Agradecimiento al hombre que encontró una vieja cosechadora averiada y con sus conocimientos la revivió

Ricardo Martínez Peck vivió un momento de reconocimiento y ayuda práctica al toparse con una cosechadora detenida junto a la ruta, a la salida de Campo del Cielo, en la zona turística de Gancedo, Chaco. Viajaba con su esposa, Matilde, y al ver a una familia que intentaba resolver la avería decidió acercarse, como suele hacer a lo largo de su trayectoria profesional. La máquina, una Vassalli 1200 fabricada en la misma época en que él trabajó en la planta de Firmat, se había quedado sin funcionamiento por una falla mecánica: llevaba años parada y había sido recientemente adquirida por un productor que la trasladaba desde Charata, Chaco, hacia el paraje Las Nenas, en Santiago del Estero.

Al inspeccionar la cosechadora, Martínez Peck identificó rápidamente el origen del problema. El motor era un Deutz clásico, muy conocido en ambientes rurales, y el sistema de inyección no había sido purgado correctamente tras años de inactividad. Explicó que, debido al tiempo que la máquina había permanecido en un playón de concesionario, el circuito de combustible podría haber acumulado agua o haber tomado aire. Con pocas herramientas y sin necesidad de repuestos, guió a los propietarios paso a paso para purgar el sistema de gasoil. Con la batería todavía con algo de carga, la cosechadora encendió al momento y los dueños se mostraron sorprendidos y agradecidos.

Días después, la hija del propietario lo reconoció y le envió un mensaje por Instagram para agradecerle: no solo habían logrado poner en marcha la Vassalli, sino que también alcanzaron su destino sin otros inconvenientes. Para Martínez Peck, la máquina corresponde probablemente a principios o mediados de la década de 1990, periodo en el que él trabajó en la histórica fábrica de Firmat. Aunque para muchos estos equipos son reliquias, él valora varias de sus virtudes, especialmente en condiciones de campo complicadas.

Una de las principales ventajas que destaca es el peso reducido de estas cosechadoras antiguas. Mientras que las máquinas modernas pueden superar las 30 toneladas en orden de marcha y carga, las unidades más livianas conservan la capacidad de operar en suelos con exceso de humedad o pisos críticos donde las megacosechadoras se hunden. En episodios de lluvias intensas, cuando las cosechadoras actuales quedan limitadas, suelen salir a la cancha los equipos más sencillos y robustos: “los gallineros con ruedas”, en la expresión popular, máquinas que han estado guardadas pero que, una vez puestas en marcha, pueden sacar la cosecha en condiciones difíciles.

Además del menor peso, Martínez Peck resalta el diseño de los sistemas de limpieza de las máquinas antiguas. Muchas contaban con una segunda unidad de limpieza, el cernidor, que permitía entregar cereal con un nivel de limpieza muy alto, casi listo para bag. Sin embargo, ese rendimiento dependía del conocimiento y la habilidad del operador: las viejas cosechadoras tenían numerosos elementos de regulación —él menciona hasta 14 ajustes críticos— que requerían un operario experimentado para optimizarlos. En su evaluación, los operarios veteranos eran verdaderos artesanos capaces de sacar mejor producto en determinadas circunstancias que máquinas más modernas manejadas por operadores menos experimentados.

En contraste, las cosechadoras actuales se han simplificado en el manejo y han trasladado muchas decisiones de ajuste a sistemas automatizados, basados en electrónica e inteligencia artificial. Martínez Peck reconoce que la IA y la automatización aportan ventajas significativas, especialmente cuando complementan a un buen operador; aun así, advierte sobre su dependencia de datos correctos. Si la IA recibe datos erróneos, las decisiones resultantes pueden ser inadecuadas. Por eso plantea que la tecnología no es infalible y que, aunque mejora la operativa, no reemplaza por completo la experiencia humana.

Otro aspecto que menciona es el modelo de negocio que acompaña a la gran maquinaria moderna. A nivel mundial, muchas empresas obtienen una parte considerable de sus ingresos no tanto por la venta del “fierro” sino por licencias, servicios y software asociados. Esa modalidad implica costos recurrentes y dependencia del proveedor. En su opinión, la Argentina podría verse en la necesidad de adoptar modelos más disruptivos, sobre todo frente a la llegada de fabricantes que ofrecen equipos con menos ataduras comerciales, como algunos proveedores chinos que entregan el tractor o la máquina sin licencias periódicas atadas al funcionamiento básico.

Martínez Peck además desarrolla asesoramiento técnico y brinda jornadas de capacitación a grupos CREA y a productores, donde transmite tanto conocimientos prácticos de mantenimiento y operación como reflexiones sobre las ventajas comparativas de distintos tipos de equipos. Advierte que, aunque las máquinas viejas tengan limitaciones en capacidad de trabajo frente a las modernas, en situaciones críticas suelen ser las que permiten resolver la cosecha. Para él, la combinación ideal no es excluir tecnología ni romanticismo por lo antiguo, sino reconocer dónde cada tipo de equipo rinde mejor: la robustez, la facilidad de reparación y el conocimiento técnico heredado pueden hacer la diferencia en campos con suelos complicados o condiciones meteorológicas adversas.

La anécdota en la ruta ilustra varios puntos: la vigencia de ciertos componentes clásicos como el motor Deutz, la utilidad de la experiencia para diagnosticar y solucionar problemas rápidamente, y la persistencia de máquinas bien diseñadas que, pese al paso del tiempo, continúan aportando valor. También subraya la importancia de la formación y del diálogo entre productores, técnicos y asesores, para que el uso de la tecnología agrícola —sea moderna o tradicional— sea más eficiente y menos dependiente de soluciones externas.

En resumen, la Vassalli 1200 que revivió en la ruta no solo fue un recuerdo para Martínez Peck, sino una demostración práctica de cómo la manutención básica, el conocimiento técnico y la idoneidad del operador siguen siendo factores decisivos en el rendimiento de la cosecha. La historia refuerza la idea de que la maquinaria agrícola actual y la antigua no son necesariamente antagónicas: cada una tiene ventajas en función del terreno, la tarea y la experiencia disponible, y la mejor estrategia pasa por combinar lo mejor de ambas según las necesidades concretas del productor.

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