Las legumbres partidas y descartadas para consumo humano representan un recurso poco aprovechado que puede transformarse en alimento para el ganado con beneficios productivos y ambientales. Su uso crece como alternativa viable frente a la suba de precios de los ingredientes tradicionales y la necesidad de reducir residuos en la agroindustria.
Incluir estas legumbres en formulaciones para bovinos y ovinos permite diversificar fuentes de proteína y energía manteniendo la productividad del rodeo. Además, su transformación en pienso reduce la pérdida de granos y subproductos en campos y plantas de procesamiento.
Legumbres como fuente de proteína y energía
En términos generales, las legumbres partidas presentan contenidos de proteína que rondan entre el 22 % y el 25 % y niveles de almidón variable según la especie, lo que las convierte en una alternativa energética interesante. Su almidón equivale aproximadamente al 40-50 % del almidón del grano de maíz, lo que aporta energía digestible cuando se usan correctamente en la dieta.
La digestibilidad de la materia seca y la energía metabólica de algunas legumbres puede ser comparable a la de cereales, siempre que el fraccionamiento y el procesamiento sean adecuados. Esto facilita su inclusión en raciones de engorde y en dietas de alta producción láctea, reduciendo la dependencia de harinas proteicas caras.
Incorporación en dietas de bovinos
Según experiencias de campo y estudios técnicos, las legumbres partidas pueden aportar entre el 20 % y el 35 % de la materia seca de la dieta, dependiendo de la categoría animal y del objetivo productivo. En muchos casos reemplazan en parte a fuentes tradicionales como la harina de soja o subproductos proteicos, sin afectar la performance cuando se balancean adecuadamente.
En lotes comerciales de engorde y recría se reportan buenos resultados con inclusiones del 20-25 % combinadas con granos, ensilados y suplementos minerales. En un establecimiento de Chasicó, Bahía Blanca, el uso de garbanzos partidos como parte de la ración mostró ganancias diarias de peso cercanas a 1,3-1,5 kg/cabeza/día y costos finales por kilo de carne entre USD 1,2 y USD 1,4/kg, según los productores consultados.
Perfiles nutricionales de legumbres partidas
Guisantes (pootos de arveja)
Los guisantes partidos presentan un contenido de proteína cercano al 23 % y una fracción de almidón que puede ubicarse entre el 40 % y el 45 %, lo que equivale al 60-70 % del almidón del maíz. Su digestibilidad de materia seca suele ser alta, en torno al 85-90 %, y aportan una energía metabolizable que puede alcanzar los 3,25 Mcal EM/kg de MS.
Garbanzos (enteros o partidos)
Los garbanzos partidos contienen entre el 22 % y el 25 % de proteína, con una energía metabolizable estimada en alrededor de 2,8 Mcal EM/kg de MS. Su digestibilidad de materia seca suele situarse entre el 77 % y el 79 %, lo que los hace adecuados para mezclas con otros ingredientes estructurantes.
Lentejas (enteras o partidas)
Las lentejas aportan entre el 23 % y el 25 % de proteína y aproximadamente 40 % de almidón, con una energía metabolizable cercana a 2,85 Mcal EM/kg de MS. Su digestibilidad de materia seca se encuentra en el rango del 80-82 %, posicionándolas como una alternativa intermedia entre guisantes y garbanzos.
Ventajas productivas y ambientales
Además de reducir costos de alimentación, el aprovechamiento de legumbres partidas evita el descarte de lotes que podrían generar contaminación o pérdidas económicas en plantas de procesamiento y cosecha. Su incorporación contribuye a una economía circular en el agro al transformar un subproducto en insumo valioso para la cadena cárnica y láctea.
Desde la perspectiva ambiental, disminuir el desperdicio de legumbres reduce emisiones asociadas al manejo y descomposición de granos descartados y optimiza el uso de recursos agrícolas. A su vez, reemplazar parcialmente ingredientes importados o concentrados intensivos en huella de carbono puede mejorar la sustentabilidad de las dietas animales.
Consideraciones prácticas y recomendaciones
Antes de incorporar legumbres partidas a raciones es clave evaluar su calidad, humedad, nivel de fines y posible presencia de contaminantes para evitar problemas de conservación y rendimiento. La formulación debe realizarse con asesoría técnica para balancear aminoácidos, fibra y energía según la categoría animal y el objetivo productivo.
El tamaño de partícula, el tratamiento térmico o el molido influyen en la digestibilidad y en la tasa de utilización de almidón y proteína, por lo que conviene ajustar el proceso industrial en función del uso final. También es recomendable realizar pruebas a campo con lotes piloto para medir desempeño y costos antes de una adopción a gran escala.
Las legumbres partidas constituyen una herramienta práctica para productores y la industria de alimentos balanceados que buscan alternativas rentables y más sostenibles. Con control de calidad y formulaciones ajustadas, pueden convertirse en un componente estratégico para reducir costos y aprovechar recursos disponibles en la cadena agroindustrial.
Este artículo fue elaborado para Palabra de Campo a partir de datos técnicos y experiencias de campo en nutrición animal, con el objetivo de ofrecer información clara y útil para productores, técnicos y empresas del sector. Para consultas técnicas específicas se recomienda contactar a un especialista en nutrición animal o al servicio técnico regional.




