes, la oferta se concentra en pocas piezas y se pierde competitividad para reducir precios y mejorar márgenes.
5) Infraestructura y logística. La falta de infraestructura adecuada y costos de logística elevan los costos de llevar el producto desde el tambo, la granja o la planta de desposte hasta el puerto o al mercado interno. Problemas en transporte, almacenaje y trámites internos encarecen la cadena y restan atractivo a nuevas inversiones.
6) Financiamiento y renovación de granjas. La modernización de establos y granjas es un desafío, especialmente para productores pequeños y de edad avanzada que tienen dificultades para acceder a crédito. En avicultura se remarcó la necesidad urgente de financiamiento accesible para renovar granjas, ampliar capacidad y mejorar eficiencia sanitaria y productiva.
Herramientas que podrían impulsar la transformación
– Revisión de la carga tributaria y políticas de reintegros. Adecuar reintegros a exportaciones y revisar impuestos internos que gravan la cadena permitiría mejorar la competitividad de productos procesados frente a la exportación de grano crudo.
– Apertura y agilización de protocolos comerciales. Con mercados potenciales como China y el sudeste asiático listos para absorber cortes y subproductos, destrabar acuerdos técnicos y resolver temas sanitarios y políticos podría generar una salida rápida para volúmenes que hoy no tienen destino interno.
– Ley de warrant y herramientas para gestionar volatilidad. Una normativa de warrant más accesible y gestionada con costos razonables facilitaría a empresas, especialmente pequeñas, financiar stock y hacer coberturas frente a la volatilidad del precio del maíz. Hoy el instrumento existe, pero para muchos productores es demasiado caro y poco práctico.
– Políticas de crédito y programas para modernización. Diseñar líneas de crédito con garantías adecuadas y plazos compatibles con el ciclo productivo, más incentivos para la renovación de granjas y tambos, favorecería la inversión en eficiencia, inocuidad y sostenibilidad.
– Estrategias para diversificar mercados. Reducir la dependencia de pocos destinos (por ejemplo Brasil y Argelia en el caso de la lechería) mediante políticas comerciales, promoción y acuerdos bilaterales disminuiría la vulnerabilidad ante shocks externos y permitiría ampliar la cartera de exportación.
Impacto potencial
Si Argentina lograra transformar una mayor porción de su cosecha de maíz en proteína animal procesada, aumentaría significativamente las exportaciones de mayor valor agregado, generaría empleo calificado, mejoraría la balanza comercial y fijaría más renta en origen. Además, la posibilidad de acceder a mercados que demandan cortes y subproductos hoy no aprovechados permitiría mejorar la estructura de precios internos, bajar costos relativos y hacer más competitivas a las cadenas locales frente a productores extranjeros.
Conclusión
El diagnóstico del Congreso Maizar 2026 fue claro: Argentina tiene capacidad productiva, disponibilidad de granos y conocimiento técnico para escalar la producción de proteína animal, pero persisten cuellos de botella que condicionan inversiones y exportaciones. Resolver la presión impositiva, mejorar la logística, abrir mercados estratégicos, facilitar financiamiento y modernizar la infraestructura de producción son pasos claves para que el país deje de ser principalmente exportador de maíz crudo y pase a liderar exportaciones de carnes, huevos y alimentos con mayor valor agregado. La decisión política y la coordinación público-privada serán determinantes para transformar ese potencial en resultados concretos.


