De productores de ajo y cebolla a dueños de 200.000 hectáreas e inmuebles de lujo

Grupo Faro Verde, de José María Larocca, posee campos agrícolas y ganaderos, forestación, caballos deportivos, hoteles boutique y desarrollos inmobiliarios; la reciente incorporación de Ceres Tolvas amplió su presencia en el negocio de granos e insumos

spot_img

El grupo empresario ligado al campo que nació en Tandil hace más de dos décadas se transformó en un conglomerado agroindustrial con presencia en Argentina y Uruguay, y hoy concentra actividades que van desde la ganadería intensiva hasta la hotelería y el real estate. Entender su evolución ayuda a ver cómo se articula la cadena de valor de la carne y los granos en un contexto de demanda internacional y presión por mayor trazabilidad.

La historia de Grupo Faro Verde comenzó en la producción y exportación de ajo y cebolla, y a partir de 2011 fue incorporando unidades productivas y comerciales que hoy le permiten operar en múltiples eslabones. Ese crecimiento llevó a la compañía a superar las 200.000 hectáreas repartidas entre distintos proyectos agrícolas, ganaderos y forestales.

El cambio estratégico más decisivo ocurrió tras las modificaciones sanitarias de 2013 que afectaron el movimiento de hacienda al sur del río Colorado, lo que empujó al grupo a redefinir su negocio hortícola y apostar por intensificar la ganadería. Desde entonces la empresa trabajó en mejora genética y en sistemas productivos que buscan optimizar índices de preñez, destete y recría, para abastecer mercados premium.

En la práctica, Faro Verde mantiene en Río Negro un establecimiento de aproximadamente 74.000 hectáreas, con cerca de 3.000 vacas madres en sistemas mixtos y unas 3.000 hectáreas bajo riego orientadas a pasturas. En Ayacucho consolidó otra caja de cría con unos 4.200 vientres, mientras que la unidad agrícola en el sudeste bonaerense suma cerca de 7.500 hectáreas en la zona de Pieres.

La operación se extiende a Uruguay, donde la compañía administra alrededor de 40.000 hectáreas repartidas entre agricultura, ganadería y forestación, con unas 5.000 vacas madres y cerca de 3.500 hectáreas bajo riego. En 2026 sumó la compra de los campos de Río Bermejo por unas 24.000 hectáreas, que aportaron otros 6.000 vacas madres al total de la empresa.

Más allá del ganado bovino, la firma diversificó en crianzas especializadas: en Santa Margarita (Santa Cruz) mantiene un plantel 100 % ganadero con aproximadamente 500 vacas Hereford y 5.000 ovejas Merino, y desarrolla además un haras que produce entre 25 y 30 potrillos por año. Estas unidades mantienen el vínculo entre la cultura rural tradicional y los negocios de alto valor agregado.

Dónde se concentra el valor: integración y agregado

Faro Verde no se limitó a producir commodities, sino que buscó integrar eslabones con foco en la comercialización y el agregado de valor, una tendencia clave para los productores que apuntan a mercados exigentes. Un ejemplo concreto es el proyecto Faro Verde Premium Beef, con envíos de prueba a Europa y una partida de 5.000 kilos de cortes rump & loin para testar calidad y logística.

La empresa reporta que termina aproximadamente 20.000 novillos pesados por año orientados a la exportación, y complementa esa oferta con consumo en sus propios hoteles, un circuito que captura una parte del valor en destino. Además, la integración logística se fortaleció con la adquisición de la empresa local Ceres Tolvas, que aporta red de acopios y franquicia de maquinaria para mejorar la originación y comercialización de granos.

Fuera del agro, la diversificación incluye dos líneas hoteleras —Faro Connections y Awasi Lodge—, proyectos inmobiliarios en Tandil y emprendimientos turísticos en estancias como Santa Margarita, que combinan potencial de uso productivo con turismo de naturaleza. Esta estrategia multiproducto permite al grupo mitigar ciclos de precios y explorar sinergias entre turismo, alimentos y servicios.

La dimensión social también forma parte de su identidad local: la creación de la Fundación Faro Verde y la financiación de un centro oncológico en Tandil evidencian una apuesta por fortalecer la comunidad desde la que se originó el grupo. Son iniciativas que, según su gerencia, buscan consolidar el arraigo y responder a necesidades concretas de salud pública en la región.

Retos y señales para el sector

El caso de Faro Verde muestra los principales desafíos que enfrenta la ganadería argentina: sostenibilidad productiva, trazabilidad y la necesidad de sumar valor para acceder a mercados exigentes como el europeo. Al mismo tiempo, pone sobre la mesa la relevancia de la inversión en genética, riego y manejo para sostener índices productivos y competitividad.

Para la gerencia, el factor humano es central: el grupo emplea a unas 1.500 personas y defiende que una buena oportunidad de negocio demanda no solo inversión sino formación de equipos y continuidad en las capacidades. Esa visión es hoy clave para entender cómo algunos actores rurales transitan de la producción primaria hacia modelos integrados con mayor control comercial y trazabilidad.

En síntesis, el recorrido de Faro Verde aporta una lección relevante para el agro: la diversificación ordenada y la integración vertical pueden ser la vía para mejorar rentabilidades y abrir mercados, pero requieren inversiones en infraestructura, genética y capital humano. El desafío para la cadena es replicar esas señales sin perder de vista la sostenibilidad ambiental y la rentabilidad a largo plazo.

MAS NOTICIAS

Most Popular