En el corazón del NOA, la Chacra Aapresid Latitud 28 está transformando la productividad local con riego y datos aplicados, y sus resultados llaman la atención por su magnitud y rapidez.
En apenas cuatro años, lograron **triplicar los rendimientos de trigo**, aumentar **60 %** los rindes de soja y **30 %** los de maíz respecto a los lotes a secano, un cambio que redefine la potencialidad agrícola de la región.

El proyecto busca consolidar cultivos de invierno de alto potencial para aumentar el rendimiento estival y aportar estabilidad frente a la variabilidad climática del NOA.
Ese objetivo no es menor: incorporar cultivo invernal rentable y sostener la productividad durante todo el ciclo puede cambiar balances técnicos y económicos de la región.
Una “chacra” del NOA que se hace fuerte con riego
La iniciativa reúne a productores del este de Catamarca y oeste de Santiago del Estero que aplican riego por aspersión y rotaciones con maíz destinado a semilla.
Empresas como Agropecuaria Mistol Ancho, Establecimiento San Patricio, Ea. Marmak, Grupo Delotte, LIAG SAU y La Guapeada S.A. impulsan este proceso junto a investigadores del INTA y la Universidad Nacional de Santiago del Estero.
La metodología se apoya en el modelo de Sistema Chacras, que combina experimentación en lote con intercambio entre científicos y productores.
Ese enfoque facilitó ajustes prácticos en riego, nutrición y manejo para adaptar tecnologías a las condiciones locales.
Un dato contundente marca la escala del avance: el trigo en secano promediaba entre **1.500 y 2.500 kg/ha**, mientras que ahora se obtienen rendimientos que superan **6.000 kg/ha** y muestran un potencial de **7.500 kg/ha**.
Para alcanzar esos techos se trabajó en dos líneas simultáneas: acortar la brecha productiva con nutrición y riego estratégicos y sostener la salud del suelo como base de la producción.
La Chacra se constituyó a fines de 2022 y comenzó actividades en 2023 con el objetivo de evaluar el potencial real del riego por aspersión sobre los principales commodities.
Además, se enfocaron en estudiar la salud del suelo, un aspecto clave cuando se intensifica la producción y circula maquinaria en condiciones de alta humedad.
Cambio productivo y desafíos técnicos
El clima regional presenta precipitaciones medias que varían entre **780 mm** y **630 mm** anuales con un régimen monzónico, concentradas en noviembre-abril, lo que hace al riego una herramienta decisiva.
Los suelos, en general profundos y de textura franca a franco-limosa, facilitan la implantación de cultivos con menor limitación por pedregosidad o sales solubles.
Con riego, la zona ganó la posibilidad de tener cultivos invernales con alto potencial y baja incidencia de enfermedades, lo que favorece la producción de semillas.
Ese cambio atrajo a empresas semilleras que expandieron superficie y consolidaron la actividad en la región.
El factor que más limitaba los rindes era la disponibilidad de agua y los “baches hídricos” que ocurren en secano, y el riego los cubre, aumentando y estabilizando la producción.
Por eso, uno de los logros destacados fue la reducción de la variabilidad anual y la previsibilidad para la logística y la comercialización.
Los cultivos de servicio se incorporaron como aliados para mantener el suelo activo y mejorar estructura, infiltración y control de malezas, donde la vicia villosa mostró gran desempeño.
También probaron centeno, melilotus, avena, trigo sarraceno, carinata y otros, buscando sinergias entre el servicio de los cultivos y el rendimiento del cultivo siguiente.
En términos agronómicos se trabajó afinando fecha de siembra, ciclos y germoplasma, y ajustando fertilización con nitrógeno y fósforo para “perforar” techos de rendimiento.
El próximo paso será prestar más atención a los micronutrientes, clave cuando la demanda hídrica está cubierta y se busca maximizar producción.
En lo económico, la inversión en riego aumenta costos operativos y expone a las empresas a fluctuaciones tarifarias, como la liberación reciente de tarifas eléctricas.
La respuesta fue diversificar fuentes energéticas, con la adopción de parques solares para complementar la red y mitigar el impacto del costo eléctrico.
Otra variable relevante es el flete: estar lejos de los puertos incrementa el costo por tonelada y obliga a pensar en agregado de valor en origen; el traslado puede implicar **USD 45** en flete por tonelada.
Por eso, la región impulsa producción de granos para semilla y especialidades con mayor valor agregado como estrategia de sostenibilidad económica.
En los sistemas bajo riego no hay barbecho definido, por lo que se exploran ventanas de cultivo para incorporar cultivos de servicio; por ejemplo se siembra vicia al finalizar la cosecha de soja para ganar **90 días** de ciclo.
En ensayos esa práctica mejoró el rinde de maíz para semilla en casi **900 kg/ha** frente al barbecho, y en poroto alcanzaron diferencias cercanas a **800 kilos** por hectárea, datos relevantes para la rentabilidad.
Los desafíos por delante son lograr una producción sustentable en el tiempo y diversificar cultivos hacia alfalfa, garbanzo, poroto y oleaginosas energéticas como colza, carinata y camelina.
Algunos productores con costo del milímetro favorable lograron hasta **6 siembras en 2 años**, demostrando la capacidad de intensificación con riego cuando se maneja adecuadamente.
Desde Aapresid y las empresas que integran la Chacra, la invitación es compartir conocimientos y ampliar la adopción responsable del riego en el NOA para consolidar una ventaja productiva regional.
Si ese proceso se acompasa con manejo de suelos, eficiencia energética y estrategias de mercado, la región puede convertirse en un polo de producción de semillas y cultivos de alto valor sostenible.


