Abogado abandonó la profesión hace treinta años para dedicarse a la ganadería y celebra hito

Tras ejercer como abogado, en 1996 Roque Cassini inició su actividad como productor y hoy posee más de 6.000 hectáras de un modelo mixto de agricultura y ganadería. Su "desilusión" con la Justicia y por qué coincide con la gran oportunidad de la producción de carne.

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Roque Cassini: de abogado a referente de la ganadería que exporta genética y carne desde Bonifacio

La historia de Roque Cassini reúne cambios profesionales, riesgos empresariales y una reconversión al campo que hoy rinde frutos concretos. Su recorrido es un ejemplo de cómo una carrera diversa puede terminar marcando el pulso de una explotación agropecuaria moderna.

Se recibió de abogado, abrió un estudio y vivió las sucesivas crisis y quiebras que caracterizaron varias décadas en Argentina. Esa experiencia, dice, lo moldeó pero no impidió que en 1996 fundara La Cassina y cambiara el ritmo de su vida laboral.

Hoy combina agricultura y ganadería en empresas que van desde la cabaña hasta un feedlot propio ubicado en Bonifacio. El proyecto se expandió hasta consolidarse en la venta de reproductores, producción de carne para mercado interno y exportación.

La explotación principal suma 6.000 hectáreas y funciona como un campo mixto con cría, engorde y lotes destacados de alfalfa en suelos francoarenosos. Esa diversidad le permitió a Cassini posicionar su genética en distintos ambientes del país y atender mercados regionales.

Una cabaña con alcance federal

La venta de reproductores se organizó mediante hasta ocho remates anuales en puntos estratégicos como el norte de Entre Ríos y Río Cuarto en Córdoba. Esa estrategia comercial, sostiene Cassini, evitó la espera pasiva por compradores y potenció la llegada a distintos nichos productivos.

En su mejor momento comercializaron cerca de 1.000 reproductores por año, de los cuales alrededor de 750 toros eran el núcleo de la oferta. La cabecera del negocio combina razas sintéticas como Braford y Brangus para el norte, con Angus y Hereford para las zonas pampeanas.

La apuesta por la uniformidad genética busca adaptabilidad a ambientes variados y eficiencia en canales de venta diferenciados. Esa genética sirve tanto para animales terminados para consumo interno, de 350 a 380 kilos, como para lotes de exportación de 500 hasta 600 kg.

La operación familiar también incorporó especialistas clave para perfilar la cabaña y mejorar la productividad en los últimos 20 años. Esa construcción de equipo permitió sostener la oferta genética en mercados que exigen homogeneidad y rendimiento.

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Cadena completa: del potrero al contenedor

Además de la cabaña y el feedlot, la familia Cassini montó una empresa dedicada a la exportación con cuota Hilton. Parte de la faena se destina a mercados externos y otra parte se comercializa en el Mercado Agroganadero o directamente a frigoríficos para consumo local.

El foco en calidad y en canales internacionales explica la decisión de no depender exclusivamente del commodity novillo. Para Cassini, la cabaña de punta es un círculo pequeño que exige diferenciación frente a la venta masiva de animales para consumo.

En sus palabras, el actual ciclo ganadero favorece al productor de campo y revela tensiones en el resto de la cadena, como la industria frigorífica que trabaja solo para el mercado doméstico. Un factor que agrava esa tensión es, según él, un valor del dólar atrasado que limita la competitividad de algunos eslabones.

El precio del ternero refleja ese cambio de época: en el período julio-agosto el valor promedio alcanzó los $6.200 por kilo, mientras que hace un año cotizaba cerca de $3.775 por kilo, según Rosgan. Ese salto, explica Cassini, responde tanto a dinámica local como a una demanda externa creciente.

La entrada masiva de países asiáticos al mercado de la carne en los últimos seis o siete años cambió las reglas del juego para los exportadores argentinos. Los mercados más exigentes, como el norteamericano, pagan primas por cortes y calidades que requieren una orientación productiva distinta.

Cassini valora que la presión de la demanda internacional obligó a acelerar mejoras de calidad en los rodeos y en los procesos productivos. Hoy, dice, los productores argentinos empiezan a recibir precios más cercanos a los que se pagan en otros países productores de carne.

Para quien dejó atrás la abogacía, el paso al campo significó además un alivio personal: menos confrontaciones y un enfoque en producir. En lo institucional, añade, la experiencia con la Justicia lo llevó a no querer volver a esas batallas y a apostar por la construcción de valor desde la producción.

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La historia de La Cassina ilustra una tendencia más amplia en la ganadería argentina: la profesionalización, la integración vertical y la búsqueda de mercados que paguen la calidad. Ese camino plantea desafíos productivos, comerciales y cambiarios que definirán la sustentabilidad del negocio en los próximos años.

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