La pitahaya gana terreno en el norte argentino
La pitahaya, conocida como fruta del dragón, comenzó a consolidarse como alternativa productiva en provincias como Formosa, Jujuy, Salta, Misiones, Corrientes y Entre Ríos. Esta expansión temprana abre una oportunidad comercial en regiones que buscan diversificar cultivos y sumar valor agregado.
Qué es la pitahaya
La pitahaya pertenece a las cactáceas y es un cultivo perenne que destaca por su rusticidad y capacidad de adaptación a distintos ambientes. Sin embargo, para alcanzar rendimientos comerciales requiere prácticas de manejo específicas y condiciones ambientales adecuadas.
Especialistas del INTA Yuto avanzan con investigaciones para evaluar el comportamiento de variedades y generar información técnica dirigida a productores del norte argentino. En una primera etapa de comercialización, la demanda nacional estuvo impulsada por comunidades ya familiarizadas con su consumo, como las asiáticas radicadas en Buenos Aires.
Pitahaya: elegir la variedad adecuada
Los ensayos incluyen 12 variedades con pulpas blanca, roja, fucsia y la amarilla tipo palora, y pertenecen a especies del género Selenicereus, como S. monocanthus, S. undathus, S. megalathus y S. purpusi. Cada material presenta diferencias en arquitectura, calidad de fruto y rendimiento, por lo que la elección varietal condiciona la rentabilidad.
Un punto crítico es la capacidad de polinización: hay clones autofértiles y otros que son completamente incompatibles, lo que obliga a la polinización cruzada o a la polinización manual. Por eso, los técnicos recomiendan realizar evaluaciones previas y adquirir plantas certificadas antes de establecer nuevas plantaciones.
Luz y temperatura, factores determinantes
La pitahaya, de origen tropical, necesita alrededor de 12 horas de luz diarias y temperaturas cercanas a 30 °C de día y 20 °C de noche para inducir la floración. Cuando estas condiciones no se cumplen, la planta puede sobrevivir pero no florece ni produce frutos en forma sostenida.
En zonas como Jujuy, las condiciones óptimas se dan en primavera y verano, lo que limita la estación de cosecha natural. Para extender la floración, algunos ensayos incorporan luces LED que prolongan la floración hasta que las temperaturas caen por debajo de 15 °C, momento en que la actividad fisiológica de la planta disminuye.
Oportunidades y desafíos para productores
La creciente demanda y los ensayos técnicos posicionan a la pitahaya como una alternativa viable para productores del norte que buscan diversificar ingresos. No obstante, el éxito comercial dependerá de capacitación, manejo de polinización y acceso a material certificado.
El desarrollo de cadenas cortas y estrategias de poscosecha serán clave para transformar la producción en valor comercial y ampliar mercados internos y externos. Con investigación aplicada y transferencia tecnológica, la pitahaya puede convertirse en un cultivo estratégico para la región norte del país.


