El avance de El Niño y el aumento de las precipitaciones están reconfigurando las decisiones de siembra para la campaña 2026/27 en regiones agrícolas de la provincia, con efectos visibles en Bolívar, Carlos Casares y áreas cercanas a Mar del Plata.
Productores, técnicos y entidades rurales consultadas para esta crónica coinciden en que la acumulación de agua en los bajos y la incertidumbre climática obligan a cambios de estrategia que van desde la elección de cultivo hasta la forma de contrato de los campos.
Los sectores más afectados son los campos bajos que siguen con agua y con “playas” próximas a la superficie, lo que limita la capacidad de implantación de cultivos de fina y obliga a privilegiar cultivos menos sensibles al encharcamiento.
Ante este escenario, muchos productores evalúan aumentar la siembra de maíz frente a la soja, redistribuir lotes hacia ganadería o recurrir a contratos por porcentaje en lugar de alquileres fijos para compartir riesgo y resultado.
Cómo cambian las decisiones de siembra y alquiler
La vuelta a un patrón de lluvias más intenso ya se siente en los datos: en zonas de Bolívar el promedio anual pasó de cerca de 850 milímetros a alrededor de 910 milímetros, mientras que en Carlos Casares las marcas subieron desde valores entre 880 y 920 milímetros hasta cercanos a 1.000 y 1.050 milímetros.
Con los bajos aún anegados y charcos próximos a la superficie, nuevas precipitaciones podrían volver a dejar lotes anegados y forzar la decisión de dejar áreas fuera de siembra o cambiarlas de uso.
La incertidumbre climática también está transformando los acuerdos sobre campos alquilados, donde se observa una sustitución del alquiler fijo por contratos “a porcentaje” que reparten tanto el riesgo como la ganancia entre dueño y quien siembra.
Esta modalidad permite a propietarios y arrendatarios ajustar la exposición financiera frente a la posibilidad de una primavera con precipitaciones por encima de lo habitual.
La preocupación por la llegada de lluvias abundantes vuelve a poner sobre la mesa la diferencia de comportamiento entre cultivos: la soja suele ser más vulnerable a la humedad en las medias lomas porque requiere cosechar con menos agua en superficie, mientras que el maíz tolera cosechas con mayor humedad y su recolección puede operar con más centímetros de agua en el suelo.
Así, en territorios con bajos ya llenos, la tendencia a favor del maíz responde a menores riesgos operativos al momento de cosecha y a la posibilidad de recolocar superficies afectadas.
Reducción de fina y tensión financiera tras 2025
La campaña de fina registra una caída fuerte en superficie sembrada, con estimaciones locales que ubican la siembra de trigo y cebada en niveles muy por debajo de lo habitual para la zona, en parte por la necesidad de liquidez de los productores.
En una región donde típicamente se siembran alrededor de 20.000 hectáreas de trigo y entre 5.000 y 6.000 hectáreas de cebada, para la campaña 2026/27 se reportaron siembras apenas en el orden de 2.000 y 3.000 hectáreas respectivamente.
La razón no es solo climática sino también económica: muchos productores afrontan dificultades financieras después de las inundaciones de 2025 y recurren a ventas puntuales para poder sembrar en diciembre y atender deudas.
Ese flujo de caja obligatorio condiciona decisiones que antes eran agronómicas y ahora pasan por la necesidad de generar ingresos inmediatos.
En maíz, la cosecha avanzó y en general se mantiene la expectativa de que cerca del 60 % del maíz ya está cosechado en algunas zonas, aunque el dato varía según el lote y la presencia de agua en los bajos.
Los técnicos advierten que el avance de la cosecha y la humedad alta condicionan la logística y elevan el riesgo de pérdidas por calidad si las lluvias se intensifican en las próximas semanas.
Estrategias locales: tecnología y reconversión
En distritos como General Pueyrredón y zonas aledañas a Mar del Plata, la respuesta tiende a buscar eficiencia y a priorizar los mejores lotes para fines agrícolas, destinando otras superficies a ganadería o a cultivos menos demandantes en manejo.
Allí, los productores apuestan a más tecnología, manejo de suelos y selección de lotes para sostener resultados productivos en un contexto de mayor riesgo climático.
La expectativa de crecimiento del maíz para la gruesa y la mayor preferencia por contratos a porcentaje son señales de adaptación del sector ante la posibilidad de una primavera con El Niño activo.
Sin embargo, la campaña sigue condicionada por la combinación de agua en los bajos, humedad alta, escasez de heladas y limitaciones financieras que exigirán decisiones tácticas y soporte técnico cercano para mitigar riesgos.



