Natalia Auat es psicóloga infantojuvenil y, al mismo tiempo, la impulsora de un proyecto ganadero integrado en Santiago del Estero que combina genética, feedlot y comercialización directa de carne. Lo que empezó como una idea al margen de su vida profesional fue creciendo hasta convertirse en la cabaña Las Higueras, parte de la firma La Leonor SRL, donde hoy se desarrolla un ciclo completo de producción y venta dentro de una misma cadena.
Un arranque inesperado
La decisión que cambió la trayectoria del proyecto llegó casi de improviso. Mientras su entonces esposo participaba en un viaje de capacitación, Natalia compró animales y organizó la infraestructura: “Cuando volvió del viaje ya estaban los animales en el campo y la represa cavada”, recuerda. Esa iniciativa repentina dio inicio a un emprendimiento que fue ampliándose paso a paso: primero la cría y recría a campo, luego corrales adicionales, la incorporación de un feedlot, la venta directa de carne y, finalmente, el establecimiento de la cabaña Las Higueras.
Raíces en el campo y la carne
El vínculo con la ganadería y la carne viene de su infancia. Hija de carnicero, creció rodeada de animales y conoció desde temprano el manejo de hacienda y la administración de campos, donde su padre aprovechaba acuerdos de pago para engordar animales propios. Aunque tuvo que mudarse a la ciudad para completar la escuela secundaria y luego estudiar Psicología, la idea de volver al campo siempre estuvo presente. Establecida como profesional de la psicología infantil con su propio consultorio, Natalia mantuvo esa vocación y, con el tiempo, logró combinarla con la actividad agropecuaria.
Un establecimiento integrado
La Leonor funciona en el departamento Figueroa, a unos 60 kilómetros de la capital santiagueña. Allí conviven la cabaña Las Higueras, el feedlot y una carnicería vinculada directamente al proceso de producción. Todo el esquema es integrado: la hacienda se produce en el mismo establecimiento, se engorda en el feedlot y la carne se comercializa directamente en el negocio propio de la empresa. Por decisión de la empresa no venden a terceros, lo que les permite controlar calidad y trazabilidad desde la genética hasta el producto final.
División de roles y apuesta familiar
En los comienzos, la ganadería quedó parcialmente relegada al consultorio y a la vida familiar. Su entonces esposo llevaba décadas dedicado al campo, aunque inicialmente no tenía interés en incorporar animales. Con el paso del tiempo y tras la puesta en marcha del proyecto, él se fue involucrando más. Tras una separación de pareja, las responsabilidades se repartieron: Natalia se centra principalmente en la cabaña, la genética y la parte comercial, mientras él se dedica con mayor intensidad al feedlot y la producción operativa. Además, la iniciativa tuvo desde el inicio un componente familiar fuerte: pensada para compartirla con sus hijos, involucró al mayor en las tareas operativas y en la comercialización.
Desarrollo de genética Braford
Hace seis o siete años el proyecto tomó un rumbo más ambicioso en genética. La cabaña empezó a trabajar intensamente con la raza Braford, con el objetivo de “hacer algo mejor, lo mejor que podamos”. Ese enfoque implicó inversión, trabajo en selección y la participación en exposiciones ganaderas para presentar animales y mostrar los avances genéticos. Participar en pistas y juras se volvió parte del calendario del proyecto, y la cabaña Las Higueras ganó presencia en circuitos de exposición.
Tragedia y resiliencia
La trayectoria también atravesó una etapa dolorosa: hace dos años y medio, el hijo mayor de Natalia falleció en un accidente. En medio del duelo, la actividad familiar y la cercanía de la comunidad ganadera fueron factores que ayudaron a reencontrar fuerzas. “Estoy segura de que fue el trabajo y el calor de la familia lo que me ayudó a volver a ponerme de pie”, dice. La intención ahora es retomar la participación en exposiciones de a poco, con la idea de volver a las pistas en uno o dos años.
Vínculo con la comunidad Braford y programas juveniles
El trabajo en genética llevó a Natalia a vincularse activamente con la asociación de la raza. Su involucramiento comenzó en una exposición en Santiago del Estero, donde conoció a dirigentes y terminó formando parte de la comisión directiva. Aunque al principio rechazó la propuesta por falta de tiempo, finalmente aceptó y hoy participa en iniciativas de la raza. Además, impulsa proyectos orientados a acercar a jóvenes a la ganadería, como Braford Kids y Pulso Braford, donde la presencia de chicos y adolescentes es evidente: “Dentro de Braford somos todos una familia. Hay chicos por todos lados”, afirma.
Conciliación entre consultorio y campo
Natalia divide sus días entre el consultorio de psicología infantil y las tareas del campo. Encuentra en ambos espacios un equilibrio: a veces el consultorio funciona como cable a tierra y en otras ocasiones ese papel lo cumple el campo. Esa dualidad moldeó su forma de trabajo y su mirada: el cuidado de animales, la selección genética y la comercialización requieren organización, pero también una sensibilidad que ella aporta desde su formación profesional.
Modelo de negocio y control de calidad
La elección de mantener la comercialización dentro de la empresa responde a una estrategia de control: producir, engordar y vender la carne en su propio negocio les permite garantizar la trazabilidad y la calidad del producto. El esquema integrado contribuye a mantener estándares en genética, sanidad y alimentación, aspectos clave para posicionar la carne en mercados donde la diferenciación genética y la calidad son factores determinantes.
Futuro del proyecto
El plan de Las Higueras apunta a consolidar la genética, recuperar la presencia en exposiciones y seguir fomentando la incorporación de jóvenes al proyecto. La participación en la comunidad Braford y las iniciativas educativas para chicos reflejan la vocación por transmitir conocimientos y fortalecer lazos en la actividad. Al mismo tiempo, la continuidad del feedlot y la carnicería sustentan la rentabilidad y la posibilidad de seguir invirtiendo en mejora genética.
En síntesis, la historia de Natalia Auat muestra cómo una profesional de la psicología infantil logró fusionar dos mundos aparentemente dispares: el consultorio y la ganadería. Desde una decisión tomada casi en secreto hasta la creación de una cabaña que apuesta por la genética Braford, pasando por la integración productiva y la reproducción de un modelo familiar de trabajo, Las Higueras y La Leonor SRL son hoy un ejemplo de cómo combinar pasión, estrategia y resiliencia en la producción de carne y en la formación de nuevas generaciones vinculadas al campo.





