San Carlos desarrolla orégano con identidad geográfica y valor agregado mediante prácticas sostenibles

La Indicación Geográfica, primera a nivel mundial para un cultivo de orégano, comenzó a llegar a los envases y busca darle un nuevo impulso a una economía regional con más de 100 productores y unas 1.200 hectáreas cultivadas en Mendoza. 

La Indicación Geográfica “Orégano de San Carlos” busca cambiar la regla de juego para una producción tradicional del Valle de Uco y convertirla en un producto con identidad y mayor valor agregado.

La iniciativa responde a un problema concreto: durante años gran parte del orégano mendocino salió a granel y perdió la referencia de origen al ser fraccionado en otras provincias.

El sello, otorgado tras un proceso de certificación que demandó más de tres años, comenzó a aparecer en envases con una etiqueta de seguridad administrada por la Sociedad Rural del Valle de Uco hace apenas unos meses.

Según productores, la marca territorial pretende replicar beneficios que otras Indicaciones Geográficas lograron al asociar origen y calidad para conseguir mejores precios en el mercado.

El protagonismo local tiene un móvil económico y técnico: capturar un diferencial que ahora se diluía cuando el producto se vendía sin referencia y, en algunos casos, era mezclado con partidas importadas de menor calidad.

Para productores como Gonzalo Appiolaza, de la firma Mardegan, la implementación de la etiqueta es el primer paso visible de un proceso que demoró años y empezó a usarse de forma regular en los últimos seis meses.

¿CÓMO Y DÓNDE SE PRODUCE EL ORÉGANO DE SAN CARLOS?

El área productiva concentra aproximadamente 1.100 o 1.200 hectáreas cultivadas y reúne a más de un centenar de productores, la mayoría de escala familiar.

La precisión del dato se volvió más difícil tras la eliminación del organismo provincial que antes contabilizaba estas superficies, aunque la Sociedad Rural trabaja en registros propios para ampliar la certificación.

Históricamente la mayor parte de la cosecha salía de Mendoza en volumen hacia mercados regionales y era fraccionada fuera de la provincia, perdiendo trazabilidad y a veces identidad organoléptica.

Hoy son cinco las empresas certificadas bajo la Indicación Geográfica, con el objetivo de incorporar progresivamente a más productores al sistema de controles y comercialización con sello.

¿QUÉ HACE DIFERENTE AL ORÉGANO DE SAN CARLOS?

El diferencial arranca en el territorio: la notable amplitud térmica, los suelos de piedemonte y el manejo del agua del Valle de Uco favorecen una mayor concentración de aceites esenciales.

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Ese perfil químico es el responsable del aroma intenso que hoy distingue a los lotes certificados frente a otros orígenes más neutros.

Además del terroir, existe un trabajo de mejoramiento varietal junto al INTA que exigió al menos un 30 % de la mezcla certificada con el llamado orégano compacto, de mayor intensidad aromática.

La sinergia entre genética, manejo y clima define un producto con atributos detectables en controles sensoriales y análisis físico‐químicos.

UN PROTOCOLO PARA PRESERVAR LA CALIDAD

La Indicación Geográfica obliga a que todas las etapas —desde la implantación hasta el fraccionamiento— se realicen dentro del área delimitada para garantizar origen y trazabilidad.

El protocolo fija parámetros estrictos: hojas enteras, color verde brillante, casi sin polvo ni tallos, y evaluación por un panel integrado por especialistas del INTA, el INTI y la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo.

La implantación se realiza con esquejes de plantas madre, el cultivo se mantiene hasta la cosecha mecánica en diciembre y luego pasa por trillado y zarandeo para separar hojas y eliminar impurezas.

Una de las claves locales es el secado al sol, posible por la alta radiación y baja humedad del valle, que preserva mejor los aceites esenciales sin necesitar combustión.

EL ENEMIGO SILENCIOSO DEL ORÉGANO

La adulteración mediante mezclas con otros materiales vegetales fue durante años una competencia desleal que perjudicó a productores que trabajan con estándares.

Appiolaza advierte que cuando hay 20 %, 30 % o incluso 50 % de adulteración aparecen miles de kilos que se venden como orégano y deterioran la reputación del conjunto.

La Indicación Geográfica incorpora auditorías de campo, controles de trazabilidad y análisis físico‐químicos para proteger al productor y al consumidor.

Ese marco de aseguramiento es la base para reclamar un precio distinto por un producto que ahora podrá demostrarse como originario y de calidad.

LA PRÓXIMA APUESTA: VENDER IDENTIDAD

Hasta ahora las exportaciones se concentraron en ventas a granel hacia Brasil, Paraguay y Uruguay, pero la expectativa es comercializar fraccionado con identidad de origen.

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Los productores ven la certificación como el inicio de un desarrollo que incluye nuevo valor agregado, acceso a mercados más exigentes y potenciales vínculos con el turismo rural.

La experiencia del orégano se integra además en el proyecto territorial Camino de Indias, que busca aplicar el modelo de diferenciación a otras aromáticas y plantas medicinales del valle.

El objetivo a largo plazo es que el consumidor pague por una experiencia y una calidad asociadas al lugar de producción, y no sólo por una especia cualquiera.

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