En La Coincidencia, una cabaña de Agropecuaria Vidal SA en 9 de Julio, la ganadería se conduce por datos y tecnología en lugar de por supuestos. La medición kilo a kilo —desde ecografías hasta comederos electrónicos— redefine cómo se produce carne en un país que busca más valor en cada animal.
La cabaña que mide cada kilo
Cada animal del establecimiento es pesado periódicamente y ecografiado para conocer su área de ojo de bife y su grado de grasa antes de cualquier decisión de manejo. La pista de 36 comederos electrónicos registra, ración a ración, la ingesta individual y se presenta como la herramienta más precisa de control en el predio.
El establecimiento está ubicado a pocos kilómetros de la Ruta Nacional 5 y pertenece a Agropecuaria Vidal SA, con una operación que combina cabaña, cría y recría. La tecnología instalada, según los organizadores, convierte al campo en una máquina de generación de datos aplicables a la comercialización.
Genética como acelerador productivo
El proyecto se sostiene sobre un “acelerador genético”: con menos de 60 vacas donantes de pedigree se logran más de 2.000 hijos por año, según explicaron los técnicos en la jornada. Ese enfoque desplaza la métrica tradicional de tamaño por número de animales hacia la producción de embriones y la calidad de los reproductores.
La base forrajera está diseñada para alta y intensiva producción, con el objetivo de superar los 1.000 kilos de carne por hectárea mediante pastoreo rotativo y corrales estratégicos. El establecimiento usa parcelas alquiladas de entre 250 y 400 hectáreas para sostener este sistema integrado de genética y alimentación.
Además, parte del rodeo comercial funciona cerca de Ataliva Roca, en La Pampa, donde también se realizan tareas de reproducción y funciona como núcleo de receptoras. La empresa planifica remates y eventos comerciales, siendo el próximo agendado para el 7 de agosto.
Medición, datos y relato de la carne
En el campo dejaron claro que medir no es solo optimizar kilos, sino contar la historia del producto para mercados exigentes; los datos permiten certificar orígenes, manejos y rendimiento. Ese relato es clave para demandas emergentes como la carne libre de deforestación y requisitos de trazabilidad que exigen algunos compradores internacionales.
Los disertantes destacaron también el papel de tecnologías complementarias: drones, imágenes satelitales e inteligencia artificial sirven para construir ese relato y para monitorizar recursos forrajeros a escala. La combinación de sensores en animales y herramientas aéreas aporta evidencia para diferenciación comercial y toma de decisiones diarias.
Trazabilidad electrónica y exigencias legales
El director Nacional de Producción Ganadera recorrió la implementación del chip electrónico obligatorio desde 2026 para terneros y repasó las obligaciones vigentes. Técnicos y asesores mostraron cómo caravanas y collares electrónicos automatizan registros y reducen errores en la trazabilidad de lotes.
Los expositores coincidieron en que la trazabilidad no es una moda local, sino una exigencia global que condiciona el acceso a mercados como el europeo. Integrar estos datos al sistema productivo permite responder a auditorías, certificaciones y demandas de consumidores finales.
Paradas técnicas: eficiencia y margen
En las paradas técnicas se analizó cómo el RFI (consumo residual) y la fertilidad definen el margen real del negocio bajo la consigna “comer menos para producir más”. Las charlas abordaron prácticas concretas como el uso de cultivos de cobertura en sistemas ganaderos intensivos y la recría de precisión para acelerar la eficiencia.
También se presentaron resultados económicos del uso de drones ganaderos y herramientas de monitoreo remoto expuestos por técnicos del INTA y universidades. El grupo que maneja La Coincidencia empezó hace cinco años, afinó la medición en tres y agregó cría y recría al sistema de datos el año pasado.
La mirada ganadera joven
La jornada convocó a estudiantes y jóvenes profesionales que vieron en la actividad una oportunidad de aprendizaje y vínculo con la tecnología aplicada al campo. Jóvenes como Camila, Jennifer, Ciro y Fermín destacaron el interés por la genética y el análisis, y valoraron la experiencia práctica en un predio que incorpora innovación.
Para muchos asistentes, la visita confirmó que la ganadería está en un proceso acelerado de modernización que no solo mejora la productividad sino que facilita el acceso a mercados de valor. En palabras del apoderado de la cabaña, esa cultura empresarial avanza con metas sucesivas: “cada vez que se llega a una, al otro día te ponen una nueva”.


