Brasil supera Argentina en exportación de harina de soja y la expulsa del ranking mundial

Brasil le arrebató a la Argentina el primer puesto en exportaciones de harina de soja a comienzos de este año, un cambio que especialistas describen como estructural y no simplemente resultado de factores climáticos transitorios. Los datos oficiales muestran que, entre enero y abril, Brasil exportó 7,7 millones de toneladas de harina de soja frente a 7,5 millones de toneladas enviadas por la Argentina, un vuelco que pone en discusión la histórica preeminencia argentina en un negocio clave que aporta cerca de US$10.000 millones en divisas.

Evolución y cifras que alertan
Durante décadas la Argentina lideró cómodamente el mercado global de harina de soja. Sin embargo, la brecha se ha ido reduciendo con rapidez: hace diez años la diferencia entre ambos países era de 21 millones de toneladas; según proyecciones para la campaña 2026/27 esa distancia podría quedar en apenas 2,5 millones. Ese retroceso no es casual. En la campaña 2022/23 la sequía ya había impactado la producción argentina y permitió a Brasil superarla momentáneamente en exportaciones. Hoy, en cambio, las proyecciones señalan un desplazamiento más permanente.

Los informes del USDA (Wasde) apuntan en la misma dirección: entre las campañas 2024/25 y 2026/27 Estados Unidos aumentaría su molienda de soja en 8,2 millones de toneladas y Brasil en 6,8 millones, mientras que la Argentina registraría una leve caída de 200.000 toneladas. La Abiove —la asociación del sector oleaginoso brasileño— prevé, además, una molienda récord en Brasil de 62,5 millones de toneladas y exportaciones de harina por 24,8 millones, incluso por encima de las estimaciones del USDA.

Causas del desplazamiento
Analistas y dirigentes del sector coinciden en que el fenómeno responde a múltiples factores convergentes:

– Estancamiento de la producción argentina: La producción de soja en la Argentina no muestra el crecimiento esperado. En 2016 se proyectaba que para esta época el país produciría 65 millones de toneladas; la realidad colocó la cifra cerca de los 50 millones. Esa falta de expansión limita tanto las exportaciones directas de poroto como la disponibilidad para molienda.

– Políticas industriales y de biocombustibles externas: Brasil y Estados Unidos impulsan agresivas políticas que aumentan la demanda interna de molienda para la producción de biodiésel y diésel renovable. Ese empuje eleva el procesamiento de soja y, simultáneamente, genera mayores saldos exportables de harina. En Estados Unidos, la National Oilseed Processors Association (NOPA) registra aumentos interanuales de dos dígitos en la molienda, en buena medida vinculados al desarrollo del mercado de combustibles renovables.

– Estrategia de agregación de valor de Brasil: Brasil enfrenta una fuerte dependencia de China como comprador de poroto de soja. Para diversificar riesgos y mercados, busca agregar valor mediante el procesamiento y la exportación de harina, reduciendo así la vulnerabilidad asociada a la venta de granos sin industrializar.

Impacto en mercados clave
La pérdida de participación argentina ya se observa en compradores relevantes. Indonesia, principal importador mundial de harina de soja, adquirió 1,5 millones de toneladas desde Brasil en el primer cuatrimestre, frente a 826.000 toneladas procedentes de la Argentina en el mismo período. También hay movimientos en Vietnam: entre enero y marzo ese mercado aumentó sus compras desde Estados Unidos, pasando de 92.000 a 210.000 toneladas, una dinámica que refleja la competencia por mercados tradicionales de la harina argentina.

Consecuencias económicas
La harina de soja es uno de los principales generadores de divisas para la Argentina. Perder posicionamiento internacional en este rubro afecta no solo a la industria oleaginosa sino al conjunto de la economía, por el impacto en empleo, inversiones y flujo de divisas. La tendencia descendente en competitividad obliga a evaluar riesgos de largo plazo para la cadena sojera y para la balanza comercial.

Propuestas y medidas señaladas por el sector
Líderes y expertos del agroindustrial argentino plantean varios ejes de acción urgentes para revertir o mitigar la pérdida de competitividad:

– Aumento del corte obligatorio de biodiésel: Elevar el porcentaje obligatorio de mezcla de biodiésel en el gasoil doméstico aumentaría la demanda de molienda nacional y, por ende, la producción de subproductos con valor exportable. Se sugieren metas ambiciosas, y existen proyectos de ley que buscan llevar el corte al 10% o incluso a niveles del 15%. Implementar una política de biocombustibles más ambiciosa es visto como una herramienta clave para generar demanda interna y estimular la industria de molienda.

– Reducción gradual y acelerada de derechos de exportación: Bajar retenciones de manera sustentable en el tiempo reduciría costos y mejoraría la competitividad de los subproductos argentinos en los mercados globales. El sector reclama profundizar y acelerar las bajas anunciadas.

– Mejora de la logística y obras de infraestructura: La concreción de la concesión y mayor dragado de la hidrovía Paraná-Paraguay son prioridades para reducir costos de transporte y mejorar la conectividad hacia puertos. La modernización del sistema ferroviario de cargas y obras complementarias son también fundamentales para agilizar el flujo de granos y subproductos desde las zonas productoras hasta las plantas industriales y terminales portuarias.

– Políticas integradas y previsibilidad: El sector reclama reglas claras y previsibles para impulsar inversiones en plantas de molienda, capacidad industrial y logística. La falta de estabilidad regulatoria perjudica la toma de decisiones y el flujo de inversiones necesarias para recuperar terreno.

Diagnóstico final y urgencia
El consenso entre analistas como Javier Preciado Patiño y representantes del sector como Gustavo Idígoras es que la pérdida de liderazgo no es solo coyuntural: combina el estancamiento interno con estrategias de competencia externas que ya ofrecen resultados concretos. Para revertir la tendencia se requieren medidas integradas —políticas de biocombustibles robustas, reducción de costos vía menores retenciones, inversiones logísticas y modernización ferroviaria— y una agenda de corto y mediano plazo que ofrezca certidumbre a los productores y exportadores.

Si no se actúa con rapidez y coordinación, la Argentina corre el riesgo de perder de forma sostenida cuota de mercado en uno de sus principales complejos exportadores. Recuperar competitividad implica no solo políticas sectoriales sino una mirada estratégica sobre cómo agregar valor a la soja y cómo posicionar al país frente a rivales que ya apostaron por la industrialización y la demanda interna para potenciar sus exportaciones de harina.

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