Vassalli, la histórica fábrica de cosechadoras de Firmat (Santa Fe), cambió de manos tras un conflicto que se prolongó casi un año y que puso en riesgo puestos de trabajo y cadenas de producción regionales. La operación, liderada por el grupo encabezado por Roberto Santiago Chielli, se concretó con la asunción de pasivos y la transferencia accionaria por un valor simbólico de USD 1, aunque está sujeta al cumplimiento de condiciones previas.
La noticia importa porque reactiva una industria clave para la cadena agroexportadora y porque condiciona la estabilidad laboral de cientos de operarios en una provincia con fuerte tradición metalmecánica agroindustrial. Además, la operación marca el intento de evitar la pérdida de capacidad productiva justo cuando la demanda por equipos agrícolas empieza a recuperarse.
Vassalli fue fundada en 1949 por Roque Vassalli y llegó a producir más de 1.000 cosechadoras anuales en su mejor época, convirtiéndose en un emblema de la industria de Santa Fe. Tras varias crisis, cambios de propiedad y una quiebra en los años 90, la firma pasó por episodios conflictivos recientes que incluyeron una toma de planta en 2018 y problemas de pagos a comienzos de 2024.
Según el comunicado firmado por Roberto Chielli y Mateo Masó, los nuevos titulares aceptan hacerse cargo de las obligaciones acumuladas por la compañía, aunque la consumación definitiva depende de la resolución de trámites pendientes en los próximos cinco días hábiles. El texto también anuncia un plan para regularizar pagos pendientes en un plazo superior, indicando que se cancelarán remuneraciones adeudadas entre septiembre de 2025 y julio pasado “en los próximos ciento veinte (120) días”.
En materia laboral, la nueva conducción confirmó que mantendrá las certificaciones de salud sindicales con UOM y ASIM y pagará compromisos impagos con el objetivo de restablecer el uso pleno de los servicios por parte de todo el personal en un plazo de 60 días. Además, se informó que el sueldo correspondiente a julio se abonaría dentro de las 24 horas posteriores a la aceptación formal de la operación por parte de los acreedores, trámite que la empresa espera cerrar la próxima semana.
Impacto productivo y expectativas en la planta de Firmat
La intención de los compradores es incorporar progresivamente sectores productivos hasta “establecer la plena actividad industrial” a partir de noviembre, lo que condiciona la reactivación completa de las líneas de ensamblaje. Si se cumplen los plazos anunciados, la planta de Firmat retomaría la jornada completa desde el lunes 10 de agosto, revirtiendo el esquema reducido de cuatro horas que rige actualmente.
Desde 2024 la planta arrastra unidades comprometidas de producción con demoras que, en algunos casos, superan el año y medio, circunstancia que la nueva gestión busca priorizar para recuperar confianza comercial. La regularización de esos compromisos será un indicador clave para medir la viabilidad de la operación y la capacidad del grupo comprador para sostener la actividad en zonas con escasa oferta de mano de obra calificada.
La operación también tiene un impacto significativo sobre los operadores: el último conflicto dejó afuera del circuito productivo a alrededor de 280 operarios durante la gestión de la familia Masó, que había adquirido la empresa en 2024 a Esteban Eskeazi y Matías Caballo. Parte del plantel ya optó por reconvertirse hacia otras actividades ante la falta de definiciones, por lo que la recomposición del equipo técnico será una de las primeras urgencias.
Riesgos pendientes y señales para el sector agroindustrial
La transferencia es condicionada y depende de que se cumplan ciertas cláusulas y de la aceptación de acreedores, por lo que el escenario aún presenta incertidumbres que podrían dilatar la reanudación plena de la producción. Además, la puesta en marcha requerirá inversiones en repuestos, logística y capital de trabajo, rubros sobre los cuales la nueva conducción no ofreció precisiones cuantitativas en el comunicado.
Para el sector agroindustrial regional, la reapertura de Vassalli representa una señal positiva para la cadena de valor de maquinaria agrícola, con impacto en proveedores locales y en la oferta de equipos para la campaña próxima. Sin embargo, el verdadero pulso del proceso se medirá por la concreción de los pagos comprometidos, la formalización de acuerdos con los sindicatos y la capacidad del grupo comprador para sostener la operación más allá del periodo inicial de transición.
En los próximos días seguirán las gestiones legales y económicas que definirán si la fábrica puede retomar su rol histórico en la industria nacional, con efectos directos sobre empleos y la producción local. Palabra de Campo continuará la cobertura para informar las decisiones clave y las implicancias para la agroindustria y la economía regional.



