Hasta 2024 se empleaba el índice ONI, pero la agencia estadounidense comenzó a reemplazarlo por el nuevo RONI, que amplía la zona de medición e incorpora otros factores vinculados al cambio climático. El ajuste metodológico dificulta comparar directamente eventos actuales con episodios históricos como los de 1992, 1998 y 2016.
Consultores y organismos advierten que la alteración del método rompe la continuidad estadística y puede inducir a lecturas erróneas sobre la intensidad real del fenómeno. El especialista Alfredo Elizaga, citado por la BCR, señaló que la aparición de nuevos umbrales complica las comparaciones cuantitativas con registros previos.
Desde la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la BCR proyectan un El Niño fuerte que, de concretarse, sería muy favorable para la campaña agrícola argentina. La entidad destaca que el pico de calentamiento se daría entre diciembre y enero, meses críticos para la definición de superficies de maíz y soja.
Los mapas de la BCR ilustran la respuesta de las reservas hídricas del suelo en episodios de El Niño fuertes. Ese antecedente sirve para evaluar la capacidad de recuperación de suelos pampeanos tras años de déficit hídrico.
Qué significa el cambio de índice y cómo impacta la interpretación
La transición de ONI a RONI implica medir una zona más amplia y ponderar variables adicionales que reflejan la influencia del calentamiento global. Esa mayor complejidad puede elevar la magnitud aparente de algunos eventos sin que eso siempre se traduzca en impactos agronómicos equivalentes a episodios históricos.
Por eso, modelos que hoy publican valores de 3,5 o 4 no garantizan que el efecto sobre los cultivos sea idéntico al observado en 1998 o 2016. Elizaga advirtió que los números deben leerse con cautela porque la nueva referencia altera el punto de comparación.
Para productores y técnicos, la moraleja práctica es centrarse en variables locales como humedad útil del perfil y pronósticos estacionales, más que en un único índice oceánico. Esa lectura territorial permite decidir si conviene adelantar o postergar siembras y ajustar inversiones en logística y fertilización.
Impacto en maíz, soja y logística agrícola
La BCR subraya que un El Niño fuerte unido a reservas de agua en suelos pampeanos crearía condiciones ideales para la producción, especialmente para la campaña de primavera-verano. Sin embargo, la entidad también recuerda que precipitaciones excesivas durante cosecha pueden complicar la recolección y la salida de granos hacia puertos.
En la práctica, lluvias muy superiores a la normalidad incrementan el riesgo de demoras, pérdida de calidad y costos logísticos, aun cuando la producción potencial sea mayor. Por eso, Elizaga insistió en la necesidad de planificar alternativas de almacenamiento y transporte para evitar cuellos de botella en la cadena.
Los técnicos recomiendan que las contratistas y cooperativas ajusten sus calendarios y capacidades de secado, y que los productores consideren variaciones en densidad de siembra y manejo de nutrientes ante mayor disponibilidad hídrica. Esa flexibilidad operativa puede maximizar rendimientos y reducir pérdidas potenciales por condiciones climáticas adversas en etapas críticas.
Qué observar en las próximas semanas
Conviene seguir dos señales: la evolución de la temperatura superficial del Pacífico según RONI y los pronósticos estacionales de precipitación para las principales zonas agrícolas. Además, vigilar la humedad de perfil en suelos pampeanos permitirá traducir la expectativa climática en decisiones de campo concretas.
En resumen, la nueva metodología de la NOAA exige cautela al comparar con eventos pasados, mientras que la proyección de la BCR apunta a un escenario productivo alentador para Argentina. La clave para el sector será anticipar la logística y adaptar las prácticas de manejo para capitalizar oportunidades y limitar riesgos.


