La Red de Manejo de Malezas (REM) de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) advirtió que actualmente más de 25,8 millones de hectáreas presentan al menos una maleza existente o tolerantе, lo que eleva el problema a un desafío estructural para la agricultura argentina. Esta cifra refleja un proceso acumulativo de selección que ya no puede abordarse con respuestas puntuales y obliga a replantear las estrategias de manejo en amplias zonas productivas.
El avance y consolidación de malezas resistentes impacta directamente en los costos de producción, la disponibilidad de herramientas fitosanitarias y la sustentabilidad de los rindes a mediano plazo. Entender por qué y dónde se produce esta expansión es clave para que productores, asesores y políticas públicas definan medidas más efectivas y coordinadas.
Para la campaña 2025/26 se estima que el trigo podría alcanzar un volumen cercano a las 27,8 millones de toneladas, según las proyecciones disponibles, por lo que la protección del cultivo se vuelve central para sostener ese nivel productivo. En ese contexto, cada decisión sobre el manejo de malezas en pre-siembra, barbecho y estado de cultivo condiciona el resultado final que llegará a los mercados y a la cadena de alimentos.
El informe de la REM subraya que el tratamiento postemergente gana relevancia, tanto como reemplazo del barbecho tradicional como complemento de herbicidas residuales para controlar escapes y reducir el aporte de semillas al banco de suelo. Esa mayor dependencia de aplicaciones en estado de cultivo también incrementa la presión de selección sobre los modos de acción disponibles si no se integran prácticas culturales y de manejo rotatorio.
La expansión de biotipos existentes, especialmente de Lolium spp., Avena fatua y diversas especies crucíferas, modificó el escenario productivo y obligó a reformular las estrategias de control que durante décadas resultaron efectivas. Estos grupos de malezas explican hoy buena parte de las aplicaciones herbicidas en gramíneas de invierno y complican la elección de productos por la coexistencia de mecanismos de resistencia.
Las encuestas realizadas por la REM muestran que los productos más utilizados concentran modos de acción y sitios de acción limitados, lo que a su vez aumenta la presión de selección sobre las poblaciones de malezas. Ese fenómeno se traduce en mayor frecuencia de escapes, necesidad de tratamiеntos adicionales y riesgo de pérdida de eficacia de herramientas clave.
La convivencia de Lolium spp., Avena fatua y crucíferas en distintos lotes, cada una con antecedentes propios de resistencia, hace más compleja la toma de decisiones de control a nivel de establecimiento. Los reportes de la REM advierten una expansión sostenida de Lolium spp. y crucíferas, además de un crecimiento notable de Avena fatua en numerosos planteos agrícolas.
El consultor Ramón Gigó señala que estas malezas representan hoy el principal problema del cultivo de trigo porque emergen desde el barbecho y compiten durante todo el ciclo por agua, luz y nutrientes desde las primeras etapas. Esa capacidad para reducir rendimiento y complicar operaciones de manejo coloca al tema en la agenda prioritaria del productor que busca sostener eficiencias técnicas y económicas.
Aapresid recuerda que la existencia del problema es el resultado de un proceso de selección favorecido por la repetición de sitios de acción y por esquemas de manejo cada vez menos diversos. Por eso, la preservación de la vida útil de las herramientas herbicidas requiere combinar prácticas culturales, monitoreo, rotación de cultivos y diversificación de sitios de acción como base de cualquier plan de manejo.
Claves del manejo sostenible de malezas resistentes
El manejo sostenible que propone la REM integra la rotación de cultivos, el monitoreo sistemático, la diversificación de sitios de acción y el uso combinado de herbicidas residuales y tratamientos postemergentes para reducir densidades y controlar escapes. Esa visión apunta a que la postemergencia deje de ser una intervención aislada y pase a ser una pieza central de un programa integrado que reduzca la presión de selección.
Un manejo efectivo requiere un buen control preemergente en barbecho y una adecuada protección residual al momento de la siembra, además de un tratamiento postemergente capaz de controlar escapes y nuevas emergencias. Cuando se incorporan nuevas materias activas con distintos modos de acción, se amplían las alternativas disponibles para enfrentar escenarios cada vez más complejos.
La combinación de residuales y postemergentes permite reducir la densidad de malezas en el cultivo, minimizar escapes y disminuir el aporte de semillas al banco del suelo, lo que a la larga reduce la presión sobre los herbicidas. Para los productores, esto se traduce en menor dependencia de aplicaciones repetidas, costos más controlados y mayor probabilidad de conservar la eficacia de las herramientas disponibles.
En la práctica, la recomendación es adoptar programas de manejo integrado que incluyan rotación de modos de acción, registros de aplicación, monitoreo espacial de lotes y la alternancia de prácticas culturales. Solo a través de decisiones coordinadas entre productores, asesores, la industria de insumos y las instituciones de investigación podrá mitigarse el avance de malezas resistentes y proteger la productividad del trigo y otros cultivos.



