Productor de La Consulta reemplaza manzanos por ciruelas ante la caída de rentabilidad
Claudio Giusti, productor de La Consulta y presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Mendoza (CAR Mendoza), decidió reemplazar parte de sus plantaciones de manzano por ciruela D’Age orientada al desecado ante la pérdida de rentabilidad del cultivo. Desde su finca de 24 hectáreas en el Valle de Uco cuenta que la decisión no fue emocional sino económica: los números ya no cierran para la manzana.
Giusti recuerda que su padre plantó los manzanos cuando él tenía 11 años y que ese vínculo familiar pesó al tomar la resolución, pero la recurrente baja de precios y las heladas que redujeron rendimientos aceleraron el cambio. El productor afirma que la manzana hoy “no da los costos” y que mantener el cultivo dejó de ser sostenible.
La campaña pasada la finca registró un rendimiento de aproximadamente 10.000 kilos por hectárea en manzana por efecto de heladas y floraciones fallidas, frente a un potencial habitual que se sitúa entre 40.000 y 50.000 kilos por hectárea. Con esos volúmenes Giusti dice que “no se cubren nada; llegás incluso a cubrir el 10 % de los costos”, por lo que la ecuación productiva se vuelve insostenible.
Para la última temporada, según el productor, la ciruela pagó entre $600 y $700 por kilo con un rendimiento potencial de hasta 30.000 kilos por hectárea, mientras que la manzana destinada a jugo recibió precios cercanos a $370 por kilo. Esa diferencia de ingresos y salida comercial impulsó la búsqueda de alternativas con mercados más estables y mejor precio por tonelada.
Del huerto tradicional a plantaciones de mayor densidad
Giusti explicó que los manzanos que había decidido remover eran plantaciones antiguas con un marco de plantación de 5 x 5 metros, un sistema que hoy es menos competitivo frente a los marcos intensivos. Las nuevas plantaciones de ciruela se hacen con distancias menores entre hileras y plantas para aumentar densidad y rendimiento por hectárea.
El productor reemplazó casi dos hectáreas de manzano por otras tantas de ciruela D’Age, variedad destinada mayormente al desecado y con demanda de exportación. Según Giusti, buena parte de esa producción tiene salida al exterior y hay mercados abiertos como China y España, lo que facilita la decisión cuando hay comprador asegurado.
El cambio de cultivo no es instantáneo: la ciruela necesita varios años para expresar su potencial productivo y la primera cosecha relevante llega a partir del tercer año. Giusti aclara que la producción completa suele alcanzarse entre el cuarto y el sexto año, por lo que requiere sostener la finca con recursos hasta que el nuevo cultivo sea rentable.
Para amortiguar el período de transición, el productor aprovechó que ya contaba con relaciones comerciales con un secadero que puede recibir la fruta y así mitigar el riesgo de colocación. Además, la adquisición de plantas injertadas de vivero —que, según Giusti, estaban disponibles tras cierta dificultad inicial— le permitió iniciar la plantación este año.
Contexto regional y decisiones de gestión
La experiencia de Giusti refleja un fenómeno más amplio en zonas frutícolas donde la variabilidad climática y la presión de costos obligan a reconvertir sistemas productivos. En el Valle de Uco y otras áreas del sur mendocino se observa un aumento en plantaciones de ciruela y otras frutales con destino industrial o de exportación por su mayor previsibilidad comercial.
Además de la reconversión, Giusti mantiene la viticultura en la finca, que en su caso forma parte de una cooperativa que le permite sostener esa actividad con mayor resiliencia. El productor reconoce que hoy “es muy complicado vivir acá de la producción” si se ata todo a un solo cultivo, por lo que diversificar es una estrategia para reducir riesgo.
En años anteriores la finca ya había hecho reconversiones similares —por ejemplo reemplazando perales por ciruelos— y Giusti destaca que algunas decisiones previas le dieron ventajas competitivas, aunque no todas aseguraron mercados de inmediato. La lectura del productor es clara: la agricultura familiar y empresarial debe combinar tradición con pragmatismo para mantener la sustentabilidad económica y productiva.
La historia de Giusti sirve como aviso para otros productores que enfrentan costos crecientes, mercados volátiles y eventos climáticos más frecuentes, y subraya la necesidad de planificar plazos, financiamiento y canales de comercialización. Cuando el precio y el clima dejan de asegurar la rentabilidad, la paciencia y la visión comercial pasan a ser la herramienta más útil del productor.



