Soil Health Institute presentó en Rosario una metodología práctica para medir la salud del suelo
En un auditorio lleno durante el congreso organizado junto a Expoagro, el Soil Health Institute (SHI) presentó una metodología diseñada para medir la salud del suelo de manera simple, comparable y aplicable a gran escala. Esta propuesta busca dar respuestas concretas a productores, empresas y responsables de políticas que exigen datos verificables sobre el impacto ambiental de las prácticas agrícolas.
La charla mostró por qué medir la salud del suelo ya no es una discusión académica sino una necesidad para la cadena agroalimentaria y los mercados de carbono. Medir permite demostrar con datos cómo responde el suelo a prácticas como la siembra directa, la rotación y los cultivos de cobertura, y así respaldar decisiones de manejo y negocios.
Qué midió el proyecto y cómo se hizo
El SHI coordinó el llamado Proyecto Norteamérica para evaluar mediciones de salud del suelo, que incluyó 124 sitios de investigación en Estados Unidos, Canadá y México con entre 15 y 20 años bajo distintos sistemas de manejo. En cada sitio se realizaron más de 30 mediciones por lugar para comparar parámetros físicos, químicos y biológicos del suelo.
El objetivo fue identificar un conjunto reducido de indicadores confiables, útiles y escalables para uso en campo y toma de decisiones comerciales y políticas públicas. Tras comparar metodologías científicas y comerciales, el SHI seleccionó mediciones que equilibran precisión y aplicabilidad a gran escala.
Indicadores recomendados y resultados promedio
El estudio propone priorizar cuatro indicadores: concentración de carbono orgánico, estabilidad de agregados, potencial de mineralización de carbono y capacidad de retención de agua disponible. Según la exposición, estos indicadores permiten evaluar la actividad biológica, la estructura del suelo, la infiltración y la disponibilidad de agua para los cultivos.
En los escenarios comparados, la concentración de carbono orgánico pasó de 0,8 % a 1,7 % y 2,2 % según el tipo de manejo, mientras que la estabilidad de agregados aumentó de 0,21 a 0,36 y 0,49. El potencial de mineralización de carbono mostró incrementos desde 8 hasta 45 y 94, y la capacidad de agua disponible en los primeros 15 cm se reflejó en valores efectivos de hasta 22,5 cm en ciertos manejos.
Demostración en campo: la diferencia después de una lluvia
Para ilustrar la diferencia práctica, la ponente mostró dos lotes tras una lluvia: uno bajo labranza convencional con erosión y costra superficial, y otro con siembra directa y cultivos de cobertura que favorecieron la infiltración. La comparación visual y los datos vinculados a la infiltración fueron usados como ejemplo de cómo la salud del suelo se traduce en resiliencia climática.
La investigadora sostuvo que, frente a periodos cada vez más extremos —muy húmedos, muy secos, muy calurosos o muy fríos—, cuidar los suelos es imprescindible para reducir riesgos productivos. Ese argumento conecta la medición de indicadores con la adaptación al cambio climático y la continuidad de la producción.
SLAKES: una app gratuita para medir estabilidad de agregados
El SHI impulsó SLAKES, una aplicación gratuita que mide la estabilidad de agregados por análisis de imágenes y una prueba de mojado controlado, donde se fotografía el agregado, se añade agua y se vuelve a fotografiar a los 10 minutos. La app fue desarrollada en 2023 junto con la Universidad de Sídney y acumula más de 7.000 descargas en instalaciones internacionales.
SLAKES ya fue utilizada en 23 publicaciones científicas y en trabajos en 12 países, incluyendo investigaciones en oxisoles de Brasil, lo que demuestra su aplicabilidad en suelos tropicales y templados. La herramienta busca facilitar mediciones replicables con recursos mínimos: un teléfono, agua y material de campo básico.
Precisión, escalabilidad y uso en la cadena agroalimentaria
Al comparar metodologías, el método de la Universidad de Cornell resultó el más preciso, aunque su adopción comercial se ve limitada por requisitos de tiempo y espacio. Por eso el SHI priorizó métodos que, aun siendo robustos, sean prácticos para laboratorios y para mediciones de campo a gran escala.
El instituto entrega a cada productor un reporte que compara su lote con tres referentes: suelo de alta calidad regional, manejo habitual de la zona y el sistema evaluado, incluyendo pH, conductividad eléctrica, textura, carbono orgánico y otros parámetros medidos a dos profundidades. Según la presentación, “si podés medirlo, podés manejarlo”: un enfoque pensado tanto para el productor como para compradores y reguladores.
Alcance y conclusiones para la Argentina rural
Hasta ahora el trabajo del SHI alcanzó unas 19 millones de acres —unos 7,7 millones de hectáreas— distribuidos en distintas regiones de Estados Unidos y Canadá, y el modelo busca ser replicable en otras áreas de producción. Para la cadena agroindustrial argentina, la metodología ofrece un marco para evidenciar mejoras de prácticas regenerativas y facilitar la integración en mercados que exigen trazabilidad ambiental.
La ponente rechazó la idea de reducir la salud del suelo a un único índice y defendió su carácter multifuncional, proponiendo analizar por separado la captura de carbono, la infiltración, la actividad biológica y la resistencia a la sequía. En resumen, la propuesta del SHI busca combinar herramientas científicas robustas con practicidad para que productores, empresas y políticas puedan demostrar y gestionar la salud del suelo con datos.



