La campaña de maíz comienza con una señal climática que entusiasma, pero también con una advertencia: una mayor disponibilidad de agua no se convierte automáticamente en más toneladas. Para aprovechar El Niño, el cultivo necesita una combinación ajustada de genética, densidad, nutrición, sanidad y elección de la fecha de siembra.
Leandro José Ulrich, gerente de Desarrollo de Nidera Semillas, puso el foco en esa interacción durante una entrevista con Palabra de Campo en el Congreso Internacional de Maíz. Su diagnóstico parte de una oportunidad, pero evita presentar al clima como una garantía.
“Es un año Niño y esperamos una buena oferta de recursos hídricos. Pero eso hay que acompañarlo con prácticas de manejo, la elección del híbrido, la densidad y la nutrición adecuadas para potenciar el rendimiento”, sostuvo.
La fase cálida fue confirmada por el Servicio Meteorológico Nacional, que asignó una probabilidad del 100% de continuidad durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre, con intensidad fuerte o muy fuerte. Esa señal aumenta las expectativas sobre los cultivos de verano, aunque la distribución de las lluvias seguirá siendo desigual.
Genética para cada fecha y ambiente
Ulrich explicó que el primer paso es dejar de pensar el maíz como una recomendación uniforme. La respuesta cambia según región, fecha y potencial del lote. Por eso, el portafolio debe cubrir escenarios tempranos y tardíos, ambientes templados y norteños, y niveles diferentes de disponibilidad de recursos.
“Tenemos híbridos adaptados a distintas fechas de siembra y a distintos ambientes, con buen perfil sanitario y características agronómicas que son muy importantes para la fecha tardía, como la tolerancia al quebrado”, señaló.
La estabilidad de caña gana relevancia en los maíces que permanecen más tiempo en el campo y atraviesan eventos de viento, enfermedades o removilización de reservas. Un material con alto potencial, pero débil frente al vuelco o quebrado, puede perder parte del rendimiento antes de llegar a la cosechadora.
Las fichas actuales de Nidera muestran esa búsqueda de segmentación. La compañía ofrece materiales específicos para siembra temprana, opciones de adaptación amplia y lanzamientos tardíos con distinto comportamiento frente a Spiroplasma. Esa información permite comparar rendimiento, sanidad y agronomía antes de ubicar cada híbrido.
La siembra tardía concentra las decisiones
Con buena parte del maíz temprano ya implantado en regiones como Entre Ríos y el centro de Santa Fe, la atención comercial se desplaza hacia las fechas tardías. En el centro-norte, esa ventana suele comenzar a mediados o fines de diciembre y puede extenderse durante enero.
“Ahora se comercializa todo lo pensado para tardío. Una parte importante ya está vendida, pero todavía hay productores tomando definiciones”, explicó Ulrich.
Para quienes siguen evaluando el planteo, su recomendación fue directa: “Que siembren maíz, porque los híbridos están muy adaptados, hay buena genética y una disponibilidad de recursos que puede ser favorable. Pero deben adoptar las mejores prácticas de manejo”.
La fecha tardía permite desplazar el período crítico, distribuir riesgos y aprovechar lluvias de primavera y verano. Al mismo tiempo, puede elevar la exposición a enfermedades, quebrado y plagas, por lo que la elección del material adquiere un peso mayor.
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La chicharrita baja, pero no desaparece
Uno de los datos positivos es el descenso observado en las poblaciones de Dalbulus maidis, la chicharrita que transmite los agentes asociados con el complejo de achaparramiento. Ulrich citó la red de monitoreo como evidencia de esa reducción, comparable con los niveles de otros años.
“Estamos ante un descenso importante, y eso es favorable para el cultivo. Igualmente, hay que seguir atentos”, aclaró.
La menor captura no elimina el riesgo. El manejo integrado exige controlar maíces voluntarios, evitar una dispersión excesiva de fechas de siembra, elegir materiales con buen comportamiento y evaluar controles químicos cuando la presión lo justifique.
“No se trata solamente de mirar la población de la chicharrita. Hay que controlar los maíces voluntarios, tratar de no escalonar las siembras y elegir materiales con buena tolerancia”, enumeró.
La experiencia de campañas anteriores mostró que el vector aprovecha la continuidad de plantas de maíz para sobrevivir y multiplicarse. Cortar ese puente verde reduce alimento y refugio durante el período entre cultivos.
Biotecnología, malezas e insectos
Ulrich diferenció dos capas de tecnología. La genética aporta potencial de rendimiento, sanidad y comportamiento agronómico. La biotecnología agrega herramientas de control, tanto para malezas como para insectos.
Esa combinación permite proteger el potencial, aunque no reemplaza las prácticas de manejo. La tecnología incorporada en la semilla debe acompañarse con refugio, rotación de estrategias y monitoreo para extender su vida útil y evitar resistencias.
En maíz, el objetivo ya no es elegir el material que más rinde en una tabla general, sino el que mejor convierte los recursos disponibles en un ambiente concreto. Un híbrido estable puede superar a uno de mayor techo cuando el lote atraviesa estrés, mientras que un material de alto potencial necesita densidad y nutrición suficientes para expresar su ventaja.
Cuando el exceso de agua se vuelve un límite
El Niño mejora la probabilidad de lluvias, pero también abre la posibilidad de anegamientos y enfermedades. Ulrich señaló que el maíz puede responder bien a una campaña húmeda, aunque los excesos localizados dañan raíces, reducen oxígeno en el suelo y complican la implantación.
“El exceso de agua puede provocar enfermedades de raíz. Además, muchos días nublados durante el llenado pueden generar una removilización de los recursos de la caña”, explicó.
La genética con buen perfil sanitario y comportamiento de tallo ayuda a amortiguar esos riesgos. Pero el drenaje del lote, la estructura del suelo y el manejo previo siguen siendo factores decisivos que ninguna semilla puede corregir por sí sola.
Rentabilidad y sustentabilidad del sistema
La decisión de sembrar maíz no se agota en el precio. Ulrich destacó que los rendimientos son más estables que años atrás, que existen valores futuros atractivos y que el cultivo aporta cobertura y carbono al sistema.
“El número del maíz está bueno, hay buenos precios a futuro y, desde el punto de vista económico, puede ser rentable. También es una herramienta para la sustentabilidad”, afirmó.
El cereal incorpora rastrojo, favorece la rotación y distribuye labores frente a esquemas concentrados en soja. Su costo de implantación es mayor, pero también lo es su capacidad de capturar una campaña con buena oferta hídrica.
La conclusión de Nidera es optimista, aunque condicionada. El agua puede levantar el techo productivo, pero el resultado se define en una secuencia de decisiones. Híbrido, fecha, densidad, nutrición, sanidad y monitoreo no son piezas aisladas: funcionan como un sistema. En una campaña Niño, el productor que logre alinearlas tendrá más posibilidades de convertir la promesa climática en rendimiento cosechado.



