Un informe semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) muestra que la zona núcleo avanza hacia sistemas con más gramíneas y menos soja en monocultivo, un cambio que impacta en la sustentabilidad y en los rindes agrícolas.
La noticia importa porque altera la rentabilidad, la presión sobre suelos y la estrategia de insumos en una de las regiones más productivas del país, con efectos directos en la cadena de alimentos.
LAS ROTACIONES LE GANARON AL MONOCULTIVO
Según la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la BCR, hace una década la relación soja/gramíneas llegó a superar las 4 a 1, favoreciendo un “mar de soja” que deterioró fertilidad y aumentó plagas.
Hoy la relación está cerca de la paridad y, por segundo año consecutivo, la región confirma un cambio estructural que beneficia rendimientos por efecto de la rotación.
POLÍTICA Y ECONOMÍA QUE MODIFICARON LA ECUACIÓN
El informe recuerda que la reducción de derechos de exportación iniciada en 2016 modificó los incentivos y alentó una rotación más saludable entre soja, maíz y trigo.
En el periodo previo, con retenciones a la soja en 35 %, el esquema favorecía el monocultivo como fuente recaudatoria, a costa de la sustentabilidad productiva.
DATOS RELEVANTES DE SIEMBRA Y COSTOS
La relación soja/gramíneas fue de 1,07 en el último ciclo y para 2026/27 la GEA estima un valor cercano a 1,14, con récords en siembra de trigo y maíz.
En paralelo, la urea registró una nueva baja y se consigue en torno a USD 550 a USD 600 la tonelada, mientras que el fósforo superó los USD 1.000 la tonelada, un dato clave para la próxima campaña.
¿MEJORA LA SOJA GRACIAS AL MAÍZ?
El informe señala que las gramíneas están aportando a una recuperación de la soja: sembrada tras maíz, la oleaginosa muestra mejores respuestas que en los esquemas soja sobre soja.
En lotes de alto potencial se registraron rindes cercanos a 50 qq/ha en Corral de Bustos y hasta 80 qq/ha en Colón en ambientes con buena disponibilidad hídrica y napa.
TENDENCIAS DE SUPERFICIES
Las encuestas internas indican que la siembra de maíz se mantendría similar al año pasado o incluso aumentaría, apoyada por menores costos de urea y expectativas favorables.
Para soja de primera se proyecta un incremento de alrededor del 10 %, mientras que el trigo podría caer en torno al 12 % según las estimaciones recogidas por la BCR.
FERTILIZACIÓN: EL PRÓXIMO LÍMITE PRODUCTIVO
La GEA advierte que la fertilización será el desafío para elevar techos productivos y que el encarecimiento de insumos como el fósforo puede limitar mejoras.
Además, productores de General Pinto alertan sobre la compactación del suelo en campos arrendados, un problema físico que puede restar hasta 10 quintales por efecto de raíces que no exploran profundidad.
El cambio hacia rotaciones más firmes y la incorporación de genética con mejores tolerancias a herbicidas aparecen como motores de productividad, pero dependen de decisiones sobre fertilización y manejo.
En términos de política, el debate sobre reducir retenciones vuelve a la agenda con un argumento técnico: no sólo es una medida de alivio fiscal para el productor sino también un incentivo que puede consolidar prácticas más sostenibles.


