Fenómeno Súper Niño podría provocar casi el doble de lluvias habituales, alertan autoridades meteorológicas

La Bolsa de Comercio de Rosario calculó las precipitaciones para los últimos tres meses del año en la región agrícola núcleo; podría registrarse un 30% más de lo habitual en octubre, un 70% más en noviembre y un 90% más en diciembre

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La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y su Grupo de Estudios Ambientales (GEA) ajustaron su sistema predictivo para estimar cuánto podría llover durante la campaña agrícola 2025/26 ante la presencia de El Niño, una variable clave para la siembra y la cosecha. La proyección pone en alerta a productores, acopios y transportistas por el riesgo de lluvias intensas que pueden afectar la logística y los rendimientos.

El cálculo se basó en los registros de 36 estaciones meteorológicas, la salida de 10 modelos climáticos y las series de precipitación de los últimos 50 años, según detalló GEA/BCR. Ese enfoque estadístico busca relacionar el comportamiento histórico de las lluvias con la fase del Pacífico y ofrecer escenarios de trabajo a campo.

Las cifras que preocupan: cuánto más podría llover

El informe señala que, en la región núcleo agrícola, las lluvias podrían superar lo habitual en primavera a medida que avance El Niño, con incrementos marcados en los meses clave de siembra y cosecha. Para octubre la proyección habla de cerca de 30 % más lluvia, para noviembre 70 % más y para diciembre 90 % más respecto del promedio histórico.

Los técnicos advierten que no solo importa la cantidad total, sino la distribución: lluvias concentradas en pocos días dejan ventanas de trabajo demasiado cortas para sembrar o cosechar y generan anegamientos. Esa dinámica eleva la posibilidad de cuellos de botella en maquinarias, acopios y caminos rurales, complicando la logística de la campaña.

Alfredo Elorriaga, consultor del GEA/BCR, subrayó que el modelo considera el efecto de un Niño fuerte o muy fuerte sobre las precipitaciones en la región central, pero no incorpora otros factores regionales o globales que podrían modular el resultado. Por eso los escenarios de precipitación tienen asociada una incertidumbre que obliga a mantener la vigilancia semanal de los pronósticos.

En la actualidad la temperatura superficial del Pacífico presenta una anomalía de 1,8 °C por encima de lo normal, mientras que hace un mes ese valor fue de 1,25 °C, lo que muestra un avance en la intensidad de la fase. Los modelos permiten picos máximos que podrían acercarse a 2,5 °C, aunque los expertos trabajan con un rango probable entre 2 °C y 3 °C.

Impactos esperados sobre cultivos y producción

El calendario agrícola hace que los meses más críticos coincidan con actividades sensibles: la siembra de soja de primera en octubre, la cosecha de trigo y las siembras de soja de segunda y maíz tardío entre noviembre y diciembre. El maíz tardío aparece como uno de los cultivos más expuestos porque su siembra puede coincidir con el momento de mayor inestabilidad, aumentando el riesgo de pérdidas por anegamiento y enfermedades.

Las lluvias abundantes pueden compactar la superficie, dificultar el normal desarrollo de plantas y reducir la eficacia de las labores de implantación y aplicación. En la campaña 2015/16, durante el último Niño muy fuerte, se estimó una pérdida de alrededor de 6 millones de toneladas de soja en Argentina como consecuencia de lluvias y temperaturas extremas, un antecedente que obliga a planificar.

Además de la precipitación, El Niño suele asociarse a temperaturas más altas: la fase 2015/16 tuvo el invierno más cálido en seis décadas en la región, y los modelos actuales muestran una probabilidad elevada de registrar un evento con características similares. Ese calentamiento puede combinarse con olas de calor en verano que, junto con episodios de humedad, afectan la sanidad y la madurez de los cultivos.

El informe también destaca que el Atlántico está más cálido de lo normal y que en julio ingresó aire húmedo y cálido sobre la región pampeana, lo que puede sumar humedad al sistema. Para el tramo final del año los modelos, en cambio, muestran una anomalía más fría en el Atlántico, por lo que la disponibilidad de humedad adicional dependerá de cómo evolucionen ambos océanos y la atmósfera.

En términos prácticos, los técnicos recomiendan que los productores prioricen la flexibilidad operacional y la toma de decisiones semana a semana, considerando la posibilidad de postergar siembras ante ventanas muy húmedas. Mantener alternativas de drenaje en lote, asegurar la disponibilidad logística y coordinar la capacidad de acopio son medidas clave para mitigar riesgos en caso de lluvias concentradas.

También se sugiere evaluar la calendarización de maíces y soja, explorar fechas tempranas de siembra cuando las condiciones lo permitan y revisar coberturas de seguros y contratos de comercialización para evitar efectos adversos sobre precios y costos. La vigilancia meteorológica y el contacto constante con las consultoras locales permitirán adaptar las decisiones conforme se acople la atmósfera al sistema oceánico.

La proyección de GEA/BCR no pretende dar certezas absolutas, sino escenarios probables que permitan anticipar riesgos y diseñar estrategias. En un contexto de mayor variabilidad climática, la preparación operativa y la rapidez para ajustar el plan de campaña serán factores decisivos para reducir pérdidas y aprovechar oportunidades.

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