La campaña de trigo 2026 empieza a definirse en un contexto donde el clima acompaña, pero los números todavía generan dudas. Los perfiles de humedad muestran una base productiva sólida, aunque la presión de costos y la volatilidad de los insumos vuelven a condicionar las decisiones del productor.
En ese escenario, las empresas del sector también ajustan su estrategia para sostener el vínculo comercial y facilitar el acceso a tecnología. “Decidimos mantener los valores, no salir corriendo atrás de los precios. Extendimos los plazos y sostuvimos condiciones para acompañar la campaña”, explicó Gabriel Lema, presidente de Kioshi Stone, en diálogo con Palabra de Campo .
La decisión aparece en un momento sensible, donde el productor todavía está terminando de cerrar la campaña gruesa y analiza con cautela el próximo paso. La incertidumbre no es solo económica, sino también operativa, porque el ritmo de cosecha y las condiciones del suelo influyen directamente en la planificación.
“El momento que transita hoy el productor es un momento medio de tensión, de terminar de cosechar, y hasta que no tiene embolsado el último verano es difícil de salir a pensar cómo sigue la campaña”, describió Lema .
Un arranque con agua, pero con desafíos
Desde el punto de vista productivo, el trigo parte con una ventaja clara respecto a otros años. Las lluvias recargaron los perfiles y los pronósticos anticipan un escenario climático que podría sostener esa disponibilidad.
“Para el trigo fue una de las mejores cosas que le pasó esto de empezar a sembrar con agua, y probablemente pase este año también. Va a ser un año Niño, con lo cual agua tendríamos”, sostuvo .
Ese contexto genera expectativas de buenos rindes, aunque también introduce complicaciones en algunas zonas donde los excesos pueden retrasar las labores. El productor, una vez más, debe encontrar equilibrio entre oportunidad y riesgo.
“Siempre bienvenida el agua, pero trae esta problemática. No nos queda otra que adaptarnos a lo que hay”, resumió .
Costos, fertilizantes y decisiones estratégicas
Más allá del clima, el foco del negocio está puesto en los costos, especialmente en los fertilizantes, cuya evolución depende en gran medida del escenario internacional. La tensión en Medio Oriente y la logística global siguen generando ruido en los precios.

“Hoy todo el mundo está viendo tema precios, disponibilidad y logística. Pareciera que van a bajar, pero no van a volver a los precios históricos en el corto plazo”, advirtió Lema .
Aunque hubo señales de alivio, como la baja del petróleo, la transmisión hacia los insumos no es inmediata. La cadena arrastra costos y genera un escenario donde la previsibilidad es limitada.
“El petróleo bajó, pero todo esto pega en el negocio. La cadena se va arrastrando y no es inmediato”, agregó .
Frente a esta realidad, la fertilización vuelve a ocupar un rol central en la estrategia productiva. La decisión no pasa solo por cuánto aplicar, sino por cómo hacerlo de manera más eficiente.
“Hay que estar muy atentos al tema costo. El valor del trigo tampoco es tan auspicioso, pero tenemos perfil de agua. La pregunta es qué hacemos con la fertilización”, planteó .
Tecnología y eficiencia como eje
En ese contexto, la eficiencia en el uso de insumos aparece como una de las principales herramientas para sostener la rentabilidad. Las nuevas tecnologías buscan justamente reducir pérdidas y optimizar la respuesta del cultivo.
“Estamos trabajando con nanopartículas que actúan como carrier del nitrógeno, lo que permite una absorción más eficiente sin gasto energético y evitando pérdidas típicas de la fertilización tradicional”, explicó Lema .
El sistema permite además flexibilizar el manejo, integrando la fertilización con otras prácticas y reduciendo costos operativos. Esa capacidad de adaptación se vuelve clave en campañas atravesadas por múltiples variables.
“Esto permite trabajar con volúmenes más chicos, con equipos de pulverización normales y solapar aplicaciones con otros tratamientos. Da mucha flexibilidad para definir la estrategia”, detalló .
El desafío de la calidad y el cambio de escenario
La campaña anterior dejó una enseñanza clara para el sector: altos rindes no siempre garantizan calidad. El equilibrio entre volumen y calidad sigue siendo uno de los principales desafíos estructurales del trigo argentino.
“El año pasado los rendimientos acompañaron muchísimo, pero pagamos un poco en calidad. En Argentina convivimos con una subfertilización estructural”, reconoció .
Ese comportamiento también estuvo condicionado por la necesidad de recomponer márgenes tras campañas complejas. El productor priorizó liquidez en un contexto de distorsiones económicas.
“Fue una campaña donde el productor buscó hacer caja y normalizar cuentas, después de años muy complejos”, señaló .
Sin embargo, el escenario actual podría marcar un punto de inflexión si se consolidan algunas variables positivas. Mejores condiciones productivas y una mayor estabilidad permitirían decisiones más agresivas en inversión.
“Esta campaña es diferente. Hay condiciones para que el productor haga una apuesta importante, si acompañan algunas variables”, afirmó .
Con agua en los perfiles y tecnología disponible, la campaña de trigo 2026 tiene bases para ser sólida, pero seguirá definida por la capacidad del productor de leer el contexto. Entre costos en tensión y decisiones estratégicas, la eficiencia volverá a ser el factor que marque la diferencia.





