En La Coincidencia, la cabaña donde Agropecuaria Vidal desarrolla un proyecto de genética y recría de precisión, se presentó un experimento que cuestiona una idea extendida en la ganadería argentina.
Aníbal Pordomingo, investigador en Producción Animal del INTA Anguil, afirmó que es posible aumentar el peso de los bovinos sin sacrificar la eficiencia económica ni la calidad de la carne.
La discusión tiene impacto directo sobre el bolsillo de los productores y la oferta de carne para consumo interno y exportación.
Los cambios en el valor de los terneros, los alquileres y las tasas de interés están modificando las reglas del negocio, según los especialistas.
El desafío de ganar más peso
El proyecto de la cabaña se diseñó para “sumar kilos reales” y se desarrolló en un plazo de dos a tres años más un año posterior de medición.
En la jornada organizada por el IPCVA, Pordomingo explicó que muchas evaluaciones se hicieron en el mismo establecimiento y están validadas en campo.
Para comparar resultados registraron el peso al ingreso al corral y a la salida, con registros como 100 días de encierre y salidas de 560 kilogramos y casi 600 kilogramos.
Además calculó índices de conversión a carcasa con valores como 9,6, 10 y 10,1, y desagregó conversiones por tramos incluyendo los últimos 40 días.
Se midieron duraciones de engorde (de 100 días hasta 180 días), aumentos de peso, peso promedio en recría y consumo en términos de peso vivo (por ejemplo 10 kilos diarios de consumo).
Todo ello se hizo sobre animales que pasaron por una recría previa tradicional para poder comparar modelos.

Conversión, genética y rendimiento de carne
En la evaluación de carcasa, el trabajo mostró medias de carcasas de 190 kilos frente a 160 kilos en animales faenados alrededor de 500 kilogramos.
En la carnicería local el modelo alcanzó rendimientos carniceros de alrededor de 80 % (por ejemplo 80, 78 y 77), cifras superiores a casos habituales que rondan 70 % o menos.
Pordomingo subrayó que, pese a días largos en corral y kilajes altos, no siempre se registran conversiones pobres, y que la genética y el manejo influyen en la eficiencia final.
También enfatizó que el crecimiento posparto y la etapa de cría son determinantes, porque allí se marcan ritmos de aumento de 600 gramos, 800 gramos o hasta 1 kilo por día al pie de la madre.
Terneza versus dureza: qué factor falta en la discusión
Al analizar la fuerza de corte Pordomingo señaló que la edad del animal condiciona más la terneza que su peso, por lo que pesar más no implica necesariamente peor calidad.
Además advirtió que una dieta bien formulada no alcanza si el animal no tiene la genética para transferirla eficientemente a carne de góndola.
En el caso del biotipo Limangus que evaluaron, midieron un contenido de grasa intramuscular de 5,5 %, un valor compatible con la categoría Choice según el sistema del USDA.
Pordomingo añadió que incluso en modelos con muchos días de corral se pueden lograr buenas conversiones y niveles de marmoleo útiles para mercados interno y de exportación.
El mensaje clave para productores es que los bajos aumentos de peso en engorde a corral no se explican solo por genética o manejo del feedlot.
“La cadena comienza mucho antes”, concluyó Pordomingo, recordando que una recría y una lactancia bien resueltas son difíciles de compensar en etapas posteriores.


