El INTA y empresas semilleras realizaron ensayos para evaluar la adaptación y el potencial productivo del maíz precoz en las provincias patagónicas de Santa Cruz y Chubut, una apuesta que puede redefinir la oferta de forraje en las zonas más australes del país. Esta experiencia responde a la necesidad de alternativas que reduzcan costos de nutrición animal y mejoren la disponibilidad de alimento durante otoño e invierno.
Los ensayos, desarrollados con materiales aportados por empresas semilleras como Laboulet Semences y replicados en localidades como Perito Moreno, buscan generar información local sobre adaptación, rendimiento y manejo agronómico. El objetivo es determinar hasta dónde puede expandirse la frontera agrícola del maíz en ambientes fríos y secos con riesgo de heladas moderadas.
El trabajo se orienta a híbridos de ciclo corto y manejo intensivo de riego complementario, factores que según los técnicos resultan determinantes para alcanzar niveles productivos promisores en estas latitudes. En la práctica, los desafíos climáticos —temperaturas base bajas, heladas y secado rápido— condicionan tanto la selección de híbridos como las fechas de siembra y la estrategia de manejo.
Para la ganadería extensiva de la región, mayormente ovina y en menor medida bovina, el maíz aparece como una alternativa estratégica porque puede aportar energía, fibra y proteína mediante la producción de grano, planta entera para silaje y forraje verde. Si se confirma su viabilidad productiva y económica, el cultivo podría cubrir huecos de oferta de alimento y contribuir al desarrollo productivo regional.
Resultados en Santa Cruz y potencial productivo
En Santa Cruz, los ensayos demostraron que el uso de híbridos adaptados al frío junto con un manejo nutritivo e hídrico adecuado puede permitir la generación de forraje y silaje con niveles productivos prometedores. Los expertos destacan que, en este contexto, los ciclos de cultivo son cortos, del orden de 100 a 120 días, lo que favorece la cosecha antes de la llegada de condiciones más severas.
Los técnicos informaron producciones estimadas de 7.000 kilos de grano por hectárea y rangos de producción de material vegetal de 80 a 120 toneladas por hectárea en verde, equivalentes a entre 15 y 26 toneladas de materia seca por hectárea en ambientes australes de Santa Cruz. Estos valores surgen de ensayos bajo manejo intensivo y riego complementario, por lo que la extrapolación a larga escala requiere análisis económicos y logísticos.
Un caso destacado fue el híbrido identificado como Tiavia, que alcanzó 22.120 kilos de planta entera por hectárea y mostró un incremento cercano al 88 % en rendimiento de materia seca respecto del registro de Zeta 125. Los resultados son alentadores, aunque los responsables del proyecto advierten que son preliminares y requieren repeticiones para consolidar recomendaciones comerciales.
Ensayos en la cordillera del Chubut
En la zona cordillerana del noroeste de Chubut, el INTA Esquel evaluó seis híbridos hiperprecoce y reportó que las características de resistencia al frío y ciclos cortos son especialmente relevantes para esos ambientes. La caracterización fenológica y de rendimiento buscó optimizar fechas de siembra y estrategias de manejo para mejorar estabilidad productiva.
En El Hoyo, la mayoría de los híbridos superaron los 12.000 kilos por hectárea en materia verde en la temporada de ensayo, sobresaliendo variedades como LS Joalia y Zeta 125, aunque los técnicos remarcaron que se trata de resultados de una sola temporada. Por ello, recomendaron repetir los ensayos en más años y localidades antes de promover escalas comerciales.
En materia de grano, las diferencias entre híbridos fluctuaron entre 6.000 y 8.850 kilos por hectárea, parámetros en los que el modelo explicativo aportó un 49 % de la variabilidad observada y el coeficiente de variación fue de 24,9 %. Estos indicadores estadísticos muestran heterogeneidad entre materiales y la necesidad de continuidad en la evaluación para reducir la incertidumbre.
La experiencia conjunta del INTA con semilleras demuestra la factibilidad técnica y productiva del maíz precoz en las regiones australes analizadas, pero también pone en evidencia la necesidad de más datos para validar su rentabilidad en sistemas pastoriles extensivos. Si se confirman los resultados, la incorporación de maíz como cultivo forrajero podría mejorar la seguridad alimentaria del rodeo, reducir costos de suplementación y contribuir al desarrollo agroproductivo regional.


