Chile compra a pyme argentina importante subproducto para producir alimento para la industria salmonera

Doble L Bioenergías envió 120 toneladas de oleínas y ácidos grasos vegetales; en un mes se completarán 600 toneladas

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Doble L Bioenergías exporta oleínas y ácidos grasos a Chile y apuesta por la economía circular

La empresa santafesina Doble L Bioenergías exportó por primera vez 120 toneladas de oleínas y ácidos grasos destinados a la formulación de alimentos para salmón en la región de Chiloé, y prevé que el envío del mes alcance las 600 toneladas. Este movimiento marca un giro en su modelo: además de producir biodiésel, la planta diversificó su actividad aprovechando subproductos para generar productos con mayor valor agregado.

El director de la compañía, Marcelo Kuszkiez, explicó que la iniciativa forma parte de una estrategia de economía circular donde las gomas, boras y fracciones del biodiésel se transforman en materia prima para oleínas y ácidos grasos. Esa reconversión permite extender la cadena de valor local y abrir mercados exportadores para derivados que antes quedaban como residuos.

La venta al sector acuícola chileno incluye un paquete técnico: los aceites se incorporan a la formulación con una molécula de urea que evita su dilución en agua antes de que el pez lo consuma, lo que aumenta la eficiencia nutricional para los peces. El destino a la industria del salmón no sólo representa una salida comercial importante sino también un caso práctico de cómo subproductos del biodiésel pueden integrarse en cadenas alimentarias.

La lectura económica de este paso es clara: transformar residuos en productos comercializables mejora la rentabilidad de plantas regionales y contribuye a la sustentabilidad ambiental, dos elementos cada vez más valorados por compradores internacionales. Además, la demanda externa por insumos para la acuicultura, sobre todo desde Chile y Perú, abre una ventana de crecimiento para empresas agroindustriales argentinas.

Certificaciones, energía solar y el debate por la ley de biocombustibles

Doble L opera desde San Pedro, fue fundada en 2012 y comenzó un plan de diversificación una década después con una inversión inicial de US$2,5 millones que terminó acercándose a los US$12 millones. La planta cuenta con 500 paneles solares que abastecen parte de su consumo energético, lo que refuerza su narrativa de producción sostenible.

La compañía posee la certificación ISCC EU, un sello requerido para ingresar a mercados comunitarios por su trazabilidad y criterios ambientales, y obtuvo además un sello verde otorgado por la provincia de Santa Fe. Estas certificaciones no solo facilitan exportaciones sino que responden a exigencias crecientes de compradores que priorizan impacto ambiental y social positivo.

En el plano regulatorio, Kuszkiez es también presidente de la Cámara Santafesina de Energías Renovables (Casfe) y cuestiona la reforma de la ley de biocombustibles tal como está planteada, al considerar que favorece a grandes petroleras y amenaza a las pymes. Para proteger el tejido productivo local, desde Casfe proponen que el corte obligatorio alcance el 15 %, con el objetivo de potenciar el valor nacional y resguardar empleos regionales.

En el Congreso existen proyectos alternativos que modifican los cortes: uno promovido por el gobierno nacional propone elevar el corte obligatorio de biodiésel del 7,5 % al 10 % y el de bioetanol del 12 % al 15 % en el plazo de un año, lo que deja abierta la discusión sobre el ritmo y el alcance del cambio regulatorio. Las definiciones que tome la ley serán determinantes para la competitividad de plantas como Doble L y para la estructura de la cadena de suministro de materias primas.

Implicancias para la industria y el medio rural

Casfe advierte que la entrada de grandes compañías integradas que controlan la materia prima puede destruir a productores medianos y pequeños, al concentrar el mercado y limitar la competencia. Mantener un esquema que favorezca a las pymes resulta clave para mantener empleo en zonas rurales y diversificar la oferta industrial local.

El caso de Doble L ilustra que agregar valor a subproductos genera oportunidades de exportación y reduce residuos industriales, una práctica alineada con las tendencias globales hacia biocombustibles de segunda generación y cadenas de suministro más circulares. Además, la certificación y el uso de energía renovable posicionan a la empresa frente a mercados exigentes, donde la sustentabilidad es una variable comercial relevante.

Para los productores y responsables de políticas, la lección es doble: hay espacio para captar valor local y para servir mercados internacionales, pero eso requiere políticas que favorezcan a empresas de tamaño regional y marcos regulatorios estables. En un escenario de transición energética y cambio de normas, el equilibrio entre competitividad, sostenibilidad y desarrollo territorial será el factor que determine quién compite y quién queda rezagado.

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