Día del Ingeniero Agrónomo analiza retos para adaptar formación a IA y habilidades blandas

En el marco del Día del Ingeniero Agrónomo y de la Enseñanza Agropecuaria, el Congreso Aapresid reunió a los decanos de las tres facultades de ciencias agropecuarias más grandes del país para debatir el presente y futuro del sector.

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El Congreso de Aapresid en Rosario fue el escenario elegido para discutir el futuro de la formación agronómica ante un público numeroso de profesionales y estudiantes. El debate coincidió con el Día del Ingeniero Agrónomo, el Médico Veterinario y la Enseñanza Agropecuaria, que se celebra cada 6 de agosto.

La discusión sobre la enseñanza llegó en un momento clave por la transformación tecnológica y las demandas del mercado laboral rural. Medios especializados como Infocampo vienen cubriendo la inserción laboral de los egresados y las disparidades regionales entre déficit y saturación de profesionales.

DÍA DEL INGENIERO AGRÓNOMO: SENTIDO CRÍTICO

El panel moderado por la doctora Sandra Ziegler reunió a los decanos de las tres facultades de ciencias agropecuarias más importantes del país. El eje fue cómo formar profesionales capaces de responder a problemas complejos que combinan producción, ambiente y cuestiones sociales.

Adriana Rodríguez planteó que las universidades deben priorizar las habilidades blandas y la capacidad de filtrar y analizar la información disponible. Señaló que hoy la información está al alcance del teclado y que la clave es enseñar a discernir calidad y utilidad de los datos para un diagnóstico más preciso.

Jorge Dutto advirtió sobre la irrupción de la inteligencia artificial en la enseñanza y la práctica profesional y pidió combinar pensamiento crítico con ética. Recordó que una salida de IA no puede aplicarse de forma masiva sin interpretar su razonamiento en contextos humanos y ecosistémicos concretos.

panel agronomos aapresid

DÍA DEL INGENIERO AGRÓNOMO: LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Los decanos coincidieron en que la IA debe incorporarse como herramienta que acelera análisis, por ejemplo en planes de suelos e imágenes satelitales, pero siempre con supervisión humana. Esa integración exige normas éticas, capacitación específica y formación de criterios profesionales.

Pablo Palazzesi recordó que la carrera de agronomía tiene, por ley, un estatus similar al de medicina por su responsabilidad pública sobre ambiente, alimentos y agua. Esa condición agrega presión para garantizar formación rigurosa y actualización continua frente a nuevas tecnologías.

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Un límite práctico que mencionaron las autoridades académicas es la dificultad para actualizar rápidamente los planes de estudio por marcos normativos. Actualmente para modificar un plan hay que esperar a que egresen los primeros alumnos del mismo, lo que en algunos casos postergaría cambios hasta 2031.

dutto aapresid

DÍA DEL AGRÓNOMO: LA ACTUALIZACIÓN CURRICULAR

Los decanos explicaron que la estructura actual exige entre 3.500 y 3.800 horas de cursado, lo que equivale a una duración teórica de 5 años. Esa rigidez complica introducir contenidos ágiles que respondan a demandas como manejo de datos, clima, biotecnología y herramientas digitales.

Como estrategia, las facultades apuestan a ampliar asignaturas optativas, fomentar prácticas tempranas y promover el trabajo interdisciplinario y el emprendedurismo. También destacaron la necesidad de enseñar actitudes: empatía, escucha y trabajo en equipo como competencias que mejoran la eficacia profesional.

La conclusión del panel fue que la adaptación exige coordinación entre universidades, productores y el sector público para que la formación no quede desfasada. El Congreso de Aapresid mostró que hay consenso en incorporar la IA y las habilidades blandas, pero que la velocidad del cambio choca con marcos regulatorios y ritmos académicos.

Para productores y jóvenes que piensan en su formación, el mensaje fue claro: hay oportunidades si la universidad actualiza métodos y contenidos, pero también una responsabilidad colectiva para ajustar el vínculo con el mundo productivo. La agenda ahora pasa por transformar prácticas docentes y regulaciones para que la agronomía responda a los desafíos climáticos, tecnológicos y sociales.

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