Iraeta realiza un pedido inesperado al ruralismo y pide actitud proactiva para salir del estancamiento

Sergio Iraeta, secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, pidió este miércoles al sector agropecuario un cambio de actitud y más “onda” durante la apertura del Congreso Maizar. Su intervención, que combinó autocrítica y reclamo, buscó subrayar los avances de las políticas públicas hacia el campo y reclamar mayor reconocimiento y respaldo de productores y dirigentes rurales.

Un llamado inesperado al ruralismo
Lo habitual en encuentros del campo es que los productores y sus representantes expresen demandas al Gobierno. En esta ocasión, sin embargo, fue Iraeta quien mostró sorpresa por la recepción de su mensaje. Al recordar las medidas aplicadas en los últimos dos años por la Casa Rosada —baja de retenciones, eliminación de aranceles, desburocratización y levantamiento de trabas a las exportaciones—, el funcionario esperaba una reacción positiva que en la sala no se materializó. Tras una pausa sin aplausos, pidió explícitamente “un poco de flow, un poco de onda” para impulsar la recuperación del agro.

Actitud como factor clave
Iraeta planteó que el repunte del sector no depende solo de medidas técnicas o fiscales, sino también de una actitud colectiva. “Si no le ponemos un poco de ‘flow’ a la República Argentina y a lo que estamos haciendo, no vamos a salir nunca del pantano”, dijo, enfatizando que la disposición de sembradores, empresarios y productores es fundamental para traducir las políticas en resultados visibles. Para graficar su incomodidad, el secretario llegó a pedir a un colaborador que empezara a aplaudir para desencadenar la respuesta del público.

Memoria de tensiones pasadas y cambios de paradigma
El funcionario recordó la relación conflictiva entre el campo y los gobiernos del kirchnerismo, a los que señaló por “destratar” al sector, con medidas y discursos que lo colocaron como adversario. Según Iraeta, ese enfoque sirvió para sustentar mecanismos de captura y exacción hacia el campo durante más de dos décadas. Frente a ese pasado, destacó que el actual gobierno procuró revertir la situación con decisiones concretas orientadas a devolver competitividad al agro.

Entre las políticas que mencionó figuran la reducción de retenciones, la eliminación de aranceles, la simplificación administrativa y la eliminación de trabas a las exportaciones. Para Iraeta, esas acciones demuestran que el cambio no es solo discursivo sino efectivo, aunque reconoció que quedan pendientes y limitaciones presupuestarias que condicionan el alcance de las intervenciones.

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Frustración por las críticas internas
Un tramo de su exposición se centró en la frustración que le generan críticas internas al gobierno por medidas que, en su criterio, ya fueron favorables. Iraeta contó que la lectura de mensajes críticos en redes sociales de algunos productores le resulta desalentadora: “Bajás las retenciones y es como si no hubieras hecho nada”, afirmó, describiendo el desgaste que se vive cuando los logros oficiales no reciben reconocimiento suficiente dentro del propio sector.

Petición de respaldo y complicidad
El cierre del discurso fue una apelación explícita: el gobierno, dijo, necesita la ayuda del ruralismo para consolidar el cambio. Aunque admitió que hay asuntos pendientes, pidió colaboración para que las políticas en curso impacten en la producción y la competitividad. “Estamos haciendo dentro de las limitantes presupuestarias lo imposible para devolverle la competitividad al campo”, señaló, y subrayó que buena parte de los problemas del sector fueron ocasionados por decisiones políticas previas que limitaron su rendimiento y crecimiento.

Iraeta buscó también reescribir la narrativa: si el campo fue durante años presentado como el “villano” de una historia mal contada, ahora es necesario que los productores contribuyan a cambiar esa percepción con una actitud más positiva y comprometida. “Que el campo vuelva a ser o no el malo de la película depende de nuestra actitud como productores”, concluyó.

Reacción del auditorio y clima del congreso
El episodio dejó además una pista sobre el clima entre el Gobierno y el ruralismo: la falta de un aplauso espontáneo, la pause incómoda y la petición de crear aplausos desde el escenario muestran que la relación sigue siendo sensible y que las señales políticas requieren de un trabajo adicional para consolidarse en terreno. En el marco del Congreso Maizar, un foro clave para clubes de siembra, empresas del agro y dirigentes rurales, el llamado a la “onda” aparece como una invitación a construir consensos más que una exigencia.

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Implicancias para el sector
El mensaje de Iraeta pone en evidencia varias cuestiones que importan al agro argentino. Primero, la importancia de las políticas para mejorar la competitividad: reducción de retenciones, apertura de mercados y menor burocracia son señales que, en teoría, facilitan el incremento de la producción y las exportaciones. Segundo, la relevancia del clima de confianza: sin un entorno de expectativas positivas, las decisiones privadas de inversión y siembra pueden frenarse. Tercero, el papel de la comunicación interna: críticas públicas y en redes sociales pueden erosionar la percepción de los logros y dificultar alianzas necesarias entre el Estado y los actores privados.

Qué pueden esperar productores y dirigentes
Para que las medidas anunciadas tengan efecto, productores y empresarios agrícolas suelen necesitar certezas sobre precios, costos logísticos, acceso a financiamiento y previsibilidad normativa. El reclamo de Iraeta por mayor “onda” puede leerse como un intento de generar un cambio cultural que acompañe la política pública: mayor cooperación, menor beligerancia pública y un enfoque en aprovechar las oportunidades que se abren con la reducción de cargas y la apertura comercial.

Conclusión
En la apertura del Congreso Maizar, Sergio Iraeta combinó defensa de gestión, crítica retrospectiva a gobiernos anteriores y un llamado emocional a modificar la actitud del sector agropecuario. Más allá de la anécdota del silencio y el pedido de aplausos, el mensaje central fue claro: el Gobierno considera que ha actuado para recuperar la competitividad del campo, pero necesita que productores y dirigentes acompañen con una actitud positiva y comprometida. La respuesta del ruralismo a ese pedido —si opta por reconocer avances, exigir más o mantener la crítica pública— influirá en la dinámica futura entre el campo y las políticas públicas del país.

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