Dibu Martínez atraviesa mal momento que expone un problema histórico en la selección

El arquero de la selección argentina quedó encajado cuando se dirigía a su campo en Sierra de los Padres; vecinos y dirigentes rurales sostienen que la falta de mantenimiento de la red vial complica la cosecha, el transporte y el acceso a escuelas y centros de salud

Emiliano “Dibu” Martínez quedó varado con su camioneta en un camino rural de Sierra de los Padres, cerca de Mar del Plata, y la escena expuso nuevamente una problemática histórica en el sudeste bonaerense: el deterioro de los caminos rurales. El episodio, que se viralizó en redes cuando vecinos ayudaron a sacar el vehículo, reavivó el debate sobre mantenimiento, recursos y logística en zonas productivas y turísticas.

Más allá del momento anecdótico por tratarse de una figura pública, la situación pone en foco consecuencias concretas para la producción agropecuaria y la vida cotidiana de la población local. Productores, autoridades y vecinos coinciden en que no se trata de hechos aislados, sino de un problema estructural que se agudiza con las precipitaciones estacionales.

Productores de la zona y referentes locales advierten sobre la falta de maquinaria disponible y el retraso en reparaciones, lo que deja caminos sin habilitar durante semanas o meses. Según los testimonios, las máquinas suelen romperse, faltan repuestos y las intervenciones se limitan a arreglos parciales que no resisten nuevas lluvias.

El productor agropecuario Gema Beg, que trabaja en los partidos de General Pueyrredón y General Alvarado, explicó que las lluvias de otoño y el frío complican el estado de las trazas al reducir la evaporación y aumentar la humedad del suelo. Beg añadió que, además del clima, incide la insuficiente ejecución del mantenimiento por parte de los municipios, que obliga a los productores a enfrentar caminos que se vuelven intransitables.

Las consecuencias prácticas se traducen en retrasos de cosechas y dificultades para ingresar insumos y maquinaria, por lo que muchos productores optan por postergar la recolección o almacenar grano en silobolsas. Estos cambios en los tiempos productivos generan costos adicionales y riesgos logísticos que afectan la rentabilidad de las campañas.

Además del impacto directo sobre la actividad agropecuaria, vecinos y autoridades advierten que el estado de los caminos complica el acceso a escuelas, centros de salud y comercios locales, especialmente durante episodios de lluvias intensas. La acumulación de casos similares en distintas localidades evidencia que la problemática excede lo rural y repercute en la calidad de vida de las delegaciones.

Otro actor local, Mario Raiteri, secretario local y vecino de la zona, sostuvo que el problema no se limita a los caminos vecinales sino que alcanza a rutas de mayor tránsito que conectan la producción con mercados y zonas turísticas. Raiteri señaló que en picos de actividad turística y durante las cosechas, la circulación se vuelve peligroso y más costosa por los desvíos y el deterioro vial.

¿Por qué importa un camino?

Un camino en malas condiciones no es solo un inconveniente logístico: condiciona toda la cadena productiva al dificultar la salida de mercadería y la llegada de insumos necesarios para la próxima campaña. Las fuentes locales advirtieron que la falta de tránsito seguro también desalienta inversiones y encarece los fletes, con efecto directo en la economía regional.

En el territorio se menciona además la existencia de una tasa destinada a la Red Vial, que debería financiar el mantenimiento habitual de las trazas rurales, pero su ejecución es irregular y no siempre alcanza para cubrir la demanda. “Es una tasa por un servicio; muchos productores sienten que ese servicio no siempre se presta con la frecuencia necesaria”, señalaron referentes locales.

Desde esa perspectiva, las rutas provinciales implicadas en el mapa productivo requieren inversiones mayores que el bacheo: se mencionan las rutas 226, 11 y 88, además de la provincial 55, como ejes que necesitan ensanchamiento, mantenimiento y mejoras puntuales en curvas y puentes. Los actores consultados coinciden en que no alcanza con arreglos temporales, sino que hacen falta obras estructurales para sostener el tránsito pesado y el crecimiento turístico.

Vecinos de la delegación de Sierra de los Padres, a través de la Sociedad de Vecinos, alertan que hay calles que llevan más de dos años prácticamente intransitables y que la falta de equipamiento en la delegación impide dar respuestas rápidas. Gladys Falcó, presidenta de la entidad, remarcó que la problemática afecta a toda la delegación y no solo a predios rurales.

El episodio con la camioneta del futbolista tuvo repercusión por la visibilidad del personaje, pero los protagonistas locales subrayan que casos similares son cotidianos y muestran la necesidad de un plan sostenido de mantenimiento. Para productores y vecinos, la clave está en mejorar la planificación, asegurar la disponibilidad de maquinaria y garantizar la ejecución efectiva de los fondos destinados a vialidad.

Qué se puede hacer en el corto plazo

Las soluciones inmediatas que proponen los actores locales pasan por calendarizar intervenciones en función de las cosechas y estaciones, priorizar tramos críticos y asegurar repuestos y operatividad de la maquinaria municipal. También piden mayor transparencia en el uso de la tasa Red Vial y coordinación entre municipios y provincia para obras sobre rutas troncales.

A mediano y largo plazo, el reclamo es por inversión en infraestructura que incluya ampliación de calzadas, refuerzo de puentes y mejoras en drenaje para evitar el deterioro recurrente tras precipitaciones. Sin obras integrales, advierten productores y vecinos, cada episodio de lluvia volverá a dejar en evidencia la fragilidad logística del territorio.

El caso de Sierra de los Padres funciona como ejemplo representativo de un desafío que combina clima, gestión pública y necesidades productivas, y que exige respuestas coordinadas para reducir costos, mejorar accesos y proteger la actividad agropecuaria. Mientras tanto, las imágenes de vecinos empujando una camioneta siguen recordando que, para muchas comunidades rurales, la movilidad sigue siendo una asignatura pendiente.

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