Investigadores argentinos evalúan clorofila como indicador fiable para identificar cultivos con tolerancia a la sequía

Un equipo del INTA-Conicet estudió el comportamiento de las clorofilas frente a la sequía y encontró una herramienta simple, rápida y de bajo costo que podría facilitar la identificación de materiales con mayor resiliencia y sostener los rindes en escenarios de estrés.

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Investigadores del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales (IFRGV) del INTA–Conicet hallaron que el seguimiento del verdor foliar puede convertirse en un indicador práctico para detectar materiales con mejor desempeño frente a la sequía. Esta conclusión propone transformar una característica visible en una herramienta útil para el mejoramiento genético y la adaptación del agro al cambio climático.

La propuesta cobra relevancia en un contexto donde la variabilidad climática ya impacta los rendimientos y obliga a buscar estrategias rápidas y accesibles para seleccionar cultivos más resilientes. Identificar rasgos fisiológicos que expliquen por qué algunas plantas mantienen su productividad con menos agua es clave para sostener la seguridad alimentaria en las próximas décadas.

Durante las últimas cinco décadas, buena parte del avance en rendimientos de cultivos como soja, maíz y arroz se apoyó en cambios de arquitectura y distribución de biomasa, más que en rasgos fisiológicos. Hoy, los límites biológicos de esas soluciones empujan al sector a focalizarse en procesos como la fotosíntesis para poder seguir ganando productividad.

El equipo liderado desde el IFRGV señaló que medir el contenido de clorofila en hojas permite inferir la capacidad productiva de una planta bajo estrés hídrico. “Si medimos las clorofilas que tiene la planta, podemos deducir su capacidad productiva bajo estrés”, explicó Mariela Monteoliva, especialista del grupo de Fisiología del Estrés Hídrico y Microorganismos.

No todas las variedades responden igual ante la falta de agua; según el estudio, genotipos tolerantes de soja, papa y varios cereales logran conservar niveles altos de clorofila aún en condiciones severas de sequía. Esa conservación del verdor se asocia con la capacidad de seguir fotosintetizando y, por ende, con mayores probabilidades de sostener rendimiento.

La medición del contenido de clorofila puede realizarse con equipos de campo de bajo costo, técnicas de laboratorio de alta precisión o mediante teledetección con sensores remotos. Esa multiplicidad de métodos permite adaptar el monitoreo según escala y presupuesto, desde ensayos de mejoramiento hasta vigilancia de cultivos a nivel regional.

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EL “VERDE CLOROFILA”, SEÑAL DE TOLERANCIA A SEQUÍA

La fotosíntesis depende de la clorofila para convertir la energía lumínica en biomasa, y ante el déficit hídrico la mayoría de los cultivos aceleran la degradación de estos pigmentos. Cuando eso ocurre disminuye la actividad fotosintética y, con el tiempo, se resiente el rendimiento final.

En consecuencia, una planta que mantiene su contenido de clorofila durante episodios de estrés tiene más probabilidades de continuar produciendo granos o biomasa aún con agua limitada. “Las plantas que conservan su verdor utilizan la energía lumínica de manera más eficiente”, señaló Carla Guzzo, investigadora del grupo, subrayando la potencial utilidad del parámetro para la selección genética.

En la práctica, los medidores portátiles de clorofila facilitan evaluar grandes lotes en poco tiempo y sin infraestructura costosa, acelerando la identificación de materiales prometedores. Para validaciones más finas, la cromatografía líquida de alta resolución (HPLC) aporta precisión, mientras que la teledetección amplía la escala de monitoreo a parcelas y regiones.

Plantas con distinto nivel de clorofila en condiciones de sequía

Implicaciones para el campo y el mejoramiento

Incorporar el monitoreo fisiológico del verdor como criterio de selección podría reducir el tiempo y costo para detectar genotipos más resistentes a la falta de agua. Esa estrategia funciona como complemento de las evaluaciones tradicionales y permite priorizar materiales que merezcan ensayos multilocales y análisis más detallados.

Sin embargo, los investigadores advierten que medir clorofila no reemplaza el seguimiento de rendimiento, sino que lo orienta y lo hace más eficiente a la hora de seleccionar candidatos. Es necesario validar la relación entre mantenimiento de clorofila y producción efectiva en distintos ambientes y etapas fenológicas para evitar sesgos en la selección.

Para productores y técnicos, la ventaja práctica es evidente: herramientas accesibles y escalables que ayudan a tomar decisiones más informadas frente a la escasez de agua. En un escenario de mayores extremos climáticos, sumar indicadores fisiológicos al control de campo puede contribuir a una agricultura más estable y resiliente.

El hallazgo del IFRGV abre una vía concreta para integrar fisiología y genética en la búsqueda de cultivos tolerantes a la sequía, combinando ciencia de laboratorio, tecnología de campo y análisis a gran escala. Seguir esa línea puede acelerar la disponibilidad de variedades que mantengan rendimiento cuando el agua se convierta en el principal factor limitante.

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