Trimestre histórico en exportaciones de lácteos: alcanzan mayor volumen del siglo por fuerte demanda internacional

La lechería argentina enfrenta una paradoja: las exportaciones y la producción crecieron con fuerza a comienzos del año, pero los tambos sufren pérdida de rentabilidad, reducción de la participación en el precio final y una presión financiera creciente. Ese es el diagnóstico que arroja el último informe del Ieral de la Fundación Mediterránea, que analiza indicadores de actividad, precios y deuda del sector lácteo en el primer trimestre.

Exportaciones y producción en alza
Entre enero y marzo, la cadena láctea alcanzó el mayor volumen exportado para un inicio de año del siglo. Medido en litros de leche equivalentes, los embarques promediaron 268 millones de litros mensuales, un 16% más que en el mismo período del año anterior; el trimestre superó los 800 millones de litros en total. El impulso exportador se apoyó en mayores envíos de leche en polvo, quesos, manteca y otros derivados, y representó cerca del 30% de la leche cruda producida en el país.

En paralelo, la producción interna mostró recuperación: la oferta de leche cruda promedió 889 millones de litros mensuales durante el trimestre, lo que implicó un aumento interanual del 9,4% y ubicó el nivel 5,4% por encima del promedio histórico de primeros trimestres entre 2000 y 2024. Este repunte ayudó a recomponer parcialmente la oferta tras los mínimos alcanzados en 2025, aunque también tensó el equilibrio de precios dentro de la cadena.

Caída real del precio recibido por el productor
A pesar del dinamismo productivo y exportador, el precio que reciben los tambos se deterioró de manera sostenida. En el primer trimestre el precio promedio de la leche cruda fue de $514 por litro (valor en pesos); medido a valores constantes resultó un 19% inferior al de un año atrás y también 19% por debajo del promedio histórico de las últimas dos décadas. En términos de dólares constantes, el productor promedió US$0,35 por litro, un 22% menos que en igual período de 2025. La caída de la cotización viene desde mediados de 2024 y, aunque en los meses recientes hubo una recuperación parcial en dólares, el precio real sigue significativamente por debajo del año anterior: en abril lo recibido por los tambos estaba 18% real abajo en la comparación interanual.

Menor participación del productor en el precio final
La caída del precio de la materia prima fue más pronunciada que la de los productos lácteos en góndola. La participación del productor primario en el valor de una canasta de lácteos cayó a 23,2% en abril, el nivel más bajo de la última década y por debajo del histórico aproximado del 28%. Entre marzo de 2025 y marzo de 2026, los productos lácteos en las góndolas registraron una baja real del 11%, mientras que lo que percibe el productor se redujo un 18% en términos reales. Ese desfasaje evidencia que la cadena no trasladó proporcionalmente la caída de la materia prima al precio final, afectando la rentabilidad de los tambos.

Rentabilidad y condiciones operativas
Según OCLA-INTA, la rentabilidad promedio de la actividad tambera fue negativa: -0,9% en marzo, el quinto mes consecutivo por debajo de cero y el peor marzo en la última década. Un año atrás la rentabilidad había sido positiva en 3,7%. Este deterioro se traduce en márgenes operativos estrechos o inexistentes para muchos productores, que enfrentan costos crecientes y salarios pendientes de ajuste frente a ingresos cada vez menores en términos reales.

Industria exportadora: márgenes brutos mejores, pero con aclaraciones
En la industria, la fotografía es más favorable. El margen bruto exportador para la leche en polvo entera promedió 22,7% en el trimestre, sobre el 13,2% del año anterior. No obstante, la mejora de margen se explicó menos por un salto de precios internacionales y más por la baja del precio pagado al productor, que cayó más (19%) que el precio de exportación (12%). Además, esos márgenes informados son brutos: la industria afronta costos energéticos, logística, procesamiento, amortizaciones, financiamiento y gastos comerciales que pueden reducir significativamente el resultado neto. Por lo tanto, la aparente mejora no implica necesariamente una marcada revalorización de la rentabilidad industrial.

Endeudamiento y calidad crediticia en deterioro
Otro punto crítico es la deuda bancaria de los tambos, que al cierre del primer trimestre volvió a ubicarse entre los niveles más altos del registro histórico. El saldo era de $478.401 millones, equivalente a aproximadamente 970 millones de litros de producción, y representa el 8,2% de la producción nacional anual —un nivel comparable con los máximos observados entre 2015 y 2018. Paralelamente, la calidad de la cartera empeoró: la irregularidad crediticia subió al 4,7%, más del doble del promedio histórico del sector. La morosidad golpea con especial intensidad a las provincias productoras principales: Córdoba registra 6% y Santa Fe 5,7% de morosidad.

Implicancias para el sector y desafíos inmediatos
El cuadro que dibujan los datos es de una cadena con buena performance en exportaciones y recuperación productiva, pero con tensiones estructurales que afectan a los productores: precios reales a la baja, participación reducida en el precio final, rentabilidad negativa y mayor endeudamiento con peor calidad de cartera. Estas señales pueden limitar la capacidad de inversión de los tambos, frenar mejoras tecnológicas y aumentar la vulnerabilidad ante variaciones climáticas o shocks de costos.

Para estabilizar la actividad y mejorar la sostenibilidad del sector, las medidas de política pública y las decisiones empresarias deberían enfocarse en: 1) recomponer precios relativos que permitan márgenes operativos mínimos para los tambos; 2) facilitar condiciones de crédito y reestructuración de deudas para productores con dificultades; 3) promover eficiencia logística y energética en la industrialización para que la mejora de márgenes sea más sólida; y 4) mantener estrategias de inserción exportadora que aprovechen la demanda internacional sin sacrificar la sostenibilidad de la producción doméstica.

En síntesis, la lechería argentina vive una etapa de crecimiento en volumen y en ventas externas, pero afronta un doble desafío: convertir esa mejora en ingresos reales para los productores y contener la creciente presión financiera que amenaza la continuidad y modernización de los tambos. Sin acciones coordinadas, el ajuste de precios y la acumulación de deuda pueden erosionar la capacidad productiva alcanzada en los últimos trimestres.

MAS NOTICIAS

Most Popular