La Florida: por qué el bioetanol hoy sostiene más a los ingenios que la venta de azúcar
Para los ingenios del NOA, la venta de azúcar ya no alcanza para garantizar la rentabilidad de la zafra. El bioetanol se impone como la palanca que sostiene plantas y puestos de trabajo en Tucumán.
La sensación se confirmó en la reciente Cumbre del Bioetanol, donde directivos reconocieron que el azúcar dejó de ser «el negocio» principal. Jorge Rocchia Ferro, propietario de Los Balcanes y anfitrión del encuentro, admitió que el precio del azúcar «falta acomodar» para recuperar margen.
EL BIOETANOL ESTÁ MÁS DULCE QUE EL AZÚCAR
La dimensión del giro productivo es reveladora en números de zafra: al 27 de agosto los ingenios habían molido 9.785.869 toneladas de caña bruta y la campaña llevaba 119 días. Estos volúmenes explican por qué muchas compañías priorizan el alcohol por sobre el azúcar refinado.
En ese mismo corte, las destilerías tucumanas ya habían elaborado 100.738.210 litros de bioetanol y la bioenergética de Los Balcanes aportó 47.914.535 litros. El dato muestra que la producción de alcohol puede representar casi la mitad de la oferta provincial en plena zafra.
La caña sigue siendo un cultivo versátil y rentable cuando la empresa puede diversificar procesos industriales. Cerca del 30 % de la caña de azúcar se destinó directamente a la producción de etanol en los últimos tres años, según los registros del sector.
LA LEY DE BIOCOMBUSTIBLES
La discusión legislativa sobre la ley de biocombustibles agrega un componente decisivo al cuadro: un mayor corte de bioetanol en las naftas podría potenciar la demanda local de alcohol. Esa posibilidad coloca al bioetanol como motor de inversiones y como elemento clave para la planificación industrial de los ingenios.
En la práctica, los industriales reclaman previsibilidad para que las inversiones en destilerías y cogeneración rindan a mediano y largo plazo. Catalina Rocchia Ferro, actual conducción de la firma, afirmó que la fórmula de fijación del precio del bioetanol «no está siendo cumplida», lo que alimenta incertidumbre comercial.
UN DÍA EN LA FLORIDA
La recorrida por La Florida permite ver cómo la producción de azúcar y alcohol conviven en un mismo ciclo operativo. Los camiones descargan caña entre 14 y 18 por hora en turnos que funcionan las 24 horas, mientras el trapiche extrae jugo y el bagazo alimenta la caldera.
El ingenio procesa alrededor de 18 millones de kilos de caña por día y su destilería produce cerca de 950.000 litros de alcohol diariamente, con capacidad de almacenamiento de hasta 10 millones de litros. Al valor informado del litro de alcohol —unos 1.000 pesos—, esa producción diaria equivale a aproximadamente $950 millones, según cálculos de la planta.
La cogeneración completa el círculo industrial: un generador exporta 5 megavatios a la red y abastece entre 3.000 y 6.000 hogares, mientras otro produce 8 megas para consumo propio del complejo. El uso del bagazo como combustible reduce costos energéticos y mejora la sustentabilidad operativa.
IMPACTO ECONÓMICO Y DESAFÍOS
El contraste entre el precio doméstico del azúcar y los mercados internacionales pone de relieve la tensión del negocio azucarero. En Tucumán la bolsa de 50 kilos de azúcar común se vende a unos 30.000 pesos más IVA, un valor que apenas roza el piso del contrato de azúcar crudo en Nueva York de US$392,86 la tonelada y queda lejos del refinado en Londres de US$514,40.
Para sostener la cadena, los ingenios reclaman una regulación que asegure precios y márgenes compatibles con las inversiones en destilerías y plantas eléctricas. Sin esa previsibilidad, el riesgo es que la industria postergue ampliaciones o ajuste personal ante variaciones fuertes del mercado.
El debate público también tiene un componente ambiental y social: la cogeneración y el reemplazo parcial de combustibles fósiles por bioetanol ofrecen beneficios climáticos y oportunidades para la economía rural. A la vez, esos cambios exigen reglas claras que eviten volatilidad en precios y volúmenes destinados a cada producto.
La Florida funciona como laboratorio de esa transición industrial: no es solo un ingenio azucarero, sino un complejo que integra producción de azúcar, alcohol, bioetanol y energía. El desafío político y empresarial es garantizar condiciones que permitan replicar ese modelo sin desarmar el tejido productivo regional.
Si el Congreso decide un mayor corte de bioetanol o ajusta la ley vigente, los efectos sobre la zafra, el empleo y la oferta energética serán inmediatos. La clave para los productores es que esas decisiones vayan acompañadas de señales claras de precio y de horizonte de inversión.




