Exportadores reducen posiciones vendidas y el mercado de granos muestra margen para una corrección de precios
Los movimientos de las últimas semanas muestran que los exportadores achicaron su posición vendida en maíz y soja, lo que moderó la presión sobre los precios y dejó al mercado con un potencial técnico de baja cercano a US$12/t. Esta dinámica, unida a stocks elevados y a la incertidumbre climática, será clave para determinar si la caída efectivamente se consolida o se frena cuando se cubran las posiciones pendientes.
En términos operativos, el cálculo de referencia muestra que un precio FOB de US$207/t arrojaría un FAS teórico de US$177/t, mientras que el mercado real está pagando alrededor de US$189/t, lo que explica la diferencia que equivale al potencial mencionado de US$12/t. Ese desfase entre valores teóricos y reales refleja costos logísticos, márgenes y la presión de liquidez de los exportadores que deben cubrir ventas ya comprometidas.
Los datos del último tramo de julio indican que se vendieron alrededor de 1,1 millones de toneladas de maíz disponible en la semana, con compras y fijaciones de los exportadores por 26,3 millones de toneladas frente a declaraciones de ventas (DJVE) que totalizan 27,95 millones de toneladas. El resultado operativo dejó una posición neta “short” de aproximadamente 1,670 millones de toneladas, en descenso desde los 2,550 millones de toneladas reportadas la semana previa, lo que implica una reducción de necesidades de cobertura de casi 900.000 toneladas.
En la práctica, esa caída en la posición vendida por parte de los exportadores tiende a aliviar la presión vendedora inmediata y puede evitar descensos más pronunciados si el proceso de cobertura continúa hasta neutralizar las posiciones comprometidas. El mercado, por tanto, puede experimentar periodos de calma o incluso recuperaciones puntuales cuando se cierre esa brecha entre ventas declaradas y entregas efectivas.
La soja también mostró actividad significativa: en la última semana de julio se vendieron 990.000 toneladas, de las cuales 491.000 toneladas corresponden a compras de la exportación y 500.000 toneladas a compras de la industria aceitera. A nivel acumulado, los exportadores llevan compradas 3,295 millones de toneladas mientras que las ventas declaradas suman 4,111 millones de toneladas, lo que deja una posición neta “short” de 816.000 toneladas que deben ser cubiertas para cumplir con las ventas comprometidas.
En el frente de los futuros, el contrato A3 para maíz cotizaba cerca de US$189/t para septiembre, US$194/t para diciembre y US$192/t para febrero, con una evolución que lo dejó en torno a US$190/t en julio; los futuros de cosecha nueva muestran diferencias muy acotadas entre curva vieja y nueva. Esa poca distancia entre tramos de la curva (del orden de US$4/t) indica que el mercado no está descontando por ahora una gran prima por la cosecha nueva, situación que puede cambiar si aparecen eventos climáticos adversos o desbalances logísticos.
Clima y riesgos para la campaña
El factor climático introduce incertidumbre significativa: coexisten zonas con déficit hídrico y áreas con exceso de humedad, hay meses de cosecha atrasados por anegamientos y persiste la preocupación por la influencia de un fenómeno El Niño que podría traer lluvias abundantes. Estas condiciones heterogéneas generan riesgo de volatilidad de precios, tanto por alteraciones en los rendimientos como por efectos sobre la logística de cosecha y transporte.
Desde la perspectiva de oferta, la estimación preliminar para la campaña de soja 2025/26 se sitúa en torno a 50 millones de toneladas, y al descontar las ventas totales de productores reportadas de 23 millones de toneladas la existencia remanente asciende a cerca de 27 millones de toneladas. Con un valor FOB de referencia de US$450/t, ese saldo de soja en manos de productores y mercado equivaldría a alrededor de US$12.150 millones, un volumen que condiciona la liquidez sectorial y la estrategia comercial de los distintos actores.
Industria, molienda y dinámica de la demanda
La industria aceitera registró compras y fijaciones por 12,425 millones de toneladas mientras que la molienda del trimestre abril-mayo-junio alcanzó aproximadamente 11,8 millones de toneladas, lo que deja una posición neta “long” de cerca de 625.000 toneladas. Ese volumen de cobertura es suficiente, según proyecciones disponibles, para sostener una molienda que podría ubicarse entre 3,5 y 3,8 millones de toneladas por mes a partir de julio, siempre que no se presenten interrupciones logísticas relevantes.
La convergencia entre posiciones de exportadores y necesidades de la industria será determinante para la formación del precio doméstico y de la paridad exportadora en las próximas semanas, y por eso las coberturas que se concreten tendrán impacto directo en la base y en la volatilidad local. En este escenario, la rápida normalización de las entregas y una menor presión vendedora podrían frenar una corrección más profunda de los precios internacionales reflejados en el mercado local.
Para productores y comercializadores, el mensaje operativo es mantener atención sobre tres variables: el ritmo de cobertura de los exportadores, la evolución climática en las zonas núcleo y el comportamiento de los futuros en las principales bolsas. Seguir de cerca estos indicadores permitirá tomar decisiones de venta, almacenamiento o fijación de precios con mejor información y menor exposición al riesgo.
Palabra de Campo seguirá monitoreando los balances de oferta y demanda, las posiciones de los exportadores y las señales del mercado de futuros para informar semanalmente sobre cómo evoluciona la tensión entre stocks y necesidades de cobertura. Mantenerse informado será clave para productores, industriales y operadores ante un mercado que combina abundancia de stocks y alta sensibilidad al clima.




