Consultor Javier Preciado Patiño dice que finaliza racha de 12 años sin inversiones en soja

Tras el anuncio de una nueva planta de molienda en Santa Fe por parte de Molinos Agro y ACA, el experto reconstruyó la evolución del cultivo en las últimas dos décadas y vinculó la caída del área sembrada con el diferencial de retenciones

La proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) para 2026 sitúa el valor del complejo agroexportador —medido por el concepto de DEX que agrupa a soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo— en US$4613 millones, apenas un 1 % por debajo de los US$4665 millones estimados para 2025. Esta cifra se mantiene lejos de los máximos alcanzados en 2021 y 2022, cuando el indicador llegó a US$8373 millones y US$9101 millones respectivamente.

El complejo de soja continúa siendo el principal aporte a ese valor, con una participación estimada de US$3275 millones y concentrando buena parte de la atención de la industria y los inversores. En ese contexto, la confirmación de una inversión por parte de Molinos Agro y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) por más de US$500 millones para una nueva planta de molienda en Timbúes, Santa Fe, aparece como una señal relevante para el sector.

La futura planta tendrá una capacidad nominal de 15.000 toneladas por día, lo que equivale a un consumo anual cercano a 5 millones de toneladas y puede modificar el mapa de procesamiento local si se concreta el crecimiento de oferta previsto. La empresa espera que ese aumento de oferta se potencie con el esquema oficial de reducción gradual de retenciones previsto desde enero de 2027.

Para el consultor de mercados Javier Peciado Patiño, la inversión va más allá de un proyecto industrial puntual y representa el inicio de un cambio de tendencia tras más de una década de ampliaciones que incrementaron la capacidad de molienda. Según su lectura, la decisión de Molinos Agro y ACA marca el fin de un período en que la expansión de plantas no fue acompañada por igual crecimiento de producción doméstica.

Cómo impactaron los DEX en la elección de cultivos

La historia reciente del complejo sojero argentino muestra cómo la política de derechos de exportación (DEX) incidió en las decisiones de siembra, desplazando superficie hacia el maíz en periodos clave. El diferencial de DEX entre soja y maíz, que inicialmente era de 3,5 puntos porcentuales, creció hasta alcanzar picos de casi 30 puntos porcentuales y modificó la ecuación económica de los márgenes brutos.

Ese desplazamiento provocó una reducción de la superficie de soja desde aproximadamente 20,5 millones de hectáreas a 16 millones de hectáreas, mientras que el maíz avanzó desde cerca de 6,9 millones hacia 10,6 millones de hectáreas. El resultado fue una caída acumulada en la oferta de soja que, combinada con eventos climáticos como la sequía histórica de 2023, llevó la producción cercana a 50 millones de toneladas desde máximos previos.

El consultor señala que la clave no fue tanto el nivel absoluto de las retenciones sino el incentivo relativo que generó el diferencial con el maíz, lo que desvió decisiones productivas durante años. En la práctica, si al productor que hace soja el Estado le retira el 30 % o 33 % del valor internacional, mientras que al que hace maíz se le retira el 12 %, existe un fuerte sesgo en la dirección de la producción.

En los últimos meses, el esquema oficial comenzó a achicar esa brecha y el diferencial de DEX se ubicó alrededor de 15,5 puntos, claramente por debajo de los niveles extremos de la década pasada. Las proyecciones oficiales señalan que ese diferencial podría descender a 13,5 puntos en 2027 y a 9,5 puntos hacia fines de 2028, una modificación con impacto potencial sobre las decisiones de siembra.

Para Peciado Patiño, la reducción gradual del sesgo tributario a favor del maíz puede provocar que parte de las decisiones productivas revertidas en la última década se corrijan en el mediano plazo. Esa reconfiguración del mapa agrícola tendría efectos sobre la demanda de capacidad de molienda y almacenamiento, por lo que la nueva inversión en Timbúes adquiere mayor significado estratégico.

Además de la variable fiscal, el especialista identifica factores estructurales que explican cambios en la oferta, como la ausencia de una ley de semillas que recompense a quienes invierten en mejoramiento y la limitada adopción de biotecnologías en algunos períodos. También menciona que mejoras en fertilización y manejo pueden compensar pérdidas de superficie con aumentos de productividad, aunque eso requiere tiempo y inversión.

La inversión anunciada por Molinos Agro y ACA aparece entonces como una apuesta a que las señales de política y la recuperación de la oferta impulsen un nuevo ciclo para el principal complejo exportador del país. Si se consolidan los ajustes en el esquema de DEX y la producción responde, la industria de molienda y el conjunto de la cadena agroindustrial podrían comenzar a recuperar parte de la capacidad productiva y de procesamiento subutilizada.

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